Ayuso y “el modo de vida madrileño”

Hoy, en un mitín de la campaña para las elecciones del 4-M nuestra ínclita, impetuosa Ayuso ha reivindicado el atractivo que ejerce el “modo de vida madrileño” sobre todos los periféricos y los ultramarinos.

Frasecita importada directamente de la capital del Imperio, porque es una simple traducción del “modo de vida americano”. Del american way of life al madrileño way of life. Así de crudo y evidente es el origen donde rebaña las ideas M.A.R., Miguel Angel Rodríguez , la cabeza pensante detrás de esta cabecita hueca. Lo que insinúa, deja traslucir esta importación burda de ideología yanqui es que el crecimiento migratorio de Madrid es producto del atractivo de la sociedad americana, digo madrileña, llena de oportunidades para los que quieren llegar a ser Amancio Ortega aunque hayan empezado vendiendo camisetas en un mercadillo, foco atractor ( o sumidero succionador, según los resentidos ) de los más valiosos provincianos seducidos por sus agitadas noches y por su oferta inmobiliaria.

El modo de vida madrileño, esa forma de vida tan libre de ataduras y de servidumbres es la que está vaciando las comarcas sumidas en el comunismo y los alquileres baratos. Cómo no entender estas riadas de zamoranos, venezolanos, jienenses, orensanos, paquistaníes que cada semana se abalanzan sobre la ciudad en busca de un futuro libre de Nicolás Maduro, de centros comerciales cerrados en festivos y del olor a oveja por las mañanas.

El terraceo, el tardeo, el Bernabeu, Las Ventas, los atascos nocturnos, las banderas nacionales de 7 metros en cada rotonda disponible del Foro son imanes irresistibles, atractores que emiten sus ondas concéntricas más allá de nuestras fronteras autonómicas ejerciendo un tirón ante el que nada significan los alquileres carillos, las miles de horas abandonadas en recorrer 30 km del trabajo a casa o las millones de horas extras cedidas por esa vieja costumbre madrileña ( de los tiempos de Arniches según dicen) de calentar el asiento hasta que el jefe “se las pira” o “se abre” (para los que tienen la desgracia de no ser madrileños de sangre o adopción: se va).

Ahora que las encuestas amenazan con torcerse del justo bien yo le propongo a M.A.R que le proponga a I.D.A. levantar un muro que recorra las fronteras de la Comunidad, de Somosierra a Aranjuez, de Estremera a Peguerinos para que los refugiados económicos centrifugados se vean obligados a saltarlo nocturnamente, a lanzar cabos engarfiados, incluso que alguno luzca enganchado exangüe y fotogénico en el alambre de espino, para alimento de prensa y twitteros con foto de Clint Eastwood en el perfil y banderita.

Y que el muro lo paguen los catalanes, por una vez y sin que sirva de precedente: “que apoquinen” (léase separando bien las sílabas).

Para que vean propios y extraños que el Madrid es más que Madrid, es España es Madrid y Madrid es España y no hay nada como café con leche en la Plaza Mayor. Acompañado de un bocata de calamares, por supuesto.

Firma y saluda, echándose la mano a la parpusa, el menda, un madrileño con cuatro abuelos madrileños.

La izquierda madrileña, la ceguera que te condena a la derrota.

Probablemente la izquierda madrileña vuelva a perder las elecciones, a pesar de la valentía y de la habilidad táctica del gambito de Pablo Iglesias al abandonar nada menos que la vicepresidencia segunda del gobierno para volver a dar opciones a la izquierda en una partida que tenía dramáticamente perdida ante la convocatoria de elecciones anticipadas por parte de Isabel D. Ayuso. Sin embargo, la audacia del movimiento muestra las debilidades que busca paliar: si hay que recurrir a mover el rey es porque la pieza que estaba en el tablero, Isa Serra, carecía de fuerza para evitar la catástrofe posible de quedar fuera del parlamento autonómico. Si el PSOE se puede permitir presentar a un individuo tan inane como Gabilono y Podemos ha de usar la carta más alta ¿no es porque el voto socialista es mucho más firme que el podemita? ¿ no es un síntoma manifiesto de la debilidad estructural del edificio levantado primero, precisamente, en Madrid por Iglesias?

