Extraños insaciables

Esta mañana he aplastado a una solitaria hormiga que se paseaba, coma negra sobre baldosas blancas, por mi cocina. Un escrúpulo puntual me ha hecho dudar, pero ¿qué sentido tenía esta intrusa en el rectilíneo, puro, casi abstracto espacio de mi cocina? . Después del pequeño crimen he vuelto al sofá a dormitar  con la  ayuda cotidiana de un documental sobre las fascinantes vidas de la megafauna africana  en el valle  del Luangwa.

  Me intriga el efecto narcótico de estos programas. No es que me aburran, en absoluto. No es raro que alguno lo vea bien despierto, muy interesado.   Por ejemplo, las interacciones de las manadas de leones son mucho más complejas de lo que pensaba; si estos animales no tienen la inteligencia individual de un humano sus relaciones sociales tienen una trama profunda, que los hace mucho mas próximos a nosotros: relaciones familiares, conflictos casi-políticos por los recursos , elaborada tácticas de caza donde el espacio y el tiempo son meticulosamente calculados, trayectorias vitales que transparentan rasgos de personalidad únicos de cada animal….

Sin embargo cuando la somnolencia llega me es muy fácil desenganchar  la atención y dormir. Una razón es la ausencia de voz humana que te interpela. Por supuesto hay una locución en off, a menudo magnífica, que narra. Pero no nos llama, no nos intenta seducir, vender, convencer, solo narra. Realmente lo que cuenta me afecta tan poco por que esos seres como animales salvajes que son me son extraños.

 Nuestro modo de valorar a los animales están pervertidas por nuestra relación instrumental  con los domésticos: Para nuestros abuelos eran riqueza con patas ( capital, caput, cabezas de ganado). Ahora son otros objetos de consumo: hace apenas unos días se publicó la  noticia  de que los españoles tienen ya más animales de compañía que niños.

El eje sobre el que gira la afición actual por las mascotas no es pragmático si no puramente afectivo. A la vez que las relaciones interhumanas son cada vez más quebradizas imprevisibles, mudables, el animal de compañia de mayor éxito, el perro, es un gadget que garantiza reconocimiento incondicional hasta la muerte, generalmente la suya. Puede ser el dueño un ser desagradable, difícil,  insulso o mutilado física o emocionalmente, no importa. Un mínimo de cuidados es recompensado con afectividad y respeto fiel. Cubre un hueco en el orden de los afectos que ningún otro elemento de consumo puede soñar satisfacer.

Hasta ese punto los animales domésticos, familiares se han convertido en parte de nosotros, en seres en un lugar intermedio entre el ser humano y el animal libre,  el salvaje.

Sin embargo este amor contemporáneo de las mascotas no define nuestra relación fundamental, de fondo con el mundo de los animales puros, los salvajes. Esta relación es básicamente la de incompatibilidad. Aunque compartimos espacio nuestros planos de existencia  colisionan , como placas continentales,  desde hace miles de años.

Hay una correlación férrea entre humanización del mundo y reducción de la masa de vida salvaje. En nuestro hogar, el espacio más íntimo no toleramos ni siquiera a pobre hormiga. Fuera, en las calles de las ciudades sobreviven sobre todo salvajes aéreos: palomas, murciélagos, gorriones, porque como somos animales terrestres nos vemos obligados cederles el cielo, no hay generosidad, nuevamente habitamos en dimensiones diferentes que se encuentran solo un puntos discretos: donde el ave se posa, y ello les salva.

  Si salimos a los campos modelados desde hace generaciones por la agricultura la talla de los animales salvajes puede crecer un poco: conejos,liebres , algún zorro, alguna serpiente, sapos y ranas en zonas húmedas. Aterrados ante el mínimo indicio de presencia humana, cazados con ferocidad,  se esconden y se alimentan de las semillas perdidas de las cosechas, de las plantas silvestres de los linderos entre campo cultivado y erial.

Si el hombre está más ausente, la vegetación menos amenazada por el desbroce y el arado, el bosque casi nunca natural, pero al menos protector, aparecen animales de mayor porte, jabalíes, gamos, ciervos, incluso allí donde el humano ha abandonado viejas ocupaciones aparecen depredadores: linces, lobos,  incluso osos.

Pero solo en lugares concretos de unos cientos de kilómetros cuadrados en todo el planeta hay restos del tipo de fauna propia de una tierra libre, en lugares de China, India y sobretodo en Africa quedan estos restos de megafauna, donde los hombres aún no han sido capaces de empequeñecer a sus competidores salvajes, de robarles el agua la comida y el espacio. 

En Europa ni siquiera los parques naturales del este (Polonia, Rumania) donde aún se encuentra alguna manada de bisontes mestizos son realmente lugares que estén directamente conectados con el antiguo continente no humanizado.

 Los uros, las manadas de caballos salvajes (no ferales), los  verdaderos bisontes esteparios, los leones que aún habitaban los Balcanes en época de los griegos. Todos ellos son  animales terrestres de tamaño que precisan ocupar extensiones de tierra que son incompatibles con el humano en un continente relativamente pequeño, desde hace muchos siglos. Europa no podrá volver a saber cómo era, olía, sentía cuando aún no éramos los dueños fatídicos de todo.  

Nuestra tolerancia con la fauna salvaje se mide por lo que les dejamos pues ocupar.  Cuanto más humano es el lugar más achicamos , expulsamos, reducimos lo que es primigeniamente salvaje.

A veces me da por un bizarro ejercicio cuando me encuentro con un animal salvaje: mírenles a los ojos, a lo que parece que hay detrás. Hay en la mirada del animal salvaje más poderoso o inteligente, el tigre o un león, un elefante sentimientos claros, atención, curiosidad, hasta preocupación, tristeza y ternura, pero nada que pueda enfrentar la profundidad, la frialdad, el peligro de una mirada humana. Simplemente habitamos en otra dimensión , no somos del mismo mundo. Y si hacemos lo mismo con un perro doméstico veremos lo que hemos querido poner allí como especie, en el fondo de su mirada.

No es cierto , como se ha dicho que el humano sea esencialmente un animal más. Liberados a  nuestras  propias necesidades de supervivencia colectiva somos radicalmente extraños a un mundo natural puro. Nuestra relación con un ecosistema cualquiera es siempre disruptiva, lo abre y lo hace inestable, desestructurado, pierde su capacidad de autorregularse en nuestra presencia.

 Nuestra extraña , extraterrestre especie lamentablemente es demasiado poderosa, demasiado fuerte e inteligente para un planeta como la Tierra, para la capacidad de los seres no humanos para resistirnos o ponernos límites. 

Somos tan explotadores, tan aniquiladores de lo salvaje que nuestros problemas actuales se deben en parte a que depredamos ahora ecosistemas de ayer , de un tiempo pasado, porque el calentamiento climático es consecuencia de nuestro consumo actual de los restos de seres vivos animales y plantas que habitaron la tierra hace millones de años. Hasta eso rapiñamos.  Las consecuencias las estamos empezando a vivir, en estas generaciones, ahora, ya. 

No podemos esperar pues que la tierra nos salve mostrándonos  una salida por sí misma, no tendremos esa suerte. Solo nosotros podemos hacer lo que es necesario, la única salvación para el planeta y nosotros mismos es asumir nuestra extemporaneidad, nuestra naturaleza artificiosa, peligrosa para nosotros y los demás, y hacer lo que la naturaleza puede hacer con otros animales pero no con nosotros:  ponernos límite.  

No nos queda otra salida  que convertirnos en algo muy diferente de lo que hemos sido desde nuestra aparición en la tierra, seres insaciables.

Democracia demediada

Oímos “democracia” y  la primera evocación es la Atenas clásica, y sin embargo la nuestra poco tiene que ver con la griega. Imaginemos:  el conjunto de los ciudadanos con derechos políticos se reunía físicamente, personalmente, en un tiempo y en un lugar concreto, en la plaza pública, el ágora.  El ejercicio del poder popular era algo material e inmediato, cuerpo con cuerpo, escuchando  y hablando ante los oradores, los candidatos, los antagonistas. La discusión política no estaba filtrada, modulada o traducida: el peso de cada palabra llegaba de boca a oído allí, coloreada sólo por la habilidad retórica o la virtud de la oratoria, que podía ser ejercida libremente por cualquiera. En la asamblea no existía otro privilegio que el de la capacidad de cada interviniente. 

El movimiento 15M fue excepcional porque pudo reproducir transitoriamente ese estado inaugural de la democracia: la asamblea presente, sin mediadores, de los ciudadanos elaborando en ese tiempo y lugar una democracia en acto.

Pero en nuestra organización política  el ejercicio democrático sólo puede realizarse desde la metáfora por una pura cuestión material, nuestras sociedades son demasiado grandes y dispersas. Por eso la lucha política es un combate por la metáfora más potente. Y las metáforas más poderosa son las más simples.

