El Satisfyer y la cuarta humillación

Es bastante conocido un texto de Sigmund Freud donde explica a que el narcisismo del hombre ha sufrido históricamente tres humillaciones por parte de la ciencia, a la cual más intensa. La primera fue la que infligió Copérnico cuando mostró que la Tierra, lejos de ser el centro de Universo, no constituía si no una parte insignificante del sistema cósmico. La segunda es responsabilidad de Darwin y la Teoria de la Evolución, al demostrar nuestra ascendencia animal. Expulsó al ser humano de su supuesta posición divina y superior sobre los demás animales.

La tercera mortificación para Freud es de su propia creación, pues el psicoanalisis a su juicio mostró que ni siquiera el Yo consciente era el dueño y señor de su psique, si no debía compartir la mente humana con instancias fuera de su control como el inconsciente.

Y en esto llegó el satisfyer y nos están aplicando la cuarta humillación, y a pilas. No hay hombre que pueda desencadenar una secuencia de orgasmos tan seguros, repetidos y disponibles como este aparatito, parece ser. Algunos siempre sospechabamos que la sexualidad femenina nos podia adelantar por la izquierda. Al menos nos queda el morbo y la curiosidad. Y la incómoda sensación de que un aparato de 30 euros fabricado en China abarata nuestra virilidad. Mal siglo para creerse imprescindible.

Julia y la bandera

La plaza de Colón es un lugar poco castizo, casi ajeno al carácter de Madrid. Una explanada donde ensamblan el principio del moderno Paseo de la Castellana, el barrio burgués de Salamanca, el paseo histórico de Recoletos y la calle Génova, otro barrio más que burgués, señorial, decimonónico, galdosiano. En esta explanada hubo un antiguo convento que, derribado hace casi cincuenta años, dejó paso a un espacio amplio y vacío. Y ya sabemos qué ocurre con el vacío, que es mal tolerado por el ser humano, quien. angustiado, se apresura a llenarlo. En este caso el espacio abierto empezó a llenarse de inscripciones, signos, monumentos por quien tiene el poder para hacer tales cosas en una ciudad.

Es sabido que el estado español ha padecido de debilidad en su potencia simbólica. La trágica, tumultuosa historia de nuestra nación desde la invasión napoleónica hasta hoy, la incapacidad de consolidar un ser español como se consolidó un ser alemán, británico y sobre todo un ser francés (la gran envidia secreta de las élites del estado español ha sido Francia, ese estado tan bien vertebrado) es patente: el himno no tiene letra, la mitad del país no se siente identificado con la bandera borbónica, España aún hoy sigue luchando consigo misma temerosa de desaparecer como uno de esos países que fueron y ya no están sino en viejos mapas históricos.

Las élites gobernantes en España han sido siempre conscientes de esta debilidad (la envidia tiene la virtud de que exige saber de tus carencias). No han sido capaces de dar una respuesta en lo real, las razones no vienen a cuento aquí, pero al menos lo  han intentado en terreno de juego de lo simbólico. Así que se apresuraron a aprovechar ese espacio vacío en el centro de confluencias del Madrid burgués del Siglo XIX y la expansión moderna hacia el norte del XX para intentar paliar este déficit simbólico. 

Primero fué la estatua de Colón, neogótica, bella, adecuada , recordando una gesta que ninguna nación del mundo, por mucha decadencia y mucha leyenda negra nos lloviese encima, nos podría negar. Después, inevitable, nos llegó la epidemia del arte moderno, con su falta de criterio conocida  y plantó enormes bloques de hormigón para conmemorar, otra vez, para subrayar y enfatizar la gran gesta de la Hispanidad, el descubrimiento de América. Hay que decir que su aire de vanguardia pasada de moda está empezando a tener cierto encanto.

Pero como esto, al parecer , no sanaba suficientemente la carencia simbólica de la patria española durante el gobierno de Jose María Aznar se plantó una bandera de España de 300 metros cuadrados de superficie ( es decir del tamaño de dos pisos de 3 habitaciones de buen tamaño, con plaza de garaje incluida, esos que son el sueño inalcanzable de los jóvenes madrileños) en un mástil que supera los 50 metros de altura. Una bandera descomunal, prometeica, que cuando el viento conseguía desplegar, convertía la delicada escultura del marino genovés en una figurita de mazapán.

La atracción simbólica que genera este lugar en quien manda en Madrid también se puso de manifiesto en una de las primeras medidas culturales que adoptó Ana Botella, la alcaldesa del PP. Bajo la plaza se sitúa un teatro municipal que recibió el nombre de Fernando Fernán Gómez a la muerte del actor y director de izquierdas . Pues bien Ana Botella decidió que no era un nombre adecuado e intentó cambiarlo, suponemos que estaba demasiado cargado de connotaciones progresistas. El escándalo que se produjo lo evitó.

La visita del Papa, la famosa manifestación del tripartito PP Ciudadanos Vox han tenido lugar en este espacio. Hasta una estatua al cojo Blas de Lezo, héroe redescubierto en los últimos años en ese intento esforzado  por recuperar el orgullo de la nación española, se ha colocado en un rinconcito. Los esfuerzos de la derecha para apropiarse del espacio han sido persistentes, hay que reconocerlo.

 El efecto de esta acumulación ahora es algo kitsch, tienda de recuerdos, almacén,  la patria, aquí y en Francia, inevitablemente produce productos culturales pobres. 

Pero un día apareció en la plaza Julia, y me dejó mudo. 