Pero este movimiento denuncia otra falta más:  Iglesias sale del gobierno porque el desgaste constante de su esfuerzo por conseguir, hasta ahora sin apenas resultados, que el PSOE cumpla con los acuerdos firmados lo está pagando fundamentalmente UP con la desilusión de su propia gente: si Sanchez no puede hacer su política se debe más a la pandemia que a las restricciones de un programa pactado con otro partido. La reforma laboral, la ley mordaza, los alquileres, ni siquiera el voto rogado, nada de lo firmado se ha cumplido todavía, y a pesar de ello Iglesias había de sostener las buenas relaciones intergubernamentales porque carece de alternativas. Al menos fuera del gobierno recuperará cierta autonomía frente a Sanchez, magra ganancia.

Pero no es la huida táctica de Iglesias la que va a convertir Madrid en un territorio menos hostil para la izquierda. 

Este rechazo no va a ser superado por el más brillante driblador porque es de naturaleza estructural, sociológica. No voy a volver a hablar de la ingeniería social muy hábilmente aplicada por el PP a la sociedad madrileña para convertirla en una sociedad permeable a la lluvia fina del discurso liberal, ya me referí a ello en estos otros artículos:

La sociedad madrileña es ya la de mayor PIB per cápita de todo el estado, miles de ciudadanos de otras comunidades y de otros países buscan hacerse un hueco en una economía dinámica, esto es conocido. Se ha creado una activa clase media que califican los sociólogos como aspiracional: los habitantes de los PAUs ( nuevos barrios del norte de la ciudad), o  los de la corona suburbana de adosados a 20 o 30 km de la Puerta del sol  “aspiran” a un buen nivel de vida a través de trabajos en el sector servicios,  como autónomos o como pequeños empresarios. Miles de pequeños negocios, nacen y mueren cada año,  cientos de empresas se reubican, contratan, abren o marchan. En una economía tan estrecha como la española la actividad madrileña es pura destrucción creativa. La importancia de estas nuevas clases aspiracionales va más allá de su número, son las que marcan el paso al resto de la sociedad, son las clases culturalmente hegemónicas.

Cuando a los intelectuales de la izquierda madrileña se les señala su escaso voto en esta  capa de nuevos madrileños, la respuesta, no exenta de soberbia, es que estos nuevos grupos sociales  son clases “wannabe”, del inglés “want to be”: aspirantes  ingenuos a ser el siguiente Amancio Ortega que ignoran que sus posibilidades reales son irrisorias, que las grandes empresas y las buenas familias juegan con cartas marcadas y que su visión de cómo es el mundo empresarial es una construcción idealizada desde los medios liberales de educación y de prensa y desde la biografía personal; muchos se creen cercanos al éxito, pero muy pocos tienen posibilidades reales de ascenso social, al albur de un golpe de suerte, de contactos sociales o carreras profesionales que ya partan  favorecidas por caros másteres en el extranjero y buenas conexiones.

Hay cierta verdad en esa antropología cínica de las nuevas clases medias madrileñas, es muy posible que muchos de ellos, al final, consuman sus años productivos en trabajos sobreexplotados sin compensaciones, o en quiebras de sus negocios, pero en su vida actual, en sus deseos y sus valores de ahora mismo, esos pronósticos no importan ni cuentan.  Lo que sí les importa a estas personas es su deseo actual, sus esperanzas y sus ilusiones presentes, y lo que olvida la izquierda es que los valores de las personas, aquello que determina qué votan y por qué votan , está directamente conectado con la actividad efectiva, propia de cada día.