La izquierda está asombrada por los resultados en Madrid del pasado día 4, como un boxeador que ha recibido un golpe inesperado aún se tambalea buscando explicaciones. 

Las explicaciones no escasean, las hay para todos los gustos: las campañas en los medios, generalmente hostiles,  la estupidez de los votantes, la izquierda caviar y sus batallas identitarias inútiles, la derecha y sus recursos a la identidad  madrileña  (o taurina, o terrazil, a  ellos si les funciona eso de las identidades….) etcétera.

El problema con las metáforas es que pertenecen a la esfera de las ideas, su encarnadura es idea, y por tanto su persistencia en la memoria depende de su potencia y de su simplicidad. La mente humana , y aquí no hago sino recuperar conceptos de vieja psicología, funciona como una máquina de filtraje: el mundo exterior emite un torrente de estímulos que han de ser atenuados en su intensidad, seleccionados , reducidos a material manejable, masticados, digeridos. Solo alcanza la conciencia lo que se ha podido gestionar.

 Los mensajes políticos son estímulos como otros cualesquiera. Hay unas cuantas reglas sencillas: los estímulos complejos para ser escuchados requieren más trabajo, cuanto más complejo es el estímulo más ha de penetrar en el tejido filtrador, los estímulos simples requieren por tanto poco esfuerzo. 

Y la potencia de un estímulo depende de su peso emocional, las emociones son un facilitador, un lubricante para que el contenido atraviese las capas que lo ralentizan hasta la mente.

El raro milagro del 15M se disolvió, como un elemento radiactivo e inestable y nuestra vida política volvió a los viejos procedimientos de democracia metafórica:  los mensajes de los diferentes partidos y otros agentes políticos ( aquí incluyo a “periodistas”, “voces respetadas”, ”conocidos columnistas” ) llegan al ciudadano de modo mediado, es decir, traducidos , filtrados, teñidos con las connotaciones que marca el filtro de mediación que no es otro sino el de los medios de comunicación, ya que la posibilidad de reunirse en una plaza  con los candidatos a interrogar a viva voz sus propuestas parece improbable.  

Casi todos los partidos emiten mensajes complejos (el programa, sus análisis de la labor de gobierno por sectores etcétera..) y simples (los eslóganes, las frases en la publicidad electoral, los gritos finales en los mítines) con la notable excepción de la ganadora, doña Isabel Díaz Ayuso, que en una muestra de economía de recursos y de desenvoltura moral prescindió de enviar programa, solo una hoja con su rostro  por un lado y la nada por el otro. Al fin y  al cabo , ¿para qué?

Tras el 4 M alguna prensa ha interrogado a votantes de Ayuso  por su decisión de voto; y  una de las críticas comunes que han recogido contra la nueva izquierda ha sido su ausencia de propuestas más allá de eslóganes simples como “democracia o fascismo”. A alguno de ellos les han preguntado si habían oído hablar de propuestas como la inversión de 1000 millones de euros en Sanidad de Unidas Podemos o el incremento de plantillas de 900 médicos de familia de Más Madrid. Y por supuesto la contestación ha sido negativa, haciéndose  evidente que en esta campaña los mensajes simples han llegado, y los complejos, no.

El mérito no es solo de la campaña trumpista de M.A.R. el spin doctor del PP madrileño, sino a la colaboración voluntaria o accidental de quienes filtran los mensajes electorales para la mayoría de los votantes, los medios de comunicación.

De la lluvia de contenidos de todo tipo radiados por los partidos los medios de comunicación han seleccionado aquellos que consideran que contribuyen al espectáculo de la información, o mejor dicho a la narración de la información política como un espectáculo, cada día una novedad, un escándalo, una trifulca.

La elección del personaje Ayuso ha sido perfecta, mi admiración a quien lo decidió es sincera: si quieres divertir los profesores de metafísica no son la primera elección en el casting, mejor alguien tan descarado y primario que despierte sentimientos ( a favor o en contra) desde las tripas. Una programación dedicada la falta de financiación de la sanidad madrileña , a los orígenes y soluciones del problema de la vivienda para los jóvenes  o a la dualidad de los sistemas de educación no era políticamente conveniente para los dueños del duopolio informativo de las televisiones privadas, tampoco se consideraba apropiado  para alimentar los shares de audiencia.

La campaña de Ayuso ha invocado en los ciudadanos lo que el viejo Freud llamaba  el principio del placer, mientras que alguien tan señor, tan siglo veinte como Gabilondo solo parecía manifestarse con llamadas a la razón y la responsabilidad, es decir, al aburrido principio de realidad. Que nos ofrezcan votar por las cañas, las noches madrileñas y  la libertad desde el mismo poder político es una pirueta de un populismo descarnado y funcional que ni el mismo Trump ha osado, una  vuelta de tuerca desde el casticismo y la fiesta que muestra a la vez la desinhibición y la osadía intelectual de los estrategas de la derecha. Se apropiaron de la bandera, previsiblemente pero ¿ nos habría parecido posible apropiarse de la querencia española por los bares y las terrazas? pues lo han hecho.

 La mayoría de los votantes no son como algunos de nosotros, que estamos fascinados por las complejidades de la política y disfrutamos diseccionando su contenido, haciendo el gasto mental que nos proporciona placer,  las energías que emplea el ciudadano no enviciado con estos asuntos en gestionar los mensajes que reciben son las justas, y por eso les sirven los que requieren menos gasto: emocionalidad, identificación, placer, simplicidad. El consumo de mensajes políticos, en su caso, no se diferencia de cualquier otro consumo. Y no va a haber preguntas sobre las intenciones del emisor, como no las hay sobre quien vende un espacio publicitario en cualquier televisión.

Las campañas electorales de naturaleza trumpista multiplican su eficacia por la labor de filtrado y traducción, de mediación de los propios medios de comunicación, algo que está en el corazón del diseño estratégico de esta forma de hacer política. 

La cuestión que queda abierta es preguntarse por la calidad de una democracia donde el proceso de  discusión político no se realiza, como en la vieja democracia ateniense, entre los mismos ciudadanos, que  participaban a pie de plaza, a la par, sino que está filtrado por una trama de medios de comunicación que se sitúan  entre los emisores, el político y sus rivales, y los receptores, el votante. A pesar de los ropajes que pretenden vestir los periodistas de profesionalidad y servicio público muchos pensamos que están desnudos, que este mecanismo de filtraje y traducción no es neutral. Incentiva unos contenidos y silencia otros, y esta selección no es aleatoria.  

Es esta una democracia donde uno de los elementos decisivos del proceso de discusión y decisión,  en definitiva, está libre del control democrático ejercido sobre los otros poderes, excusado por el mito de que su efecto sobre el mensaje es nulo. Y sobre ello, interesadamente no se quiere hablar. 

El coste es que el proceso de decisión de sobre qué se discute, sobre lo pertinente y lo  desdeñable, es ejercido por agentes que no han de responder públicamente  sobre esas decisiones. Una obra en la que todos los personajes aparentemente actúan frente al escenario menos uno, que es quien decide el decorado y orienta el guión.

Una democracia esta pues no solo mediada, sino demediada. Oscurecida, trampeada, domada.

La media sonrisa de la Gioconda madrileña

La obscenidad ética de la campaña de Ayuso es tan escandalosa como eficaz. Aferrados todos los países durante meses a la única herramienta disponible (las restricciones , los confinamientos) hasta que nos llegaran las vacunas,  obligados por una terrible acontecimiento sobrevenido a la  suspensión temporal de derechos,  el eslogan de las banderolas del PP de Madrid, en la otra cara de la foto de Ayuso,  es precisamente , intencionadamente, concienzudamente, el de “Libertad”, que es como exigir el derecho a un cocido madrileño para un operado de cáncer de estómago en postoperatorio, o reivindicar una copa de coñac añejo a un cirrótico recién trasplantado.

Que un partido que se proclama de estado, “constitucionalista”, un parapeto frente a las peligrosas alternativas políticas que representan los demás se permita utilizar los costes secundarios e inevitables de las únicas medidas que han impedido la multiplicación geométrica de las muertes durante los meses pasados es de un cinismo majestuoso, monumental. Un rasgo, este, el cinismo,  que  es la marca distintiva de las derecha, tal como ya comenté aquí.