Una mañana de diciembre de 2018 en el vértice sur la cabeza blanca, bella, de una mujer joven que medita brotó del antiguo pedestal donde estuvo el marino genovés. Esta cabeza hecha de poliéster y polvo de mármol blanco se llama Julia y  es una escultura de Jaume Plensa. Una escultura de una mujer con los ojos cerrados, tranquila, de facciones difuminadas por una luz de alabastro que surge de su interior. La escultura atrae hipnótica el espacio, irreal porque a lo lejos  parece un dibujo bidimensional, a veces parece imposible que este donde el ojo la ve. Contra el variable cielo de Madrid la cabeza atrae la mirada sin someterla, aligera la plaza , como una nube o un pensamiento. 

Julia mantiene los ojos cerrados, relajados. Parece recordar el mar tan lejano, por ejemplo. 

Detrás a veces ondea con pesadez la enorme bandera. El contraste es chocante. La cabeza casi flota sobre la plaza cargada de cachivaches patrióticos. 4

Una bandera es una invocación que no admite matices, te llama. Es un muesca que cuenta los leales y los traidores, una raya separadora, una máquina de decidir que ya ha decidido por ti, o te unes o te enfrentas. No tiene profundidad,  ni rincones, una bandera exige, alinea cuerpos, identifica, traza líneas en el suelo que no se pueden cruzar, o habrá actos, consecuencias. Una bandera sólo tiene una dimensión , sí o no.  

La cabeza de Julia en cambio, está absorta en sí misma, suspendida, irreal. No grita ni reclama, solo está consigo, bella desconociéndose ser bella, intentando quizá conocerse. O eso puede,  si quiere, suponer el espectador porque la escultura es una sensación sin nombre. Cada ojo verá distinto.

Es paradójico que este espacio que se ha intentado llenar de discursos visuales heroicos,  de llamadas al orgullo de ser de una patria parece que vilipendiada esté atrapado por la magia de una cabeza pensativa.

Ante la esfinge tranquila  de la Julia de Plensa, la bandera, los monumentos a héroes mutilados de guerras olvidadas, traídos con angustia patriótica a este presente que nada tiene que ver con aquellos muertos, parecen artefactos frágiles, quizá caducables.

La cabeza se irá. Supongo que este ayuntamiento mantendrá la cruzada , de incierto resultado,  por resignificar la ciudad con identidades nacionales quebradizas, y en ese esfuerzo la meditación de Julia les estorbará, lo entiendo.

Pero por unos meses el espacio vacío de la plaza de Colón no fue rellenado por artefactos que invocan al grito si no por arte que invita a cada uno su propia pregunta. 

Vox y el viejo amo.

Si nos tomásemos en serio ( ¡ a estas alturas !)  a Nietszche diríamos que el gran atractivo de Vox, su capacidad de seducción, brota de su exhibición desinhibida del discurso del Amo.

Hay muchos tipos de votantes de Vox, por diversas razones y de diversas posiciones de clase, pero sus dirigentes son social y culturalmente mucho más homogéneos. Y a este  núcleo duro de Vox no le importa, en el fondo que le llamen fascista o ultraderechista. 

 Como el hombre nietzscheano no cree en la universalidad de la moral: en que su moral tenga necesariamente que ser la moral universal. No se avergüenza de no compartir ese terreno de juego, el terreno ético, con los demás. La universalidad de la moral es lo primero que ponen a remojo.

Si colocan en el centro de la imagen a losMENAs y a los inmigrantes ilegales no es para defender al trabajador nativo (apenas se menciona la competencia laboral de los inmigrantes ). No, se trata de subrayar las diferencias entre quien tiene y quien pide. Entre el dueño de la tierra y el extranjero desnudo.  Origen y derecho propio, natural, del amo. En este caso cada uno de los españoles tiene derecho de sangre, no reducida a un campo laboral o administrativo. Por tanto las consideraciones igualitaristas, democráticas, universalistas deben someterse al principio superior del poder de quien tiene esa primacía de derecho natural.

Si se rechaza al inmigrante no es necesariamente para expulsarle, sino para someterle. 

Vox  ha obtenido los mayores porcentajes de voto en pueblos agrícolas murcianos y almerienses donde la proporción de población inmigrante es la mayor de toda España. Y donde su riqueza depende, precisa y absolutamente,  de esa masa de población inmigrante. Su voto no es contradictorio. O mejor dicho es contradictorio para la izquierda, porque esta da por hecho que los derechos de los trabajadores son una consecuencia lógica de su contribución a la riqueza colectiva. Pero estos votantes no quieren ser coherentes, quieren precisamente lo contrario, que esa masa creciente de extranjeros nunca tenga posibilidad de saltar la valla de los derechos. No quieren expulsarlos, como los esclavistas sureños no querían deshacerse de sus negros, quieren que la linea entre ellos y nosotros sea cada vez más nítida y gruesa, y la españolidad es la brocha que engrosa la raya, sube el muro.

Vox no solo levanta la bandera de la identidad, levanta la veda y dispara sobre ciertas presuposiciones que se hacen en democracia, como que lo que no quieras para ti , no lo quieras para los demás. 

Ya lo decía el alemán bigotud , la ética democrática es una transfiguración de la ética cristiana y por eso no hay mayores ateos morales que los de Vox. Eso ya bastaría para tacharles de antidemocráticos. A muchos de ellos en su fuero interno no creo que les escandalice.