 Dicho de otro modo, si tu esfuerzo desde que amanece hasta que vuelves a casa significa que crees en tu trabajo duro, en las oportunidades del mercado, si crees que tu sociedad es y debe ser un terreno de juego en el que el mérito y el fracaso tienen que ver con las ventajas que te da una sociedad abierta a la renovación y el cambio económico y tecnológico, tus valores implícitos o explícitos no pueden despegarse de ese comportamiento.   

La derecha  sí ha emitido un discurso político coherente con los valores subyacentes a esas nuevas clases medias y lo ha orientado en su provecho: se han hecho con la marca del discurso del emprendedor, de “la España que madruga”, se han declarado los defensores de los pequeños empresarios y autónomos, de sus valores de esfuerzo, riesgo y pragmatismo.  El éxito ha sido evidente, barren a la izquierda en estos terrenos, y han sido capaces de convertir esta cáscara discursiva en un suelo de votos férreo.  Y sin embargo debajo de esa cáscara  las políticas económicas del PP han favorecido a los grandes empresas y oligopolios ,en detrimento de un mercado realmente abierto y equilibrado.   

¿Y qué ha hecho la izquierda, mientras tanto ?¿qué ha ofrecido a estas nuevas clases madrileñas en constante mutación que tenga que ver con sus vidas reales, con sus valores implícitos? ¿Es lógico esperar a que estas personas se desencanten, fracasen o se sientan abusados en sus empleos para que entonces voten a partidos progresistas, a que sean capaces de elaborar la conexión en su conciencia entre sus desastres personales y las reglas impuestas desde los grandes poderes económicos? ¿Y si eso nunca ocurre? ¿En esto tienen que depositar sus esperanzas los partidos de izquierda para que cambie la marea? ¿Y para las clases medias que se libren del desclasamiento y el empobrecimiento no hay otra oferta que la del PP y Vox? 

La izquierda no puede esperar que miles de trabajadores y autónomos realicen un sesudo ejercicio de reflexión sobre sus propias condiciones laborales y los condicionamientos del sistema neoliberal  para entregarles su voto. Este se decidirá según viven aquí y ahora, de cómo trabajan y qué esperan conseguir con su trabajo.

La destrucción de miles de pequeños negocios por la expansión sin restricciones reales de las grandes tecnológicas como Amazon, Ali Express o Google, la carencia de protección de los pequeños hosteleros frente a la expansión de cadenas de restaurantes en manos de fondos de inversión internacionales en la ciudad de Madrid, las dificultades burocráticas y los costes administrativos de las pequeñas empresas, la realidad de un mercado trufado de ventajas y leyes favorables a grandes empresas etc, todo esto está casi ausente del discurso de la izquierda. En gran parte debido al desagrado, al rechazo visceral que la actividad empresarial privada provoca en los ideólogos de la izquierda tradicional. 

El famoso asunto del chalet de Pablo Iglesias es sintomático de esta ceguera.  El problema no fue su muy humano y compartible deseo de vivir en el mejor sitio que se pueda permitir con su familia, sino su desdén previo, en una conocida entrevista televisiva  “a quienes se aíslan en urbanizaciones privadas”.  El error no es vivir, o  desear vivir en un chalet estupendo en un entorno agradable, el error es menospreciar a quienes viven o tienen ese deseo. El éxito se ha  convertido en un producto exclusivo de la estanteria de la derecha, por eso la derecha se indigna ante el chalet,  por eso la izquierda tiene dificultades con el chalet. 

El deseo común, como el sentido común, es de derechas, al menos tal como está constituido en nuestra sociedad; esto requiere otro artículo para ser explicado, pero al menos ahora, la izquierda podría evitar empeorar sus opciones. 