Pero abandonen toda esperanza, esta desvergüenza les va a funcionar. El viejo Freud hablaba de que en la psique humana pugnan siempre dos fuerzas inmortales , el principio del placer y el de realidad. A medida de que el ser humano crece y madura el primero se ve obligado a ceder terreno ante el segundo, pero el principio del placer nunca muere ni se rinde, siempre se abre paso desde el inconsciente en los momentos de goce, de intoxicación o de sueño. La campaña de Ayuso parece infantil y primaria, y es eficaz, precisamente porque alude al principio del placer (libertad y sus manifestaciones concretas, cotidianas, diarias), mientras que, precisamente,  la campaña de Gabilondo, del profesor de metafísica con su  sosa llamada a la moderación,  con su desangelada invocación a lo abstracto, a la razón y al diálogo nos invoca el  fastidioso principio de realidad, el control emocional y a la madurez, y por eso ( y por la ausencia de sustancia vital en el candidato)  evidentemente será un fracaso. El principio de realidad es el que nos obliga a levantarnos cuando suena el despertador, el que , por responsabilidad nos hace leer la letra pequeña de un farragoso contrato.

 Ayuso no nos va a molestar enviándonos a casa un contrato, ( un programa electoral es un un remedo de contrato entre el elector y el elegido, en la vieja teoría política, esa ya tan obsoleta)  por eso su propaganda electoral está en blanco en el reverso. No nos hace ninguna promesa, en el anverso es sólo su rostro, ella nos lo dice  con su mirada ligeramente estrábica, un poco estupefacta de estar donde está , como yendose, con esa media sonrisa que parece entre avergonzada y chulesca.  Como si la libertad a la que hemos renunciado en un acto de  responsabilidad nos hubiera sido arrebatada por una decisión arbitraria.  Ayuso no se confiesa negacionista pero se rentabiliza la frustración negacionista, sin pagar el precio de convertirse en un estúpido negacionista confeso.

 La elección de Ayuso, la ingenua, la torpe, la mujercita simple y llana  como careta, máscara de estas maniobras de descarnado cálculo es otra  genialidad de la campaña derechista. 

¿Qué mejor forma de tapar el cinismo que con un rostro que parece tan transparente que trasluce tanta simpleza? ¿hay alguna maniobra política desde la izquierda que pueda rivalizar con tamaña osadía, con tanto calculado desempacho? Es evidente que no, la izquierda suele ser demasiado timorata, demasiado ingenua como para jugar tan fuerte.  y las consecuencias las veremos mañana. 

Ayuso y “el modo de vida madrileño”

Hoy, en un mitín de la campaña para las elecciones del 4-M nuestra ínclita, impetuosa Ayuso ha reivindicado el atractivo que ejerce el “modo de vida madrileño” sobre todos los periféricos y los ultramarinos.

Frasecita importada directamente de la capital del Imperio, porque es una simple traducción del “modo de vida americano”. Del american way of life al madrileño way of life. Así de crudo y evidente es el origen donde rebaña las ideas M.A.R., Miguel Angel Rodríguez , la cabeza pensante detrás de esta cabecita hueca. Lo que insinúa, deja traslucir esta importación burda de ideología yanqui es que el crecimiento migratorio de Madrid es producto del atractivo de la sociedad americana, digo madrileña, llena de oportunidades para los que quieren llegar a ser Amancio Ortega aunque hayan empezado vendiendo camisetas en un mercadillo, foco atractor ( o sumidero succionador, según los resentidos ) de los más valiosos provincianos seducidos por sus agitadas noches y por su oferta inmobiliaria.

El modo de vida madrileño, esa forma de vida tan libre de ataduras y de servidumbres es la que está vaciando las comarcas sumidas en el comunismo y los alquileres baratos. Cómo no entender estas riadas de zamoranos, venezolanos, jienenses, orensanos, paquistaníes que cada semana se abalanzan sobre la ciudad en busca de un futuro libre de Nicolás Maduro, de centros comerciales cerrados en festivos y del olor a oveja por las mañanas.

El terraceo, el tardeo, el Bernabeu, Las Ventas, los atascos nocturnos, las banderas nacionales de 7 metros en cada rotonda disponible del Foro son imanes irresistibles, atractores que emiten sus ondas concéntricas más allá de nuestras fronteras autonómicas ejerciendo un tirón ante el que nada significan los alquileres carillos, las miles de horas abandonadas en recorrer 30 km del trabajo a casa o las millones de horas extras cedidas por esa vieja costumbre madrileña ( de los tiempos de Arniches según dicen) de calentar el asiento hasta que el jefe “se las pira” o “se abre” (para los que tienen la desgracia de no ser madrileños de sangre o adopción: se va).

Ahora que las encuestas amenazan con torcerse del justo bien yo le propongo a M.A.R que le proponga a I.D.A. levantar un muro que recorra las fronteras de la Comunidad, de Somosierra a Aranjuez, de Estremera a Peguerinos para que los refugiados económicos centrifugados se vean obligados a saltarlo nocturnamente, a lanzar cabos engarfiados, incluso que alguno luzca enganchado exangüe y fotogénico en el alambre de espino, para alimento de prensa y twitteros con foto de Clint Eastwood en el perfil y banderita.

Y que el muro lo paguen los catalanes, por una vez y sin que sirva de precedente: “que apoquinen” (léase separando bien las sílabas).

Para que vean propios y extraños que el Madrid es más que Madrid, es España es Madrid y Madrid es España y no hay nada como café con leche en la Plaza Mayor. Acompañado de un bocata de calamares, por supuesto.

Firma y saluda, echándose la mano a la parpusa, el menda, un madrileño con cuatro abuelos madrileños.

La izquierda madrileña, la ceguera que te condena a la derrota.

Probablemente la izquierda madrileña vuelva a perder las elecciones, a pesar de la valentía y de la habilidad táctica del gambito de Pablo Iglesias al abandonar nada menos que la vicepresidencia segunda del gobierno para volver a dar opciones a la izquierda en una partida que tenía dramáticamente perdida ante la convocatoria de elecciones anticipadas por parte de Isabel D. Ayuso. Sin embargo, la audacia del movimiento muestra las debilidades que busca paliar: si hay que recurrir a mover el rey es porque la pieza que estaba en el tablero, Isa Serra, carecía de fuerza para evitar la catástrofe posible de quedar fuera del parlamento autonómico. Si el PSOE se puede permitir presentar a un individuo tan inane como Gabilono y Podemos ha de usar la carta más alta ¿no es porque el voto socialista es mucho más firme que el podemita? ¿ no es un síntoma manifiesto de la debilidad estructural del edificio levantado primero, precisamente, en Madrid por Iglesias?

Pero este movimiento denuncia otra falta más:  Iglesias sale del gobierno porque el desgaste constante de su esfuerzo por conseguir, hasta ahora sin apenas resultados, que el PSOE cumpla con los acuerdos firmados lo está pagando fundamentalmente UP con la desilusión de su propia gente: si Sanchez no puede hacer su política se debe más a la pandemia que a las restricciones de un programa pactado con otro partido. La reforma laboral, la ley mordaza, los alquileres, ni siquiera el voto rogado, nada de lo firmado se ha cumplido todavía, y a pesar de ello Iglesias había de sostener las buenas relaciones intergubernamentales porque carece de alternativas. Al menos fuera del gobierno recuperará cierta autonomía frente a Sanchez, magra ganancia.

Pero no es la huida táctica de Iglesias la que va a convertir Madrid en un territorio menos hostil para la izquierda. 

Este rechazo no va a ser superado por el más brillante driblador porque es de naturaleza estructural, sociológica. No voy a volver a hablar de la ingeniería social muy hábilmente aplicada por el PP a la sociedad madrileña para convertirla en una sociedad permeable a la lluvia fina del discurso liberal, ya me referí a ello en estos otros artículos:

La sociedad madrileña es ya la de mayor PIB per cápita de todo el estado, miles de ciudadanos de otras comunidades y de otros países buscan hacerse un hueco en una economía dinámica, esto es conocido. Se ha creado una activa clase media que califican los sociólogos como aspiracional: los habitantes de los PAUs ( nuevos barrios del norte de la ciudad), o  los de la corona suburbana de adosados a 20 o 30 km de la Puerta del sol  “aspiran” a un buen nivel de vida a través de trabajos en el sector servicios,  como autónomos o como pequeños empresarios. Miles de pequeños negocios, nacen y mueren cada año,  cientos de empresas se reubican, contratan, abren o marchan. En una economía tan estrecha como la española la actividad madrileña es pura destrucción creativa. La importancia de estas nuevas clases aspiracionales va más allá de su número, son las que marcan el paso al resto de la sociedad, son las clases culturalmente hegemónicas.