La seducción de Vox nace de la liberación de ese gigante dormido, el permiso para que el derecho al dominio  tome todo su potencial, porque si el derecho no se puede ejercer en toda su fuerza es un derecho castrado, negado. También explica su irrefrenable deseo de entrar en Cataluña manu militari. La soberanía para ellos no es una abstracción histórica, sino una potencia que debe desplegarse aquí y ahora o se degradará inservible hasta convertirse en palabra risible.

La potencia del amo, la potencia de lo heredado del padre, en este caso la integridad de España no se negocia, ni se parcela ni se diluye. 

Su rechazo a las medidas contra el cambio climático derivan de esto mismo. No es que el ideólogo de Vox no comparta serias dudas sobre el impacto humano sobre el clima.

 Es algo previo e íntimo.  Lo que es intolerable es que se me coarte , aquí y ahora, mi capacidad de hacer lo que puedo hacer con la tierra de mis padres, ya sea cazar, explotar o consumir. Tan devotos del padre potente, es insoportable tener que aceptar que lo que pudo dominar él, y el padre de su padre me sea negado por un discurso que viene desde el lado débil del mundo: de mujeres, de izquierdistas, de hombres sin raíces, sin patria o sin familia.

Esta es la potencia seductora  que da orgullo y alegría al votante de Vox, el viejo discurso de la voluntad de poder, y el derecho autónomo de la voluntad del amo. Vean a los dirigentes de Vox en los mitines, exhalan  orgullo y alegría. 

 . El problema de la ética del amo fue que su aplicación deshinibida ( y está obligada a serlo, a desplegarse en su plenitud porque la tibieza supone aceptar una limitación que se niega a sí misma)  lleva inmediatamente a la guerra social, y más adelante a la destrucción del mundo conocido. Ya sabemos lo que ocurrió en Alemania a mediados del siglo pasado.

La aplicación irrestricta sólo es posible en sociedades que desaparecieron con la caída del antiguo regimen medieval.

Por eso el discurso del PP tiene mayor persistencia, y futuro.

 Es por definición el discurso del cínico: no cree en lo que enuncia, pero si enuncia una mentira es porque, y en esto se diferencia del discurso de Vox, es realista. Sabe en qué momento histórico vive, no se engaña sobre la naturaleza de este tiempo.

El alcalde de Madrid,  Almeida, a raíz de la cumbre internacional sobre el cambio climático que se desarrolla ahora en Madrid puede decir sin dificultad , con soltura, que su gobierno es un gobierno verde y comprometido apenas unos meses después de que su intento de desmontar Madrid Central  solo haya sido detenido in extremis por un juez, o después de desmontar estas mismas semanas carriles bicis: Porque el cinismo, y no la maldad es el agua en el que nada el discurso habitual de la derecha española ”democrática” : Su querencia propia de señores es que su moral no tiene porqué ser la moral universal, que su derecho a dominar  suspende las obligaciones morales de una universalidad propia de la izquierda. Para eso se ganan las guerras, para parir amos y siervos , para barajar otra vez las cartas. Pero si la transición española sirvió para algo fue para inyectar a izquierda y derecha masivas dosis en vena de realismo, su éxito modula el discurso del PP. El PP es cínico por que es realista, y porque aspira a que su discurso pueda venderse en el mercadillo electoral como universal. Servidumbres de la democracia.

El discurso de la derecha  (aquí incluyo al PP , tan cristiano.. ), se basa en la obviedad de que la  primera ética funcional se basa no en el amor al prójimo, si no en el temor al prójimo. Tómense  los diez mandamientos. Su andamiaje se sostiene en la base de la maldad potencial del prójimo. Son piezas de ingeniería social muy útiles, permitieron que las  primeras ciudades neolíticas del Creciente Fértil, primeras acumulaciones de humanos en espacios y recursos compartidos y escasos fueran vivibles. No robarle al otro sus enseres, su mujer, su palabra  o su honor aumentaba considerablemente la supervivencia de los nuevos ciudadanos.

La pretensión de la izquierda de que sea el amor al prójimo la base de la moral no es ingeniería estructural, es sólo un un mecanismo de seguridad. Es una superestructura formal que permite respirar pacíficamente y esperar del otro lo bueno, o lo mejor. Supongo que, genera  esperanza pero los pisos inferiores de esa trama social están construidos sobre su inversa, sobre el temor al prójimo.

La universalidad de los derechos humanos sólo se ha podido fundar en la psicología de las masas desde al abono extendido por el cristianismo nazareno, que insta a amar al prójimo, sea quien sea. Por eso cuesta tanto que se respete en sociedades  que carecen de esta raiz cristiana.

Lo fascinante de Vox del partido de los católicos militantes, es que su moral parte de la roca base, del origen: de la moral de la tribu. Y se eleva muy pocos centímetros sobre ese terreno tan pagano.

Los bribones y los simples. Dos, de la parte del simple.

“La felicidad y la virtud no son argumentos.”

F. Nietzsche 

El número de extranjeros que viven en España ha pasado de una cifra de aproximadamente un millón a finales de los años 90 (la gran mayoría europeos asentados en las costas ) a 4.700.000 registrados en 2018, más un millón de nacionalizados sólo en el periodo 2009-2018. La cifra de ilegales es desconocida. El número de extranjeros cuyo origen es algún pais del UE es ahora inferior a dos millones. 

El peso numérico de los refugiados políticos es muy escaso, por lo que podemos decir que el grueso de este crecimiento espectacular es de inmigrantes por razones económicas. Esto, en un contexto económico en el que las cifras de población en paro se han movido en rangos muy superiores a la media europea, aún por encima del 14 por ciento, la segunda tasa más alta de la UE, y  la cuestión que se plantea es inmediata, ¿cómo afecta esta inmigración masiva al mercado de trabajo? ¿ supone una presión a la baja sobre los salarios en un contexto de correlación de fuerzas muy desfavorable para los trabajadores, compite el extranjero con el español?