Desaparecida la clase obrera industrial por el cambio de modelo económico, la izquierda no puede confiar exclusivamente en los votos de aquellos  perdedores condenados a ser expulsados por el sistema, o en los jóvenes precarizados, porque ese voto, tan proclive a la abstención,  nunca será suficiente para expulsar a la derecha del poder.  La izquierda puede intentar paliar sus falta de agarre en los valores ipropios de las clases medias con dosis de feminismo o ecologismo, pero eso nunca será suficiente, porque el hombre es lo que come ( decía  Feuerbach, citado por Marx). Es decir, el hombre es de lo que come. 

En fin, en la izquierda madrileña alguien debería ser consciente de que  no le basta con el voto de los herederos del 15M,  que solo una alianza política  inter-clases tiene posibilidades de ganar Madrid, y que para ganar esa alianza no se puede estar ciego y sordo a las necesidades prácticas y a las esperanzas de quienes son los grupos sociales que han construido esta particular naturaleza de la sociedad madrileña.

El 4 de mayo, sospecho que esta lección, una vez más, seguirá sin ser escuchada.

Cómo perder España en Madrid

Como madrileño, espero de los progresistas no madrileños que desechéis esa injusta moda de la madrileñofóbia,  y si este verano nos veis por vuestras tierras nos inviteis a algo: nos lo deberéis. 

Porque después de los acontecimientos políticos de ayer, 10 de marzo, el favor que la política madrileña  está haciendo a la causa de la izquierda a nuestra costa es de agradecer.

Previsiblemente iremos a elecciones., Ayuso no es una mujer que nos seduzca con su brillantez intelectual pero sí es valiente, y ya sabemos por los clásicos que la fortuna favorece a los osados.

  La derecha , gracias a años de ingeniería social ha convertido el ecosistema madrileño en un fenómeno tan característico e inasimilable como pueda serlo el catalán o el canario. Como ya he comentado en otras entradas de esta bitácora, las peculiaridades sociológicas, y por tanto políticas de cada comunidad autónoma son cada vez más divergentes según transcurren los años. El estado de las autonomías ha producido este efecto; la política española tiende a ser un mosaico multifacetado,  cada vez más alejado de una imagen homogénea. 

Desde fuera de Madrid quizá no se sea consciente del nivel de movilización de la derecha (mantenido desde su estallido en 2017 gracias en gran parte al proces catalán), de la popularidad de Ayuso, y del éxito del populismo trumpista del PP y de Vox alimentado por su buscado enfrentamiento contra las medidas “socialistas”  de Sanchez sobre la pandemia. Hay que recordar que el movimiento cayetano nace y tiene su mayor potencia en Madrid.

Y frente a ello la izquierda madrileña aún ha sido incapaz de curarse de su afición por el desastre y el sabotaje auto-infligido: desde el Tamayazo, pasando por la pérdida de la CAM en 2015 por unas décimas al presentarse IU en solitario, hasta  el Errejonazo de 2019 , o la elección de candidatos tan inoperantes e insustanciales como Gabilondo o Isa Serra.

Hay un dato técnico, una  norma electoral propia de Madrid que  tiene un impacto decisivo en la política madrileña: para alcanzar representación parlamentaria se exige al menos un 5 por ciento de los votos. Esta cuchilla puede cambiar el signo de los resultados de las elecciones por márgenes mínimos, como ya pasó en 2015: entonces la derecha pudo formar gobierno porque la izquierda desperdició el 4,20 de los votos que obtuvo Izquierda Unida en solitario y que no tuvieron representación en la cámara: habría bastado que un par de puntos de ese porcentaje hubiera marchado al PSOE o a Podemos para que Cristina Cifuentes se hubiera ahorrado la elegía de las cremas y el master.

Según las ultimas encuestas, este filo mortal del 5 por ciento es acariciado por Ciudadanos pero también por Unidas Podemos, de modo que si en las elecciones esta ultima no alcanza el 5 por ciento , y Ciudadanos tampoco, una victoria electoral del PP aliado con Vox es muy posible.  A día de hoy, la movilización del voto de la derecha es segura, a la izquierda, desconcertada y dividida, está por ver.