Cuando a los intelectuales de la izquierda madrileña se les señala su escaso voto en esta  capa de nuevos madrileños, la respuesta, no exenta de soberbia, es que estos nuevos grupos sociales  son clases “wannabe”, del inglés “want to be”: aspirantes  ingenuos a ser el siguiente Amancio Ortega que ignoran que sus posibilidades reales son irrisorias, que las grandes empresas y las buenas familias juegan con cartas marcadas y que su visión de cómo es el mundo empresarial es una construcción idealizada desde los medios liberales de educación y de prensa y desde la biografía personal; muchos se creen cercanos al éxito, pero muy pocos tienen posibilidades reales de ascenso social, al albur de un golpe de suerte, de contactos sociales o carreras profesionales que ya partan  favorecidas por caros másteres en el extranjero y buenas conexiones.

Hay cierta verdad en esa antropología cínica de las nuevas clases medias madrileñas, es muy posible que muchos de ellos, al final, consuman sus años productivos en trabajos sobreexplotados sin compensaciones, o en quiebras de sus negocios, pero en su vida actual, en sus deseos y sus valores de ahora mismo, esos pronósticos no importan ni cuentan.  Lo que sí les importa a estas personas es su deseo actual, sus esperanzas y sus ilusiones presentes, y lo que olvida la izquierda es que los valores de las personas, aquello que determina qué votan y por qué votan , está directamente conectado con la actividad efectiva, propia de cada día.

 Dicho de otro modo, si tu esfuerzo desde que amanece hasta que vuelves a casa significa que crees en tu trabajo duro, en las oportunidades del mercado, si crees que tu sociedad es y debe ser un terreno de juego en el que el mérito y el fracaso tienen que ver con las ventajas que te da una sociedad abierta a la renovación y el cambio económico y tecnológico, tus valores implícitos o explícitos no pueden despegarse de ese comportamiento.   

La derecha  sí ha emitido un discurso político coherente con los valores subyacentes a esas nuevas clases medias y lo ha orientado en su provecho: se han hecho con la marca del discurso del emprendedor, de “la España que madruga”, se han declarado los defensores de los pequeños empresarios y autónomos, de sus valores de esfuerzo, riesgo y pragmatismo.  El éxito ha sido evidente, barren a la izquierda en estos terrenos, y han sido capaces de convertir esta cáscara discursiva en un suelo de votos férreo.  Y sin embargo debajo de esa cáscara  las políticas económicas del PP han favorecido a los grandes empresas y oligopolios ,en detrimento de un mercado realmente abierto y equilibrado.   

¿Y qué ha hecho la izquierda, mientras tanto ?¿qué ha ofrecido a estas nuevas clases madrileñas en constante mutación que tenga que ver con sus vidas reales, con sus valores implícitos? ¿Es lógico esperar a que estas personas se desencanten, fracasen o se sientan abusados en sus empleos para que entonces voten a partidos progresistas, a que sean capaces de elaborar la conexión en su conciencia entre sus desastres personales y las reglas impuestas desde los grandes poderes económicos? ¿Y si eso nunca ocurre? ¿En esto tienen que depositar sus esperanzas los partidos de izquierda para que cambie la marea? ¿Y para las clases medias que se libren del desclasamiento y el empobrecimiento no hay otra oferta que la del PP y Vox? 

La izquierda no puede esperar que miles de trabajadores y autónomos realicen un sesudo ejercicio de reflexión sobre sus propias condiciones laborales y los condicionamientos del sistema neoliberal  para entregarles su voto. Este se decidirá según viven aquí y ahora, de cómo trabajan y qué esperan conseguir con su trabajo.

La destrucción de miles de pequeños negocios por la expansión sin restricciones reales de las grandes tecnológicas como Amazon, Ali Express o Google, la carencia de protección de los pequeños hosteleros frente a la expansión de cadenas de restaurantes en manos de fondos de inversión internacionales en la ciudad de Madrid, las dificultades burocráticas y los costes administrativos de las pequeñas empresas, la realidad de un mercado trufado de ventajas y leyes favorables a grandes empresas etc, todo esto está casi ausente del discurso de la izquierda. En gran parte debido al desagrado, al rechazo visceral que la actividad empresarial privada provoca en los ideólogos de la izquierda tradicional. 

El famoso asunto del chalet de Pablo Iglesias es sintomático de esta ceguera.  El problema no fue su muy humano y compartible deseo de vivir en el mejor sitio que se pueda permitir con su familia, sino su desdén previo, en una conocida entrevista televisiva  “a quienes se aíslan en urbanizaciones privadas”.  El error no es vivir, o  desear vivir en un chalet estupendo en un entorno agradable, el error es menospreciar a quienes viven o tienen ese deseo. El éxito se ha  convertido en un producto exclusivo de la estanteria de la derecha, por eso la derecha se indigna ante el chalet,  por eso la izquierda tiene dificultades con el chalet. 

El deseo común, como el sentido común, es de derechas, al menos tal como está constituido en nuestra sociedad; esto requiere otro artículo para ser explicado, pero al menos ahora, la izquierda podría evitar empeorar sus opciones. 

Desaparecida la clase obrera industrial por el cambio de modelo económico, la izquierda no puede confiar exclusivamente en los votos de aquellos  perdedores condenados a ser expulsados por el sistema, o en los jóvenes precarizados, porque ese voto, tan proclive a la abstención,  nunca será suficiente para expulsar a la derecha del poder.  La izquierda puede intentar paliar sus falta de agarre en los valores ipropios de las clases medias con dosis de feminismo o ecologismo, pero eso nunca será suficiente, porque el hombre es lo que come ( decía  Feuerbach, citado por Marx). Es decir, el hombre es de lo que come. 

En fin, en la izquierda madrileña alguien debería ser consciente de que  no le basta con el voto de los herederos del 15M,  que solo una alianza política  inter-clases tiene posibilidades de ganar Madrid, y que para ganar esa alianza no se puede estar ciego y sordo a las necesidades prácticas y a las esperanzas de quienes son los grupos sociales que han construido esta particular naturaleza de la sociedad madrileña.

El 4 de mayo, sospecho que esta lección, una vez más, seguirá sin ser escuchada.

Cómo perder España en Madrid

Como madrileño, espero de los progresistas no madrileños que desechéis esa injusta moda de la madrileñofóbia,  y si este verano nos veis por vuestras tierras nos inviteis a algo: nos lo deberéis. 

Porque después de los acontecimientos políticos de ayer, 10 de marzo, el favor que la política madrileña  está haciendo a la causa de la izquierda a nuestra costa es de agradecer.

Previsiblemente iremos a elecciones., Ayuso no es una mujer que nos seduzca con su brillantez intelectual pero sí es valiente, y ya sabemos por los clásicos que la fortuna favorece a los osados.

  La derecha , gracias a años de ingeniería social ha convertido el ecosistema madrileño en un fenómeno tan característico e inasimilable como pueda serlo el catalán o el canario. Como ya he comentado en otras entradas de esta bitácora, las peculiaridades sociológicas, y por tanto políticas de cada comunidad autónoma son cada vez más divergentes según transcurren los años. El estado de las autonomías ha producido este efecto; la política española tiende a ser un mosaico multifacetado,  cada vez más alejado de una imagen homogénea. 

Desde fuera de Madrid quizá no se sea consciente del nivel de movilización de la derecha (mantenido desde su estallido en 2017 gracias en gran parte al proces catalán), de la popularidad de Ayuso, y del éxito del populismo trumpista del PP y de Vox alimentado por su buscado enfrentamiento contra las medidas “socialistas”  de Sanchez sobre la pandemia. Hay que recordar que el movimiento cayetano nace y tiene su mayor potencia en Madrid.

Y frente a ello la izquierda madrileña aún ha sido incapaz de curarse de su afición por el desastre y el sabotaje auto-infligido: desde el Tamayazo, pasando por la pérdida de la CAM en 2015 por unas décimas al presentarse IU en solitario, hasta  el Errejonazo de 2019 , o la elección de candidatos tan inoperantes e insustanciales como Gabilondo o Isa Serra.

Hay un dato técnico, una  norma electoral propia de Madrid que  tiene un impacto decisivo en la política madrileña: para alcanzar representación parlamentaria se exige al menos un 5 por ciento de los votos. Esta cuchilla puede cambiar el signo de los resultados de las elecciones por márgenes mínimos, como ya pasó en 2015: entonces la derecha pudo formar gobierno porque la izquierda desperdició el 4,20 de los votos que obtuvo Izquierda Unida en solitario y que no tuvieron representación en la cámara: habría bastado que un par de puntos de ese porcentaje hubiera marchado al PSOE o a Podemos para que Cristina Cifuentes se hubiera ahorrado la elegía de las cremas y el master.

Según las ultimas encuestas, este filo mortal del 5 por ciento es acariciado por Ciudadanos pero también por Unidas Podemos, de modo que si en las elecciones esta ultima no alcanza el 5 por ciento , y Ciudadanos tampoco, una victoria electoral del PP aliado con Vox es muy posible.  A día de hoy, la movilización del voto de la derecha es segura, a la izquierda, desconcertada y dividida, está por ver.