En  la izquierda estas preguntas provocan ronchas, aspavientos y  sarpullidos, levantan reacciones emocionales instantáneas: quien las plantea se convierte en un sospechoso de padecer la grave enfermedad del rojipardismo: dícese del supuesto izquierdista que comparte elementos del discurso político pardo, es decir ultraderechista. El mote nos viene de Italia, donde algunos intelectuales que se autodefinen marxistas ( como Diego Fusaro ) han sido acusados de connivencia con Salvini por su cuestionamiento de la posición tradicional de la izquierda sobre la inmigración.

 En España se ha llegado a acusar a Monereo, pensador próximo en los primeros años de Podemos a Iglesias, y al mismísimo Anguita de coquetear con el rojopardismo al plantear, entre otras cosas, ciertas cuestiones sobre la soberanía nacional en la que incluyen el control sobre el mercado de trabajo.

La contestación típica desde esa izquierda que teme la enfermedad rojiparda es que la inmigración económica no es un problema, si no una fuente de riqueza. Como ejemplo, un reciente articulo en El Diario de Ignacio Escolar en el que se hacía mención a un informe europeo en el que se indicaba que la inmigración ha generado actividad económica y nuevos puestos de trabajo.  

Es un  error utilizar este tipo de estudios.Su ámbito es toda Europa, generaliza, obvia que la estructura del mercado laboral y del tipo de tejido productivo es muy diverso. ¿ Es igual el impacto de la inmigración económica extracomunitaria, generalmente poco cualificada, en Alemania que en España? Sospecho que en un país que genera continuamente empleos de alta cualificación, tecnológicos, en finanzas, etc  el impacto es distinto a otro en el que el tejido industrial ha sido devastado por la globalización y el euro, y en el que la principal fuente de generación de empleo son sectores con baja cualificación, como la construcción, servicios o turismo, el caso español.

 El recurso habitual es afirmar que los inmigrantes toman  los empleos que no quieren los nativos. En economías donde el empleo que se crea es altamente remunerado y cualificado muy probablemente eso se cumpla, pero es esto cierto para un mercado laboral desregulado,  sometido a reconversiones periódicas (antes el industrial, ahora el bancario) y con escasa capacidad para crear empleos de alta cualificación? llamadme también rojipardo, pero permitidme que dude el efecto de la inmigración económica no esté modulado por las especificidades de cada mercado de trabajo. 

Es muy posible que el axioma del reclutamiento de extranjeros para empleos abandonados por los españoles se cumpla en entornos agrícolas como el Ejido, las áreas de invernaderos de Murcia y Almeria…  y que el voto a Vox en este caso busque mantener la segregación del extranjero para negarles derechos laborales, para impedir cambios en la correlación de fuerzas entre empleadores y braceros, pero no creo que este esquema se dé en otros lugares donde ha crecido el voto para Vox y la estructura económica no dependa de la explotación de mano de obra en agricultura intensiva..

Por que uno de los datos más curiosos que se han dado en esta explosión del voto a Vox en noviembre es el de su despliegue territorial. En Madrid, más allá del voto en zonas pudientes este nuevo voto se ha cosechado en una corona de municipios al sur, este  y oeste de la capital en un radio de 30 a 60 kilómetros. Más allá de la tradicional corona roja de ciudades dormitorios como Mostoles , Leganes o Getafe. Estos pueblos no tienen la suerte de estar bien conectados a la conurbación madrileña, como los citados, son antiguos pueblos  agrícolas que tradicionalmente enviaban sus trabajadores a la capital como albañiles,fontaneros, limpiadoras o dependientas. Trabajos por los que ahora compiten con inmigrantes.

La habilidad de Vox ha sido poner sobre la mesa de debate la inmigración como problema,  aún envuelto en una nube de deformaciones, porque los camareros en los bares turísticos del centro de Madrid no son camerunenses, las  limpiadoras de oficinas no son afganas, ni te atienden ahora en un comercio eritreos o sirios. Son , en su inmensa mayoría latinoamericanos o europeos del este. Su origen cultural, más afín, nos ha ahorrado los graves problemas que tienen en Francia con sus colectivos de inmigrantes africanos en términos de asimilación y costumbres, pero su efecto específico en el mercado de trabajo español aún sigue siendo un terra incognita.

Sobre todo para la izquierda, como si cualquier cuestionamiento fuera una amenaza a derechos y libertades indiscutibles. El problema, nuevamente, como pasaba con Vox es que se mezclan derechos humanos e inmigración económica. La izquierda tiene la obligación de ser firme con los primeros. Es discutible que la segunda sea un derecho humano incuestionable. 

En la disputa de los intelectuales italianos tachados de rojipardos estos señalaban la necesidad para la izquierda de recuperar el concepto de soberanía nacional. Y dentro de la soberanía nacional se incluye, por qué no, la soberanía sobre el propio mercado de trabajo.

 Que el capital no tiene ningún ínterés en que esto ocurra es evidente. Difícilmente se puede discutir que al dinero le interesa una política de puertas abiertas a la mano de obra poco cualificada. ¿habría sido posible la burbuja inmobiliaria española en los años 2001 a 2007 sin la política de apertura de fronteras y regularizaciones masivas tanto de Aznar como de Zapatero? Es dudoso que restricciones a la inmigración económica masiva hubieran evitado la burbuja, al fin y al cabo su origen es la inyección de riadas de dinero barato desde el centro de Europa, y la entrada de millones de trabajadores extranjeros fue una consecuencia. ¿pero esa burbuja se habría  originado con la misma intensidad, con las mismas caracteristicas? Es un ejercicio distópico interesante proyectar desde esta hipótesis.