El  efecto para las vidas de los madrileños de un gobierno de las ex-pupilas de colegio de monjas Ayuso y Monasterio puede ser espeluznante; si los no madrileños quieren hacerse una idea  de lo que nos tocará soportar les sugiero frecuentar los contenidos de  las emisoras de televisión TDT (concedidas hábilmente por Esperanza Aguirre)  13TV ( ligada al PP) y el Toro ( a Vox),  con el magro consuelo de que el infierno será breve, porque estaríamos obligados por ley a las siguientes elecciones en 2023, pero ¿y el efecto para el resto del país? 

Pues sospecho que la boda inevitable entre Ayuso y Monasterio, entre PP y Vox va a ser recibida con alborozo en Moncloa. La contaminación del PP con los tintes ultraderechistas va a construir un techo de hierro impenetrable para sus posibilidades electorales en muchas otras comunidades autónomas, y la pulverización de Ciudadanos favorecerá una estrategia de captura de votos al PSOE en esas zonas templadas. Si el PP confía en recoger los votos de los naranjas es que nuevamente confunde la política madrileña con la general. Basta recordar lo ocurrido en Cataluña hace un mes. La descomposición de Ciudadanos será asimétrica, siguiendo los moldes sociodemográficos de cada comunidad: es esperable que un madrileño ex-votante de ciudadanos no se encuentre molesto volviendo a votar al PP, pero eso no tiene por qué suceder con la misma fluidez para un votante andaluz o castellano.

Nuevamente el PSOE ocupará la centralidad política en una fotografía del conjunto del estado y el PP no tendrá ninguna posibilidad fuera de la ocupación de ciertos gobiernos autonómicos, porque su alianza madrileña con Vox, y las politicas reaccionarias que se deriven de esa alianza van a estar muy presentes en el electorado moderado. No creo que haya hombre más afligido por lo ocurrido ayer que Alberto Nuñez Feijoó….después de Casado. Aunque  Casado, desde ayer, ya es un muerto viviente. 

Por eso espero que el resto de los españoles progresistas seáis generosos, y agradecidos con nosotros, los progresistas madrileños, y nos recibáis tras la pandemia con algo de afecto, ayer fuimos sacrificados por la dama blanca del trumpismo madrileño.  Pero su partido habrá perdido a su líder y la partida de la centralidad del tablero nacional ante el PSOE por unos cuantos años.

Es gravoso el precio de confundir Madrid con España.

Guerra civil capitalista

La mejor política industrial es la que no existe” 

Carlos Solchaga, ministro de Economía y de Industria de los gobiernos de Felipe Gonzalez (1982-1993)

 

China se está sirviendo su venganza sobre Occidente bien fría, tan fría como puede estar tras 120 años de espera desde la terrible humillación sufrida  por ellos durante el levantamiento de los Boxer en 1901

 Romantizada para nosotros por Nicholas Ray en la película 55 días en Pekín, fue una de las muchas derrotas que tuvo que digerir el anquilosado imperio chino a manos de las naciones occidentales durante el siglo XIX y principios del XX. Cada derrota añadió una nueva imposición, en un crescendo que buscaba la apertura por la fuerza de los mercados chinos, de su espacio físico e incluso de su moneda, imponiendo decisiones con efectos inflacionarios que obligaron a cambiar su sistema monetario, como sucedió  tras las dos guerras del opio perdidas.

Si volvemos la mirada al presente vemos que tras el fracaso de la alternativa soviética  la geopolítica actual se define a través del enfrentamiento entre dos modelos de capitalismo. El capitalismo financiero transnacional occidental, cuyos actores principales son enormes multinacionales tecnológicas como Amazon y Google,  y fondos de inversión como Blackrock, Goldman Sachs… y el capitalismo de base nacional chino.