El  efecto para las vidas de los madrileños de un gobierno de las ex-pupilas de colegio de monjas Ayuso y Monasterio puede ser espeluznante; si los no madrileños quieren hacerse una idea  de lo que nos tocará soportar les sugiero frecuentar los contenidos de  las emisoras de televisión TDT (concedidas hábilmente por Esperanza Aguirre)  13TV ( ligada al PP) y el Toro ( a Vox),  con el magro consuelo de que el infierno será breve, porque estaríamos obligados por ley a las siguientes elecciones en 2023, pero ¿y el efecto para el resto del país? 

Pues sospecho que la boda inevitable entre Ayuso y Monasterio, entre PP y Vox va a ser recibida con alborozo en Moncloa. La contaminación del PP con los tintes ultraderechistas va a construir un techo de hierro impenetrable para sus posibilidades electorales en muchas otras comunidades autónomas, y la pulverización de Ciudadanos favorecerá una estrategia de captura de votos al PSOE en esas zonas templadas. Si el PP confía en recoger los votos de los naranjas es que nuevamente confunde la política madrileña con la general. Basta recordar lo ocurrido en Cataluña hace un mes. La descomposición de Ciudadanos será asimétrica, siguiendo los moldes sociodemográficos de cada comunidad: es esperable que un madrileño ex-votante de ciudadanos no se encuentre molesto volviendo a votar al PP, pero eso no tiene por qué suceder con la misma fluidez para un votante andaluz o castellano.

Nuevamente el PSOE ocupará la centralidad política en una fotografía del conjunto del estado y el PP no tendrá ninguna posibilidad fuera de la ocupación de ciertos gobiernos autonómicos, porque su alianza madrileña con Vox, y las politicas reaccionarias que se deriven de esa alianza van a estar muy presentes en el electorado moderado. No creo que haya hombre más afligido por lo ocurrido ayer que Alberto Nuñez Feijoó….después de Casado. Aunque  Casado, desde ayer, ya es un muerto viviente. 

Por eso espero que el resto de los españoles progresistas seáis generosos, y agradecidos con nosotros, los progresistas madrileños, y nos recibáis tras la pandemia con algo de afecto, ayer fuimos sacrificados por la dama blanca del trumpismo madrileño.  Pero su partido habrá perdido a su líder y la partida de la centralidad del tablero nacional ante el PSOE por unos cuantos años.

Es gravoso el precio de confundir Madrid con España.

Guerra civil capitalista

La mejor política industrial es la que no existe” 

Carlos Solchaga, ministro de Economía y de Industria de los gobiernos de Felipe Gonzalez (1982-1993)

 

China se está sirviendo su venganza sobre Occidente bien fría, tan fría como puede estar tras 120 años de espera desde la terrible humillación sufrida  por ellos durante el levantamiento de los Boxer en 1901

 Romantizada para nosotros por Nicholas Ray en la película 55 días en Pekín, fue una de las muchas derrotas que tuvo que digerir el anquilosado imperio chino a manos de las naciones occidentales durante el siglo XIX y principios del XX. Cada derrota añadió una nueva imposición, en un crescendo que buscaba la apertura por la fuerza de los mercados chinos, de su espacio físico e incluso de su moneda, imponiendo decisiones con efectos inflacionarios que obligaron a cambiar su sistema monetario, como sucedió  tras las dos guerras del opio perdidas.

Si volvemos la mirada al presente vemos que tras el fracaso de la alternativa soviética  la geopolítica actual se define a través del enfrentamiento entre dos modelos de capitalismo. El capitalismo financiero transnacional occidental, cuyos actores principales son enormes multinacionales tecnológicas como Amazon y Google,  y fondos de inversión como Blackrock, Goldman Sachs… y el capitalismo de base nacional chino.

La victoria de los grandes gigantes financieros occidentales tuvo su raíces en la imposición de los principios económicos del  llamado Consenso de Washington a todo Occidente y a los países dependientes. Para quien no lo conozca  el consenso de Washington es un conjunto de recomendaciones, más o menos imperativas, que han constituido el corazón de la ortodoxia económica desde 1989, y han marcado el destino de miles de millones de habitantes del planeta. Este “consenso” se fraguó por y entre el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el departamento deI Tesoro de EEUU. El contenido de este  consenso se puede resumir en los siguientes puntos:

1: Control y reducción del gasto público para la eliminación de los déficit fiscales de los estados. La famosa austeridad fiscal, en definitiva.

2: Eliminación de subsidios y redirección de los recursos liberados a la inversión.

3 Reformas tributarias.

4: Tasas de interés fijadas libremente por los mercados.

5: Liberalización del comercio.

6: Eliminación de las barreras  a la entrada y salida del capital extranjero.

7: Privatización de las empresas estatales.

8: Abolición de regulaciones que protejan  de la competencia a sectores económicos nacionales.

9: Protección de los derechos de propiedad de los inversores, especialmente los derechos de propiedad intelectuales.

En resumen, el consenso de Washington recomendaba( o imponía, según fuera el grado de dependencia de los países con respecto a los créditos del FMI , Banco Mundial y grandes bancos de inversión de Occidente)  que las legislaciones de los países se modificaran para permitir la libre entrada, y también, por supuesto la libre salida de  los capitales extranjeros, la eliminación de leyes  que protegieran a determinados sectores de sus países de la competencia internacional, la privatización de sus empresas estatales y la protección de los derechos de propiedad de las multinacionales más allá de las regulaciones nacionales.

¿No les recuerda todo esto a lo que ocurrió en España desde mediados de los años 80  con la industria nacional? Al fin y al cabo el ministro de economía más influyente de Felipe Gonzalez afirmaba que España no necesitaba ninguna política industrial.

Si se nos ocurre comprobar el grado de adhesión de la exitosa  economía china  a las directrices  del consenso de Washington  nos encontramos con que aquella sistemáticamente los ignora o los contraviene: el capital extranjero en China está sometido a fuertes regulaciones, restricciones y límites según  las conveniencias estratégicas chinas. Los tipos de cambio están decididos según considere la dirección económica del partido comunista chino (es una idea generalizada considerar que el yuan está sistemáticamente e intencionadamente  infravalorado). Ahora, echemos un vistazo a las 20 empresas chinas de mayor tamaño. De ellas, en sólo dos el propietario último no es el estado chino. Una de ellas una empresa de seguros, la otra se dedica al entretenimiento.  Incluso  empresas de productos de consumo tan conocidas como Huawei son propiedad de la República Popular China. Repito: solo dos de las mayores empresas chinas no son de propiedad estatal. 

Sobre la falta de respeto de los empresarios chinos a la propiedad intelectual extranjera ( patentes industriales, marcas) no creo que que haya que añadir explicaciones.

Parece evidente que China no ha necesitado de los consejos del FMI, el Banco Mundial  o los dirigentes de la economía americana para triunfar, y es legitimo sospechar que lo sensato para ellos ha sido, justamente, orientarse en dirección contraria.

Mientras que China se convertía en la gran potencia emergente del siglo XXI en los países occidentales el crecimiento de trasnacionales se conjugaba con un empeoramiento  de las condiciones de vida de su carta de presentación más fuerte, las clases medias. La desregularización financiera y la liberalización de los  mercados de capital y trabajo ha incrementado la potencia de los poderes financieros trasnacionales del capitalismo de occidente , pero sus sociedades han pagado por ello: las políticas económicas neoliberales implican estados más débiles, con menor capacidad de influir en su propia economía. Es el  mercado, amigos, quien decide. Pero también la igualación por abajo de las condiciones laborales: el hecho de que una orden electrónica de traspaso de capitales pueda mover en segundos millones de una punta  a otra del globo a la caza de unos decimales de beneficio adicional da al negocio financiero apátrida todo el poder. La gran jugada de la liberalización es que este movimiento continuo  no tiene costes. Pero los trabajadores locales  se ven abocados a competir por esa inversión con otros trabajadores de países a miles de kilómetros de distancia. Y puesto que no se pueden proteger con leyes nacionales las condiciones de cada país en particular (recuerden, punto 8 del consenso de Washington) la competición necesariamente se convierte en una puja laboral a la baja.

De modo que cada incremento de fuerza de los triunfadores occidentales, el poder financiero,  socava un poco más a sus propios estados de origen. La multinacionales europeas y su financiarización ha tenido un efecto fragilizador de sus estados, al trasladar su producción a China y sus beneficios a fondos de inversión globales, es decir, han debilitado a Europa y sus sociedades. 