Lo que es claro es que esta situación migratoria nunca ha sido contraria a los intereses capitalistas, de ahí el silencio del PP sobre este tema al que me refería en el texto anterior. Sólo ahora ha aparecido en su agenda por la pura necesidad de competencia electoral con Vox, y planteada en sus mismo tramposos términos. 

La izquierda tiene la obligación ética  de defender políticas que protejan los derechos humanos de refugiados, de menores solos, de personas en peligro de muerte en el mar.

La ultraderecha agita como espantajos  estos casos para tapar la verdadera naturaleza del  problema a la vez que le sirve para cosechar votos en sectores de las clase más golpeadas por la crisis incapaces de verbalizar por sí mismos sus temores. Pero la izquierda debe saber que a ellos no les molesta que les llamen rojipardos, les molesta que se les niegue lo que viven en sus propias vidas y barrios y empleos.

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Si la única herramienta eficaz que tiene la izquierda es el estado, un estado fuerte dotado de soberanía, no hay razón que deba obligar a renunciar al control de los flujos del mercado de trabajo. 

 Simplificar el problema en términos de racismo o derechos humanos es una simplificación estúpida, e ineficaz, y que a la postre refuerza el discurso de Vox entre los tradicionales votantes de izquierda.

Una noticia de estos días: 

“Francia establecerá anualmente cuotas de inmigrantes económicos en función de las necesidades de” su mercado laboral, según confirmó el martes la ministra francesa de Empleo, Muriel Pénicaud

Emmanuel Macron, el presidente que se enfrentó al Frente Nacional y paró la posibilidad de un presidente de la República Francesa ultraderechista, ha decidido fijar cupos de inmigrantes para gestionar soberanamente el mercado de trabajo francés.

Hasta ahora la  gran mutación, la que podría inducir un vuelco electoral irreversible como el que se produjo en Francia, barrios obreros comenzando a votar ultraderecha, no se ha producido en España.Pero no existe ninguna garantía, por qué habría de haberla, de que no suceda. Una nueva vuelta de tuerca de la crisis y de tensiones globalizadoras desencadenará efectos políticos imprevisibles..

Es hora de que la izquierda española deje de comportarse con simpleza y asuma que la ultraderecha no se detendrá sin mirar a la cara a una realidad que exige algo más que un discurso moral. 

Los bribones y los simples. Uno, de la parte del bribón.

El psicoanalista Jacques Lacan decía que el pensamiento político de las derechas y el de las izquierdas tiende a parecerse,  respectivamente a dos caracteres típicos del teatro isabelino inglés, el bribón y el tonto. Knave and Fool. El knave, el  bribón, el tahur, era un personaje habitual en las comedias que gustaba de engañar y estafar a cualquiera tan pardillo como para confiar un instante en su palabra, mientras que el fool era un simple presto a ser víctima de bribones, o simplemente, en ausencia de estos, víctima de su propia estupidez, tontería o cortedad, sin poder acusar a nadie de las consecuencias de su estulticia. Estos dos arquetipos se pueden encontrar tanto en la literatura clásica romana como en el teatro español del siglo de oro. 

Si se reflexiona un poco se verá que este patrón, que el pensamiento de izquierdas tiende, en muchos campos hacia la bobería y el de derechas a la trampa y el engaño calculado es una corriente subterránea general, independiente en cierta medida del tema de discusión.

Un buen ejemplo es el asunto de la inmigración.

Ya sabemos la mala noticia de las últimas elecciones, el crecimiento de Vox, un partido de ultraderecha donde se mezclan elementos económicos neoliberales, moral ultracatólica, y reivindicación de rasgos culturales que se identifican con lo español y que tienen más que ver con la lectura particular que hizo el franquismo de lo español. Por dar una pincelada de la distorsión que hace esta gente de lo que es la cultura española, la tauromaquia fue siempre una espectáculo muy controvertido, hasta el extremo de que estuvo prohibida por varios monarcas en algunos periodos históricos. Carlos III, el mejor borbón que nos cayó en suerte, fué uno de los gobernantes que así lo hizo, y de forma radical.

El debate sobre la inmigración en España está bosquejado, ni siquiera dibujado apenas, en términos morales desde la izquierda. Desde la derecha o se acalla o ( y esta es la aportación de Vox) se ficciona. Apenas se ve más adelante: reacciones viscerales, binarias, juicios morales de bondad o maldad, todo o nada. Racismo o buenismo. La postura que se espera si te declaras progresista es que la aceptes sin más, en todas sus manifestaciones. Si eres conservador, hasta ahora no era un problema de primer orden, (el PP ha mantenido tradicionalmente  un silencio bastante significativo) hasta que ha llegado Vox y ha desplegado un relato de terror de bandadas de violadores africanos, MENAS atracando a madres burguesas, de mezquitas proliferando como champiñones en los barrios.

Para comenzar a despejar el terreno: Vox mezcla interesadamente refugio político con inmigración económica… curiosamente , nunca mencionan el origen principal de la inmigración, Hispanoamérica.