La victoria de los grandes gigantes financieros occidentales tuvo su raíces en la imposición de los principios económicos del  llamado Consenso de Washington a todo Occidente y a los países dependientes. Para quien no lo conozca  el consenso de Washington es un conjunto de recomendaciones, más o menos imperativas, que han constituido el corazón de la ortodoxia económica desde 1989, y han marcado el destino de miles de millones de habitantes del planeta. Este “consenso” se fraguó por y entre el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el departamento deI Tesoro de EEUU. El contenido de este  consenso se puede resumir en los siguientes puntos:

1: Control y reducción del gasto público para la eliminación de los déficit fiscales de los estados. La famosa austeridad fiscal, en definitiva.

2: Eliminación de subsidios y redirección de los recursos liberados a la inversión.

3 Reformas tributarias.

4: Tasas de interés fijadas libremente por los mercados.

5: Liberalización del comercio.

6: Eliminación de las barreras  a la entrada y salida del capital extranjero.

7: Privatización de las empresas estatales.

8: Abolición de regulaciones que protejan  de la competencia a sectores económicos nacionales.

9: Protección de los derechos de propiedad de los inversores, especialmente los derechos de propiedad intelectuales.

En resumen, el consenso de Washington recomendaba( o imponía, según fuera el grado de dependencia de los países con respecto a los créditos del FMI , Banco Mundial y grandes bancos de inversión de Occidente)  que las legislaciones de los países se modificaran para permitir la libre entrada, y también, por supuesto la libre salida de  los capitales extranjeros, la eliminación de leyes  que protegieran a determinados sectores de sus países de la competencia internacional, la privatización de sus empresas estatales y la protección de los derechos de propiedad de las multinacionales más allá de las regulaciones nacionales.

¿No les recuerda todo esto a lo que ocurrió en España desde mediados de los años 80  con la industria nacional? Al fin y al cabo el ministro de economía más influyente de Felipe Gonzalez afirmaba que España no necesitaba ninguna política industrial.

Si se nos ocurre comprobar el grado de adhesión de la exitosa  economía china  a las directrices  del consenso de Washington  nos encontramos con que aquella sistemáticamente los ignora o los contraviene: el capital extranjero en China está sometido a fuertes regulaciones, restricciones y límites según  las conveniencias estratégicas chinas. Los tipos de cambio están decididos según considere la dirección económica del partido comunista chino (es una idea generalizada considerar que el yuan está sistemáticamente e intencionadamente  infravalorado). Ahora, echemos un vistazo a las 20 empresas chinas de mayor tamaño. De ellas, en sólo dos el propietario último no es el estado chino. Una de ellas una empresa de seguros, la otra se dedica al entretenimiento.  Incluso  empresas de productos de consumo tan conocidas como Huawei son propiedad de la República Popular China. Repito: solo dos de las mayores empresas chinas no son de propiedad estatal. 

Sobre la falta de respeto de los empresarios chinos a la propiedad intelectual extranjera ( patentes industriales, marcas) no creo que que haya que añadir explicaciones.

Parece evidente que China no ha necesitado de los consejos del FMI, el Banco Mundial  o los dirigentes de la economía americana para triunfar, y es legitimo sospechar que lo sensato para ellos ha sido, justamente, orientarse en dirección contraria.

Mientras que China se convertía en la gran potencia emergente del siglo XXI en los países occidentales el crecimiento de trasnacionales se conjugaba con un empeoramiento  de las condiciones de vida de su carta de presentación más fuerte, las clases medias. La desregularización financiera y la liberalización de los  mercados de capital y trabajo ha incrementado la potencia de los poderes financieros trasnacionales del capitalismo de occidente , pero sus sociedades han pagado por ello: las políticas económicas neoliberales implican estados más débiles, con menor capacidad de influir en su propia economía. Es el  mercado, amigos, quien decide. Pero también la igualación por abajo de las condiciones laborales: el hecho de que una orden electrónica de traspaso de capitales pueda mover en segundos millones de una punta  a otra del globo a la caza de unos decimales de beneficio adicional da al negocio financiero apátrida todo el poder. La gran jugada de la liberalización es que este movimiento continuo  no tiene costes. Pero los trabajadores locales  se ven abocados a competir por esa inversión con otros trabajadores de países a miles de kilómetros de distancia. Y puesto que no se pueden proteger con leyes nacionales las condiciones de cada país en particular (recuerden, punto 8 del consenso de Washington) la competición necesariamente se convierte en una puja laboral a la baja.