Sin embargo la expansión brutal china solo ha reforzado al estado chino. Quizá porque el partido comunista chino ha impedido la “globalización “ de sus exitosas empresas multinacionales. Globalización tal como la entendía el consenso neoliberal. El Partido comunista chino ha conservado memoria de las traumáticas relaciones de su país con Occidente en el pasado, y ha interpretado el consenso de Washington como otra forma de extender en el tiempo y en el espacio el dominio de Occidente.  El odio que despierta China en las élites económicas americanas es genuino, no se debe solo  a una respuesta populista a la deslocalización de fábricas. Es el odio a quien se ha creído con el derecho a no creerse las consignas de la ortodoxia económica occidental, que se ha negado a aceptar su sumisión y ha salido triunfante en el desafío. Cómo no van a odiar los altos funcionarios del Tesoro estadounidense, los ejecutivos de los bancos de inversión, los gestores de los grandes fondos de inversión americano a los dirigentes chinos, si son los únicos que se les han resistido.

Cuando los trabajadores gallegos de Arcerlor-Mittal se ven arrojados al paro por la multinacional americana apenas pueden contar con la ayuda  del estado español, aherrojado por los tratados que le obligan a respetar las inversiones y los acuerdos de sus socios occidentales. Cuando  los pequeños comerciantes europeos se ven obligados a cerrar ante la competencia inmisericorde de Amazon los gobiernos europeos apenas son capaces de aprobar un ridículo impuesto que no compensa en absoluto los miles de pequeños negocios destruidos. 

La economía política china no es  exportable. No hay razones para que Occidente tema una expansión ideológica antagónica, como sí ocurrió durante la anterior guerra fría con la URSS. El modelo chino no puede replicarse en Europa, en España, por muchas razones, la primera , porque el estado español carece de las herramientas ( empresas públicas, control político de las masas)  de las que ha dispuesto por historia, el partido comunista chino.   El éxito actual  de China reside en sus decisiones politicas valientes y en sus propias tradiciones culturales.  Pero la continuación acrítica del modelo que imponen las grandes transnacionales solo puede llevar al desastre a Europa: al debilitamiento de los estados y el vasallaje a EEUU en su lucha por la hegemonía con China.

La distopía de sociedades occidentales esculpidas por la voluntad de los operadores financieros globales no es tal distopía, es nuestra realidad. Las grandes ciudades de Europa se transforman: sus comercios idiosincráticos, locales, quiebran mientras triunfan empresas de distribución electrónicas servidas por trabajadores precarios emigrados de las cuatro extremos del mundo, los bares y restaurantes pasan a manos a manos de franquicias que a su vez son poseídas por fondos de inversión globales, quienes también compran miles de viviendas para alquilar, con tal  poder de mercado que determinan las tendencias de los precios. los politicos locales se alian con los fondos internacionales para abrirles las puertas a la inversión y la explotación de servicios públicos que antes eran gestionados por funcionarios , segun reglas propias. Las empresas radicadas en paraísos fiscales caribeños  localizan sus servicios financieros en megaciudades del  sur o del este de europa, sus equipos de informática en la India y sus suministradores en el sudeste asiático. De un lado la capacidad de decisión se concentra cada vez más en pocas manos, del otro la capacidad de resistirse se fractura y aromiza por todo el globo.

Y mientras, China, la perdedora de la guerra de los boxers y las dos guerras del opio, no olvida que es el país que construyó la Gran Muralla.  

Europa ha sido un continente creativo. Esta vez, entre la subordinación a poderes ajenos a sus sociedades y la imposible alternativa china, por pura supervivencia, necesita crear de nuevo su propio camino de salida.

Calle sin salida

Pensar no tiene por qué ser un ejercicio placentero. Al revés que escribir para satisfacer como se pueda  fantasías y deseos. De hecho aplicarse al esfuezo de avanzar en el pensamiento honesto puede ser una tortura, un síntoma de masoquismo y de cierto desequilibrio psicológico. Pensando intentamos dar una solución a un nudo, a una dificultad de lo real, pero nos resistimos a que el resultado de esa elucubración  concreta sea incómodo, incongruente, inencajable con lo que pensábamos antes de ese esfuerzo. Sin embargo el resultado bien ceñido a la lógica y a cierta verdad no tiene por qué respetar nuestras ideas previas.La pereza intelectual puede ser un efecto del amor a nuestras convicciones.

Dejo las generalidades y vamos al grano.

La crisis pandémica se está sumando a los problemas irresueltos de la crisis financiera de 2008. Afloran las debilidades de Occidente y los límites del crecimiento de su modelo. Quizá el común de la gente no es  capaz de reflexionar en términos macroeconómicos y geopolíticos, pero si acusa la sensación de que la  promesa de crecimiento, de ascenso social y progreso generalizado está acabada. Esa  ruptura de expectativas no es cualquier cosa. Los ciudadanos occidentales desarrollaron una adhesión a sus sociedades, a su sistema político y ecónomico porque compartían el sentimiento de que eran  sociedades razonablemente eficientes, que el capitalismo tal como se desplegaba era fuente de conflictos pero también de riqueza, en definitiva, amor, apego e identificación no son solo pegamento entre individuos. Se pueden sentir por tu sociedad, por su forma de gobierno. Esta identificación y esperanza explican la escasa penetración política de alternativas  a izquierda  (comunistas) o derecha ( fascistas) que cuestionaran la raíz del estado de las cosas. 

Es sencillo, si tu país tiene futuro abre la puerta de un buen futuro para ti  y tu familia. 

Las crisis sucesivas han desconectado, sin embargo  a las clases medias occidentales del ascensor social.  Las élites económicas han despegado y se han independizado de sus raíces nacionales, son una clase global que prospera en otra dimensión, y a salvo de la peor pesadilla de los trabajadores occidentales: caer en la escala social, la pobreza, el cierre del futuro para los hijos.

La destrucción de esta expectativa de progreso tiene como consecuencia lógica, ya se ha dicho frecuentemente, el aumento de las opciones políticas que estaban en los márgenes, más radicales. El gran error de los partidos de izquierda es dar por hecho que esta frustración colectiva va a manifestarse en los mismos términos de interpretación de la realidad ( quién es el culpable, cuáles son los remedios ) que son los del tradicional recetario político izquierdista ¿por qué  tendría que ser necesariamente así ?.

 De lo que se lamenta el votante es de la pérdida de algo que consideraba suyo, ese algo era esa sociedad progresiva, razonablemente meritocrática y también despreocupada, ese lugar le ha sido robado, y  genera su furia y orienta su voto.  ¿ quién ha sido ese ladrón del futuro? el trabajador común no va a elaborar la respuesta a esa pregunta desde el mismo lugar que un politólogo.  

Su añoranza política se orienta, precisamente , a recuperar un pasado prometido, no a inventar un futuro nuevo.  De ahí  su dificultad a la hora de adherirse a programas que colocan en primer lugar conceptos como la sostenibilidad,el feminismo o las nuevas relaciones laborales desde la óptica de las nuevas tecnologías, de ahí su manifestación electoral conservadora: sse ha manifestado en el triunfo del Brexit o el éxito de Trump.  Los británicos miraban atrás cuando decidieron parar su integración con Europa, los americanos se aferran a una imagen de América amenazada cuando rechazaron a la liberal Hillary Clinton.  Ellos quieren recuperar su lugar en una vieja sociedad añorada, la del empleo fijo, los sueldos suficientes, las viviendas accesibles, el avance social de los hijos; frente  a ello  la aceleración del mundo que puede asociarse a propuestas liberales y progresistas, es vista con creciente desconfianza.

Aconsejo leer de vez en cuando foros de extrema derecha: ir un poco más allá del rechazo que provocan su afición al bulo interesado, el odio generalizado, la ignorancia. Su enemigo es una hidra enorme dotada de muchas cabezas que abarca desde el globalismo neoliberal que acaba con los pequeños comerciantes y los viejos oficios a la amenaza a viejas tradiciones e identificaciones que ellos  ven en el feminismo o el ecologismo. Confunden causas con consecuencias, actores con víctimas, pero su reacción visceral es el rechazo a esta transformación veloz de su entorno por procesos que saben que las viejas palancas nacionales y comunitarias no sirven para combatir esta aceleración.

Las sucesivas olas de inmigración económica antes de ser políticamente traducibles en términos de solidaridad de clase (como si hubiera una sola clase trabajadora, como si las clases fueran una sólida roca, casilla de llegada y no el fruto  de múltiples determinaciones ) son vividas en la inmediatez cotidiana de la degradación de los barrios, la competencia por empleos cada vez más escasos y por prestaciones sociales en constante retroceso. 

El éxito de la ultraderecha, de Vox en el caso de España , es que se despliega como respuesta a una amenaza hacia lo propio, lo conocido: por ejemplo, si la apropiación de la bandera española ha tenido tanto éxito fué (además de que por razones históricas: la izquierda nunca se sintió cómoda con la bandera borbónica) porque irrumpió el proceso de independencia unilateral de Cataluña y la amenaza de ruptura súbita de lo que se sentía emocionalmente como un patrimonio familiar heredado generacionalmente, la nación española. 