Vayamos a los datos. En España había en 2018, según el Insituto Nacional de Estadística,  4.700.000 extranjeros. Sin embargo esta cifra es engañosa, en primer lugar porque no constan las personas en situación irregular, difícil de medir; en segundo lugar , porque no se recogen las nacionalizaciones de inmigrantes. Esta cifra supera el millón de nacionalizados en el periodo 2009-2018, con un 70 por ciento aproximadamente de nacionalizados procedentes de Latinoamérica, por lo que no es irrazonable manejar una cifra de unos seis millones de  personas nacidas fuera de España en nuestro pais a finales del pasado año.. 

Sin embargo , el discurso sobre la inmigración de Vox es un discurso de bribones, conscientemente tramposo. Su alarma sobre el peligro de los MENAs o los refugiados no tiene apenas que ver con la realidad. La cifra de personas que han recibido asilo por razones políticas según la CEAR (Comisión  Española de ayuda al Refugiado) en el año 2017, año en el que se alcanzó el máximo histórico debido a la conjunción de una fuerte demanda de protección por parte ciudadanos sirios y venezolanos fue de 4700 solicitantes. De estas, el estatuto de refugiado se concedió a menos de 600 personas. 

Tomemos los datos de incremento de población extranjera de 2017 a 2018: 162.000 personas. Eso significa que el número de personas que empezaron a residir en España a principios de 2018 con permisos de residencia derivados de persecuciones de tipo político o religioso representan menos del 3  por ciento del flujo de nuevos extranjeros en nuestro país.

Otro dato: El número de MENAs en todas las comunidades este año es de unos 12.000, un 0,23 por ciento del total de extranjeros.  En Andalucia, el número de MENAs implicados en algún tipo de delito desde 2015 es inferior al 0,52 por ciento de todos los tutelados. Es fácil concluir que si hay un problema inmigratorio ahora, o en el inmediato futuro , no será el originado por dar refugio a personas que huyen de persecución, o por acoger a algunos menores en centros tutelados.

El discurso de Vox sobre el asunto es un extrapolación burda del de la ultraderecha francesa, el Frente Nacional . El problema es que las realidades de la inmigración en España y Francia se parecen bastante poco. Ni por el origen de los inmigrantes, ni por su número ni por su impacto en la sociedad receptora. Aquí no hay enormes barriadas de población marginal de imposible asimilación.

 Por eso, cuando el discurso de Vox incide en la invasión musulmana, los peligros de orden público y la ola de subsaharianos en nuestras calles construye una ficción que poco tiene que ver con lo que hay .Se inventa, ficciona y lo saben; un buen bribón no deja que el prurito de decir verdad le estropee las ganancias. Y Vox ha hecho negocio con la inmigración, no porque la describa en sus términos reales, si no porque su falta de escrúpulos le permite romper un tabú nacional y se atreve a situar explícitamente este tema como problemático.

A la izquierda, con razón le escandaliza este relato sobre la inmigración de Vox, por mentiroso. Y porque la ultraderecha lo emplea para cuestionar un consenso básico, el carácter imperativo,categórico, universal de los derechos humanos: los MENAS, los refugiados no nos deben importar, porque nos invaden. Acortando el mensaje quedaría  así: los DDHH no nos deben importar. Ya lo ha dicho un diputado de Vox, España debería salirse del convenio internacional de derechos humanos de la infancia Este es el mensaje terrible que se esconde detrás de este trile del bribón. 

Pero si millones de españoles les han votado tocados por su preocupación por la inmigración, les hacen el juego electoral y amenazan estos consensos  es porque , repito, en algo se han sentido concernidos.

Cabalgando el dragón de la opinión pública

En unas horas estaremos volviendo otra vez, sin ganas, arrastrados por los pelos, a las urnas, y ello debido al miedo del PSOE  a un pacto de gobierno con Unidas Podemos. 

Miedo es la palabra, por que el consejero palaciego Redondo, en sintonía con las  conocidas querencias socialiberales de los socialistas en cuanto tocan gobierno ( así ha sido desde 1982)  desaconsejaba cualquier movimiento estratégico del partido que alejara de la centralidad, de las templadas mayorías. 

Para este politólogo de moda la ideología en la sociedad española se distribuye como lo hace en Estadística una campana de Gauss, o como la silueta de la serpiente que se tragó un elefante en el cuento de El Principito: la gran mayoria de votantes, lo mollar, se sitúa en el centro. Si nos desplazamos hacia la cabeza o la cola, demasiado a la izquierda o hacia la derecha, los votos adelgazan, hasta hacerse irrelevantes.

Esta idea tan simple está detrás de la negativa socialista. Un gobierno de coalición con Podemos provocaría en la opinión pública un efecto óptico de desplazamiento del PSOE hacia el rojo, perdería el bien más preciado de un partido politico ganador, el centro sociológico, el voto de las mayorias.

Este peligro les resultó aún más evidente debido a la campaña de ataques  del PP y sobre todo de Ciudadanos durante las anteriores elecciones de abril alrededor del complejo concepto politológico, ejem,  de que Sanchez era el jefe de una banda, el cabecilla de una turba formada por lo peor de una tripulación amotinada, era el John Silver el Largo de un grupo de filibusteros donde se podían encontrar comunistas, vascos y hasta soberanistas catalanes, el horror.

El PSOE entendió que con este pacto demandado por Podemos le serviría gratis a la derecha un argumento eterno para señalar con el dedo  al partido como radicalizado o aún peor, tonto útil de los antiespañas. Había pues que mantenerse en el centro del campo, aunque ello implicara obligarnos a todos a votar otra vez.