De modo que cada incremento de fuerza de los triunfadores occidentales, el poder financiero,  socava un poco más a sus propios estados de origen. La multinacionales europeas y su financiarización ha tenido un efecto fragilizador de sus estados, al trasladar su producción a China y sus beneficios a fondos de inversión globales, es decir, han debilitado a Europa y sus sociedades. 

Sin embargo la expansión brutal china solo ha reforzado al estado chino. Quizá porque el partido comunista chino ha impedido la “globalización “ de sus exitosas empresas multinacionales. Globalización tal como la entendía el consenso neoliberal. El Partido comunista chino ha conservado memoria de las traumáticas relaciones de su país con Occidente en el pasado, y ha interpretado el consenso de Washington como otra forma de extender en el tiempo y en el espacio el dominio de Occidente.  El odio que despierta China en las élites económicas americanas es genuino, no se debe solo  a una respuesta populista a la deslocalización de fábricas. Es el odio a quien se ha creído con el derecho a no creerse las consignas de la ortodoxia económica occidental, que se ha negado a aceptar su sumisión y ha salido triunfante en el desafío. Cómo no van a odiar los altos funcionarios del Tesoro estadounidense, los ejecutivos de los bancos de inversión, los gestores de los grandes fondos de inversión americano a los dirigentes chinos, si son los únicos que se les han resistido.

Cuando los trabajadores gallegos de Arcerlor-Mittal se ven arrojados al paro por la multinacional americana apenas pueden contar con la ayuda  del estado español, aherrojado por los tratados que le obligan a respetar las inversiones y los acuerdos de sus socios occidentales. Cuando  los pequeños comerciantes europeos se ven obligados a cerrar ante la competencia inmisericorde de Amazon los gobiernos europeos apenas son capaces de aprobar un ridículo impuesto que no compensa en absoluto los miles de pequeños negocios destruidos. 

La economía política china no es  exportable. No hay razones para que Occidente tema una expansión ideológica antagónica, como sí ocurrió durante la anterior guerra fría con la URSS. El modelo chino no puede replicarse en Europa, en España, por muchas razones, la primera , porque el estado español carece de las herramientas ( empresas públicas, control político de las masas)  de las que ha dispuesto por historia, el partido comunista chino.   El éxito actual  de China reside en sus decisiones politicas valientes y en sus propias tradiciones culturales.  Pero la continuación acrítica del modelo que imponen las grandes transnacionales solo puede llevar al desastre a Europa: al debilitamiento de los estados y el vasallaje a EEUU en su lucha por la hegemonía con China.

La distopía de sociedades occidentales esculpidas por la voluntad de los operadores financieros globales no es tal distopía, es nuestra realidad. Las grandes ciudades de Europa se transforman: sus comercios idiosincráticos, locales, quiebran mientras triunfan empresas de distribución electrónicas servidas por trabajadores precarios emigrados de las cuatro extremos del mundo, los bares y restaurantes pasan a manos a manos de franquicias que a su vez son poseídas por fondos de inversión globales, quienes también compran miles de viviendas para alquilar, con tal  poder de mercado que determinan las tendencias de los precios. los politicos locales se alian con los fondos internacionales para abrirles las puertas a la inversión y la explotación de servicios públicos que antes eran gestionados por funcionarios , segun reglas propias. Las empresas radicadas en paraísos fiscales caribeños  localizan sus servicios financieros en megaciudades del  sur o del este de europa, sus equipos de informática en la India y sus suministradores en el sudeste asiático. De un lado la capacidad de decisión se concentra cada vez más en pocas manos, del otro la capacidad de resistirse se fractura y aromiza por todo el globo.