Si la nueva izquierda española , es decir Podemos padece un descenso continuado de votos es, entre otras cosas, porque  las campañas contra ellos han conseguido revertir su imagen pública de  potencial palanca de cambio a una amenaza como cambio indeseado. Las derechas han alimentado y aprovechado esa percepción, la insistencia aparentemente ridícula en la venezolanización de España  trata de alimentar ese miedo a lo desconocido no querido.

Una sociedad igualitaria ante los sexos y las opciones sexuales, la perentoriedad de políticas que palien el inevitable calentamiento global, etcétera, tienen que asumirse por pura necesidad, por justicia y salud pública. Pero escuchen: el reenganche sentimental con las clases medias trabajadoras no va a conseguirse por allí. Lo revolucionario será reivindicar curiosamente cierta vuelta ( siempre mítica, porque hablamos de relatos) , a una sociedad donde el esfuerzo personal, el cumplimiento de las normas, la honestidad personal y social rendía sus frutos colectivos e individuales.  Donde la ciudad, y el pueblo era un entorno estable y de actores económicos conocidos, controlables, comprensibles. 

Donde el futuro vuelva a ser una posesión colectiva.

Es, repito, un relato mítico porque nada puede repetirse tal cual fué. Habrá de  modelarse ante realidades inflexibles. Por poner un ejemplo, los niveles de consumo y despilfarro de esa sociedad feliz de hace tres o cuatro décadas sabemos que son insostenibles.  Las fuerzas del cambio son demasiado potentes, pero el miedo y el deseo que brota de esta demanda tienen que ser escuchados.

 Porque si no se hace otros lo harán. 

De hecho otros ya lo han hecho: la figura retórica  preferida de la ultraderecha podría calificarse como la  Metonimia inversa, o la metonimia mentirosa: subrayan una parte para ocultar el todo. Por ejemplo, claman contra los MENAS o los inmigrantes musulmanes que llegan en patera pero silencian el beneficio de los empresarios ante los miles de inmigrantes latinoamericanos que permiten negociar salarios a la baja. Se quejan de las ocupaciones pero callan ante la destrucción urbana especulativa y la expulsión de miles de españoles del acceso a la vivienda. 

En definitiva, utilizan síntomas  y efectos parciales de los desastres que amenazan a las depauperadas clases trabajadoras , y que son sufridas por ellas sin que se sientan 

escuchadas para señalar como culpables a otras víctimas de la misma globalización neoliberal. 

Pero el éxito de su táctica reside  en que, se presentan como receptivos a esta angustia  de trabajadores amenazados por una degradación social de la que nadie les previno, y  hasta el día de hoy nadie les protegió.

La política pública en sociedades como las  nuestras,  amenazadas y probablemente en declive,  están muy afectadas por las emociones: la esperanza, el miedo, el peligro. Quizá alguien deberia escuchar y darles alguna respuesta que no sea una mentira piadosa (“saldremos mejores”), o una incitación al odio del diferente.  

Madrid por la mitad.

Un paseo por el paisaje urbano madrileño durante la Segunda Ola Pandémica.

La funesta manía de hablar en general, de clases medias impide ver que desde el punto de vista político tal cosa ni existe ni sirve para entender un ápice. Al menos en la Comunidad de Madrid, cada vez más segmentada, más polarizada entre el norte  geográfico y económico y el sur depauperado.

 Hay aquí una clase media-alta, cuyo envidiado nivel de vida no depende principalmente de un sueldo sino de rentas inmobiliarias, dividendos, beneficios empresariales, localizadas en urbanizaciones como Mirasierra, La Moraleja, o ya fuera de Madrid en urbanizaciones  exclusivas de la carretera de Burgos o la Coruña. Hay por debajo clases media acomodadas, que sí dependen mayoritariamente ( aunque no exclusivamente) de rentas por trabajo, pequeños o medianos ejecutivos, autónomos exitosos, altos funcionarios, técnicos muy cualificados como pilotos, abogados o ingenieros. 

Y hay una amplia clase media , menguante, de mandos intermedios del sector servicios, funcionarios, autónomos cuya frontera difusa con las clases más desfavorecidas se endurece o permea en función de los vaivenes  de las cíclicas crisis capitalistas.

En las dos primera categorías nada le puede ofrecer la izquierda, y menos aún Unidas Podemos. Son esas clases la manufactura acabada del enorme experimento de ingeniería social en el que  el PP de Esperanza Aguirre salió exitosa tras catorce años de transformación político, urbanística, cultural de la Comunidad de Madrid, tal como comenté ya en este texto: https://remadmalditos.wordpress.com/2019/09/09/madrid-bien-vale-una-punica/: Son el estrato social  ganador de su apuesta liberal. Su producto final, su trofeo.

En las amplias urbanizaciones de pisos que superan los 150 m2, con piscina, jardines y pistas de pádel, adosados, pareados de Majadahonda , Las Rozas, Montecarmelo, Arturo Soria el voto a las listas de UP es un ejemplar en vías de extinción, el apoyo abierto a sus posiciones un exotismo  a veces de riesgo. El mensaje liberal no sólo ha penetrado, ha conformado elecciones de vida, hábitos, decisiones: los niños se llevan a colegios concertados, quien puede se permite un seguro privado de salud adicional a la deficiente sanidad pública.

 El discurso meritocrático de la izquierda lo llevan de suyo. Les deja fríos, al fin y al cabo, los colegios, las universidades privadas,  los contactos laborales y familiares, las afinidades electivas que decía el otro, ya fluidifican el desafío fundamental de encontrar un buen  trabajo, uno acorde a su aspiración de reproducir su posición de clase. La defensa de lo público les es igualmente indiferente.

 El poso  que queda en la taza del café que les ofrece la izquierda , oreado e interpretado por los medios de comunicación que consumen habitualmente  es el de las ayudas y los beneficios sociales a los menos favorecidos. Es decir a los que ellos nunca serán, se parecerán, ni jamás se plantearán que compartan algo más allá de cuatro derechos básicos y la limpieza de la casa, unos del lado del empleador, otro del que limpia. O la mesa de restaurante, ellos de pié y de uniforme, nosotros sentados.

 Leídas  en términos racionales de coste-beneficio , las ideas de la izquierda para esta gente son un producto sin mercado, paja mojada, más impuestos quizá para financiar esas ayudas a los de abajo, moralina, demagogia para conseguir esos votos  menesterosos. Quizá algunas mujeres se puedan sentir apeladas por el feminismo militante, está bien. Pero al final lo que decide es lo mollar, la reproducción de clase y lo que puede garantizarla.

Pero ni siquiera es un problema de contenido de discurso, es su aceptabilidad como mensaje, siquiera el derecho a circular en estos grupos sociales del discurso político de Podemos ( o de Más Madrid, da igual) lo que está aún más negado porque la incesante campaña de los medios contrarios a la nueva izquierda ( es decir, en Madrid, prácticamente todos) ha alcanzado sus últimos objetivos.  

No solo han conseguido, como se buscó allá por 2015 y 2016 el objetivo de encapsular a la nueva izquierda al convertirla en un apestado político, unos partidos que estan  fuera de límites, de esos que dan derecho a un trato “institucional” .  Lo ha convertido en lo que proponía Joseph Goebbels en su punto uno de la propaganda política

Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; construir  al contrario en un enemigo único”. 

El enemigo principal, el estafermo a golpear, el dedo que apunta a la luna, la carnaza que sirve para desviar cualquier otra discusión que no interese hacia el cebo demonizado, convertido en caricatura, parodia, disparador automático de insultos y chistes, sumidero de odios y negación. Su mensaje tiene un viaje imposible, porque es el emisor del mensaje el que ha sido degradado hasta el punto de que cualquier emisión suya lleva la marca de nacimiento de lo despreciable. 

Es para mí evidente que Manuela Carmena, Iñigo Errejón y el resto de Más Madrid eran perfectamente conscientes del efecto mortificador, venenoso de la cercanía de Podemos a sus opciones de renovar la alcaldía de la capital.  Así se explica la maniobra (éticamente muy dudosa, tácticamente desastrosa)  de dejar con el culo al aire a Podemos en la capital a pocas semanas de las elecciones y  constituir a toda prisa una candidatura alternativa. El esfuerzo no rindió sus frutos porque ellos también habían sido el objetivo de  la destrucción de la imagen cívica, de su aceptabilidad por parte de los medios de la derecha ( “no te lo perdonaré jamás Carmena”). La derecha española no hace prisioneros, ni aprecia los matices. La política municipal , templada y no desequilibrada territorialmente pero embrionaria de Carmena,  no tuvo réditos porque sin medios de comunicación afines hoy en día es casi imposible comunicar un relato que proyecte hacia el futuro una nueva forma de gestionar nada, como una gran ciudad.  