Resulta interesante comparar este comportamiento del PSOE con el que ha tenido el PP, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid. Como he descrito en un artículo anterior en esta bitácora  (https://remadmalditos.wordpress.com/2019/09/09/madrid-bien-vale-una-punica/) el PP ha realizado un osado y exitoso experimento de ingeniería social en Madrid desde que conquistó el poder fraudulentamente con el tamayazo hace 16 años ya.

Hasta entonces la comunidad de Madrid era una región donde vencía la tradicionalmente la izquierda. Donde el conservadurismo de la capital  se compensaba con creces con los cinturones rojos de la periferia. Al PP en el despliegue de sus políticas esa tradición no le importó. No se preocupó en estar centrado, sino en hacer las políticas públicas , en sanidad, en medios de comunicación y sobre todo en educación que permitieran moldear la cambiante y muy dinámica sociedad madrileña en unos patrones culturales  “liberales”, tal como explico en ese texto. No era necesario que sus gestores fueran brillantes, ninguno de los consejeros de Esperanza Aguirre, Dios es testigo, ha parecido nunca ser llamado a ganar un Nobel, bastó con la osadía y la claridad de objetivos necesarias.

Al fin y al cabo lo mismo que hicieron los nacionalistas vascos y catalanes, todos liberales, qué curioso, en sus comunidades autónomas. Lógicamente, buscando otro tipo de resultados ideológicos.

Así que, paradoja, han sido los partidos  “liberales”, que gustan de asustar a la población con el fantasma de la agenda oculta de las izquierdas ( manipuladoras de  mentes, adoctrinadoras en valores “progres”, extraños al sentido común del español muy español, que diria don Mariano Rajoy)  los que no han tenido ningún empacho en desplegar políticas transformadoras de los valores implícitos, de los sueños y deseos de las clases medias utilizando todos los medios legales e ilegales, a su alcance.

Y es que el PSOE post-transición ha sido siempre un partido cauteloso, timorato con el cambio real. Lo más seguro, se dice a sí mismo en el momento de la decisión, es adaptarse al lomo de la realidad sociológica. Cree que la opinión pública es una serpiente de piedra, un  dragón congelado al que para cabalgarle hay que limitarse a agarrarse a su perfil, y adaptarse a su curva inflexible.

Con estos miedos y estas inhibiciones el PSOE fue incapaz de ver las potencialidades de un gobierno de coalición con UP. Se abría la posibilidad de tres  o cuatro años de cambios profundos que modelaran una nuevo contrato social. Está claro que la derecha y sus medios de comunicación, que son mayoritarios, iban a machacar durante meses al gobierno acusándolo de radical, de poco de fiar, etcetera. pero volvamos a ver lo que hizo el PP en su misma  situación en 2003 en la C.A.M: abordó una politica de “ocupación” de los medios sin complejos, como diria Aznar, tan descarada como la de entregar canales de TDT a grupúsculos ultraderechistas como Intereconomía y negárselos al principal grupo de comunicación de España, el grupo PRISA. Entre los defectos de la derecha española nunca se ha encontrado el de exceso de inhibiciones.

Y es que saben  que el poder se tiene para ejercerlo con todo su peso y para hacer sentir sus efectos en los medios y en la sociedad. 

Si el pacto de izquierdas se hubiera visto como la oportunidad única que era, transcurridos cuatro años se hubieran recogido los efectos electorales de políticas transformadoras en lo social y lo político. 

Tan transformadoras como las de las derechas, por cierto, pero en otro sentido. La sociedad habría podido hacerse consciente de la importancia de un sistema tributario justo, de una educación pública de calidad, de unos medios plurales y abiertos, de una economia libre de oligopolios y corrupción. La sociedad que tuviera que votar entonces no tendría por qué  parecerse a la que vota ahora, tan temerosa. El elefante dentro de la serpiente se podría desplazar hacia su costado izquierdo, el lomo del dragón se habría combado hacia en una nueva curva, porque el peso del jinete cuenta. 

Como decía el filósofo Foucault, la potencialidad más importante del poder, la que más hay que temer o solicitar, no es reprimir, sino crear.

Desgraciadamente el PSOE siempre ha sido un partido cobarde.


Podemos, Cataluña y el infierno de las oportunidades perdidas.

Sean cuales sean los resultados de las elecciones del 10 de noviembre hay un hecho que en lo que se refiere a las posibilidades de un cambio real en España es indudable:  La ola de cambio que partió de la puerta del sol el 15 M ha muerto en las orillas de Cataluña.

El conflicto catalán ha sepultado cualquier esperanza de centrar los debates sobre la cuestión de la desigualdad, del reparto  de las cargas de la próxima crisis o de la necesidad de cambios en el sistema productivo. Es tan central que explica la deriva de Ciudadanos, la explosión de Vox, las derechización del PSOE.

La responsabilidad de este desastre es compartida, es desde luego un resultado buscado por la derecha, y se les puede felicitar, han conseguido lo que buscaban. El conflicto  catalán le ha venido como un guante a la derecha española para acallar otros debates más peliagudos . Ya sabemos, las banderas tapan todo. 

 Y no hay que olvidar la responsabilidad de los partidos independentistas que han jugado claramente la carta del cuanto peor mejor, sin importarles los efectos que pudiera tener su via unilateral en las posibilidades de cambio en el resto del Estado. De hecho para mí son los principales responsables,en primer lugar porque son quienes deciden los pasos, la acción, los demás se limitan a responder,  y segundo por su pésimo cálculo de la reacción del Estado.

Pero  quiero hablar de la responsabilidad de Pablo Iglesias. No porque piense que la suya sea especialmente grande en comparación con los otros actores. Sólo porque exijo más a quien siento más cercano.