En todo caso las razones de la derrota de Carmena son más complejas y algo deje escrito aquí: https://remadmalditos.wordpress.com/2019/06/17/y-la-arriesgada-apuesta-de-carmena-salio-mal/ 

Es por tanto esta  exitosa ingeniería sociopolitica de la derecha la que hace posible que personajes como Isabel Diaz Ayuso estén para estupefacción de todos empezando por la interesada, donde está  ahora. Pero aún más allá, este hábil modelado sociológico ha  determinado  el  impacto desigual de la pandemia.  Cómo el riesgo de infección sigue la misma traza nítida que la riqueza y  las oportunidades, cómo en los barrios acomodados, en este agosto las calles aún permanecen casi desiertas, los ordenadores parpadean en cada casa teletrabajando a salvo del contacto con los otros, los solitarios automóviles llevan a su destino a salvo a sus propietarios, los restaurantes extienden sus terrazas por las anchas aceras,  mientras que en los barrios madrileños más azotados por la pandemia ( Usera, Carabanchel, Vallecas) las calles rebosan de viandantes, la población inmigrante que habita esos barrios debido a los precios de los alquileres se hacina en pequeños pisos. Trabajadores ( españoles o no) de  hostelería, de  limpieza, y ( cáspita)  de servicios sociales privatizados o concertados como las residencias de mayores no sueñan siquiera con teletrabajar. Ancianos con pequeñas pensiones están obligados a usar masivamente el transporte público. Población sea cual sea su origen que no puede huir a segundas residencias o vacacionar semanas fuera de la caldera vírica madrileña.

Vista la terrible  gestión de Ayuso en lo que a ella concierne de la crisis sanitaria ( la gestión del gobierno central está siendo apenas un poco mejor, para nuestra colectiva desgracia) uno podría permitirse la maldad, la repugnante sospecha de que el equipo gestor de Ayuso es consciente de la desigualdad pandémica fruto de la desigualdad socioeconómica. Uno, miserablemente , podría  imaginar que  entendiendo que sus principales graneros de voto serán los menos afectados , y que en todo caso, son gente con posibles para permitirse aislamientos, test privados y teletrabajos, el equipo gobernante se puede ahorrar los enormes costes de montar servicios eficientes de rastreo, triplicar plantillas en la seguridad social pública, reabrir ambulatorios o cualquier otra medida que desde hace semanas se le reclaman y se ha resistido como gata panza arriba a asumir.  Y con los sustanciales ahorros así obtenidos proponer dentro de unos meses una nueva bajada de impuestos ¡ figúrense el golpe, el  impacto mediático, mientras el socialista Sánchez y los demás gestores autonómicos se ven obligados a subir impuestos, llega el paraíso thatcheriano madrileño y los baja ! ¡qué semanas y semanas de titulares, qué martillo. que digo martillo, qué puntilla de desnucar tertulianos de izquierdas en las televisiones y radios del Luxemburgo mesetario ! pero quizá yo, sólo yo,  sea un cínico sin escrúpulos. Ni que fuera liberal. 

Pido perdón. No, está idea mía es disparatada, peor, es una imbecilidad. Porque qué pasará cuando esas limpiadoras infectadas, asintomáticas o no ( de hay algo hay que comer, señora ) que de Usera, de Móstoles y Leganés  suban a limpiar los adosados de las urbanizaciones, cuando estas auxiliares de  Vallecas o Usera acudan a su puesto de trabajo en las caras residencias privadas de ancianos, cuando esos camareros de Orcasitas o Parla te sirvan en un restaurante nocturno a la vuelta de septiembre? 

 Nadie puede ser tan ignorante, tan necio, como para que no haya pensado en esto tan sencillo:  que el norte necesita para ser tan rico y satisfecho del pobre sur, de la habilidad de sus manos, de su aliento y de la salud de sus cuerpos.

Carta a un alto funcionario: ¡muévanse !

Los últimos días palpamos con las dos manos la artrosis y abulia de la administración que nos pagamos IRPF a IRPF: la renta mínima vital, esa última puerta en la vida de tantos, no ha alcanzado a cubrir el uno por ciento de las solicitudes ya presentadas, La Comunidad de Madrid después de rechazar a mil quinientos rastreadores ofrecidos por el Colegio de Médicos y de fracasar en su mendigar a mano tendida de rastreadores caritativos ( y ricos, trabajarían per gratia et amore) contrata a estas horas del diluvio a veintidós rastreadores a precio de oro blanco. 

Si quieren sentir en primera persona la pesadilla burocrática de un personaje de Franz Kafka intenten, les invito, a hacer alguna gestión en la Seguridad Social estas semanas.

Si ingenuos, tratan de solicitar una cita previa por el teléfono que se publicita para ello, la grabación impersonal al uso les remite a una página web en la que hagan lo que hagan, opten por la combinación de casillas y checks a los que opten, no son ustedes, ninguno, más listos que la máquina: al final de la secuencia les espera un absurdo cartel con letras rojas que les dice que no les pueden dar cita, que lo intenten por teléfono. Y si acuden en agostado cuerpo y desesperada alma a una oficina de “atención al público”, el funcionario en la puerta les impide el paso porque solo atienden, vaya por dios, mediante esa imposible , deletérea, inasequible cita previa. No les exagero, prueben a hacerlo.

Me confieso: soy familiar de funcionarios y por tanto no parto de ningún prejuicio ni manía ideológica. Conozco virtudes y defectos de primera mano. Y por eso sé bien cúal es el problema. No es otro de que la administración española (indiferente su nivel , municipal, autonómica, estatal, y da igual el partido que casualmente ahora sea el último responsable) tiene la cintura de un puente de hormigón armado, la agilidad mental de un moai, la capacidad de reacción de una tortuga de 100 años. Y todo ello fruto de una estructura organizativa en la que la capacidad de reacción ante una situación imprevista como esta es la de un trilobites petrificado hace trescientos millones de años: cero. 

Si las oficinas de la seguridad social funcionan, digamos de 8 a 3 de la tarde¿no se podrían organizar turnos de tarde, incluso de noche? ¿contratar a miles de parados con conocimientos de administración, gestión informática, papeleos, gestoría? ¿no se podrían haber organizado hace semanas equipos de rastreadores y haber testado sus capacidades con ejercicios y simulaciones como se entrenan en ejércitos y unidades de emergencias?¿ no se podrían haber utilizado los ingentes recursos estadísticos de la administración para analizar las causas de esta segunda ola en la que batimos records europeos? etcétera, etcétera, etcétera. Les invito a los funcionarios lectores que alarguen esta lista de sugerencias, seguro que ellos son más certeros.

Mis familiares funcionarios me dirán que la administración tiene desde hace años la política, por lógicas razones que ahora no vienen a cuento, de no contratar personal laboral, que los jefes no están acostumbrados a tratar con personal no formado en derecho administrativo ¿ pero no estamos en una situación de emergencia? ¿ la situación justifica cierres de negocios y restricciones de libertades y no justifica una contratación extraordinaria, temporal, masiva de personal que estructure equipos de emergencia en la seguridad social, la atención sanitaria primaria, los equipos de rastreo? 

¿las urgencias, las excepcionalidades siempre son para los demás?

 Sé por mis familiares que hay funcionarios que sienten rabia e impotencia por la inacción, la falta de iniciativa y de imaginación, por la pasividad de ciertos gestores, administrativos y políticos, ambos.

 Pero esta frustración no la veréis en los niveles más altos de los cuerpos funcionariales ¿es que tener un sueldo asegurado de 50.000 , 60.000 euros al año, lluevan piedras o hachas de doble filo, da igual, les quita a algunos subdirectores, directores generales, jefes de Área la vergüenza y el respeto a sí mismos como para no darse cuenta de que es su deber el romper hábitos, mover cielo y tierra, ofrecerse, conminar, reinventarse, experimentar y exigir a quien haya que hacerlo en los respectivos ministerios y consejerías? 

Sé , por mis familiares funcionarios que muchos se muerden las uñas viendo los recursos materiales vegetando durante largas horas en oficinas vacías mientras se acumulan las demandas y las angustias ahí fuera, más allá de las custodiadas puertas oficinales. 

Esta pandemia va a cambiar muchas cosas, y es necesario, y va a ser obligatorio para bien del país, para el propio bien y futuro del funcionariado, que cambie la mentalidad, letárgica, complaciente , depositada como un limo paralizante durante decenios de puertas para dentro. Por el bien del pais y por el bien de quienes trabajan en las palancas que hacen que el estado de bienestar sea real o un puro eslogan: Múevanse de una puñetera vez.