En una reciente entrevista en “El Diario”, Pablo Iglesias  reconoce que un referéndum no es viable ahora mismo en Cataluña en el corto y medio plazo, y  que su partido no puede imponer esta salida dada la actual correlación de fuerzas.

 Hagamos un pequeño ejercicio de traslación temporal, supongamos que estas declaraciones se realizan en  diciembre de 2015. Podemos ha obtenido más de 70 diputados y en el Comité Ejecutivo del PSOE se reùne para analizar la política de pactos a la que se ven forzados. La decisión final fué no ofrecer gobierno de coalición a los de Iglesias, para ello la insistencia en el referéndum como salida a una situación catalana mucho menos tensa que la actual es la razón, o la excusa,  que esgrimen los pesos pesados del partido.

La decisión de Podemos de pedir entonces y desde entonces siempre,  la celebración del referéndum, con efectos contundentes, decisivos para la continuidad del estado, pues asumía que tenía que tener efectos  jurídicos y vinculantes que obligaban a una independencia casi automática si vencía el “sí”, para lidiar con un conflicto que ahora sabemos sólo estaba comenzando a brotar suponía aceptar la petición de máximos de los partidos independentistas.  No en su contenido, que era la independencia, pero sí en su procedimiento . Apoyaba una herramienta de su estrategia de enfrentamiento. 

¿Era realmente necesario un referéndum en ese momento ? el consenso político sobre el referéndum no existía , ni en España ni en Cataluña.  La exigencia soberanísta de referéndum vinculante y decisivo no fué nunca inocente, pero Podemos la asumió acríticamente. 

Que la propuesta de referéndum era,  por parte de los independentistas una herramienta más en su escalada  de ampliación de la base y de presión sobre el estado lo demuestra su determinación el 1 de octubre. Al aceptar Podemos el marco político que pedían los independentistas, sin cuestionar su pertinencia política, su falta de neutralidad,  convertía a Podemos a ojos de millones de españoles fuera de Cataluña en un cómplice objetivo de la escalada de posteriores de acciones unilaterales por parte del movimiento secesionista.

 Cuando se habla dentro de Podemos de las razones de la pérdida de votos se habla muy justamente de la campaña de desinformación y mentiras, se reconoce el efecto destructor de las luchas internas, pero se minimiza la desafección que el apoyo a la herramienta propuesta unilateralmente por los soberanísta produjo. Podemos no percibió que el soberanísmo estaba dispuesto a poner a prueba la solidez del estado sin importarle las consecuencias, y que la reclamación del referéndum iba a ser el ariete empleado, precisamente.

Que el referéndum fuera la mejor herramienta de solución del conflicto de forma inmediata era, y es, discutible. Puede ser un paso necesario a dar, pero no tiene porque ser el primero ni tiene por que aceptarse como posición de partida. No creo que sea difícil de entender que el estado español puede llegar a asumirlo, pero siempre como posición de llegada de una ardua negociación o proceso constituyente: la insistencia de Iglesias en aceptar el referéndum, repito, un marco de político definido desde el soberanísmo y para el soberanísmo, alienó  cientos de miles de votos fuera de Cataluña, sin que dentro de esta proporcionara una mayoría tan potente que justificara el riesgo. No era necesario fuera de Cataluña, y dudo que fuera la única salida política dentro.    

Como en tantos otros errores de Iglesias, con el tiempo esta osadía se ha ido matizando y  ahora templa, reconoce que no es posible a corto o incluso a medio plazo. A buenas horas, Pablo. El daño está hecho. Para millones de españoles ( seguramente desinformados, si, pero potenciales votantes)   Podemos se alió con quienes quieren destruir el estado español.

Y desgraciadamente las clases populares le tienen apego a un estado fuerte, por buenas razones. Son muy conscientes, a su manera,  de que para compensar los excesos del capitalismo hace falta estado. Las amenazas a su fortaleza no son bien recibidas. El estado es un contenedor, cada partido victorioso, sólo un contenido.

Sospecho que los sectores más duros de Podemos imaginaron que un referéndum en Cataluña forzaría una reforma constitucional en profundidad que daría la puntilla al viejo regimen del 78 salido de componendas con las élites franquistas. Qué ingenuidad, como si los que están enfrente no supieran que precisamente ese era el riesgo que tenían que evitar, como si los únicos que pensaran , y supieran, que lo importante son las correlaciones de fuerzas fueran profesores de políticas. Como si la ley de que a toda acción sucede una reacción de igual capacidad destructiva se limitara al campo de la física newtoniana.

El daño está hecho y es irreversible, las esperanzas de que Podemos se convirtiera en un movimiento de masas central se han disipado hace tiempo, Iglesias, a pesar de sus templanzas , aún puede recurrir a la guerra de posiciones, en eso estamos ahora, pero la victoria  nunca estará tan cerca como en ese diciembre de 2015.

A estas alturas sólo Carolina  Bescansa , ya fuera del partido, propone herramientas complejas de reforma constitucional donde el referéndum efectivamente se coloca al final de un largo proceso de consensos y garantías, que obligaría a crear amplios consensos políticos y sociales. unas propuestas que podrían haber permitido, al menos discutir una tercera vía. Pero con las calles catalanas incendiadas, con Vox agitando la bandera arrastrando el voto más peligroso, con los puentes rotos y muchos  tirando piedras a los pocos ingenieros que intentan volver a tender precarias pasarelas.. ¿ A quién le importa ya lo que diga Bescansa?