Y mientras, China, la perdedora de la guerra de los boxers y las dos guerras del opio, no olvida que es el país que construyó la Gran Muralla.  

Europa ha sido un continente creativo. Esta vez, entre la subordinación a poderes ajenos a sus sociedades y la imposible alternativa china, por pura supervivencia, necesita crear de nuevo su propio camino de salida.

Calle sin salida

Pensar no tiene por qué ser un ejercicio placentero. Al revés que escribir para satisfacer como se pueda  fantasías y deseos. De hecho aplicarse al esfuezo de avanzar en el pensamiento honesto puede ser una tortura, un síntoma de masoquismo y de cierto desequilibrio psicológico. Pensando intentamos dar una solución a un nudo, a una dificultad de lo real, pero nos resistimos a que el resultado de esa elucubración  concreta sea incómodo, incongruente, inencajable con lo que pensábamos antes de ese esfuerzo. Sin embargo el resultado bien ceñido a la lógica y a cierta verdad no tiene por qué respetar nuestras ideas previas.La pereza intelectual puede ser un efecto del amor a nuestras convicciones.

Dejo las generalidades y vamos al grano.

La crisis pandémica se está sumando a los problemas irresueltos de la crisis financiera de 2008. Afloran las debilidades de Occidente y los límites del crecimiento de su modelo. Quizá el común de la gente no es  capaz de reflexionar en términos macroeconómicos y geopolíticos, pero si acusa la sensación de que la  promesa de crecimiento, de ascenso social y progreso generalizado está acabada. Esa  ruptura de expectativas no es cualquier cosa. Los ciudadanos occidentales desarrollaron una adhesión a sus sociedades, a su sistema político y ecónomico porque compartían el sentimiento de que eran  sociedades razonablemente eficientes, que el capitalismo tal como se desplegaba era fuente de conflictos pero también de riqueza, en definitiva, amor, apego e identificación no son solo pegamento entre individuos. Se pueden sentir por tu sociedad, por su forma de gobierno. Esta identificación y esperanza explican la escasa penetración política de alternativas  a izquierda  (comunistas) o derecha ( fascistas) que cuestionaran la raíz del estado de las cosas. 

Es sencillo, si tu país tiene futuro abre la puerta de un buen futuro para ti  y tu familia. 

Las crisis sucesivas han desconectado, sin embargo  a las clases medias occidentales del ascensor social.  Las élites económicas han despegado y se han independizado de sus raíces nacionales, son una clase global que prospera en otra dimensión, y a salvo de la peor pesadilla de los trabajadores occidentales: caer en la escala social, la pobreza, el cierre del futuro para los hijos.

La destrucción de esta expectativa de progreso tiene como consecuencia lógica, ya se ha dicho frecuentemente, el aumento de las opciones políticas que estaban en los márgenes, más radicales. El gran error de los partidos de izquierda es dar por hecho que esta frustración colectiva va a manifestarse en los mismos términos de interpretación de la realidad ( quién es el culpable, cuáles son los remedios ) que son los del tradicional recetario político izquierdista ¿por qué  tendría que ser necesariamente así ?.

 De lo que se lamenta el votante es de la pérdida de algo que consideraba suyo, ese algo era esa sociedad progresiva, razonablemente meritocrática y también despreocupada, ese lugar le ha sido robado, y  genera su furia y orienta su voto.  ¿ quién ha sido ese ladrón del futuro? el trabajador común no va a elaborar la respuesta a esa pregunta desde el mismo lugar que un politólogo.  

Su añoranza política se orienta, precisamente , a recuperar un pasado prometido, no a inventar un futuro nuevo.  De ahí  su dificultad a la hora de adherirse a programas que colocan en primer lugar conceptos como la sostenibilidad,el feminismo o las nuevas relaciones laborales desde la óptica de las nuevas tecnologías, de ahí su manifestación electoral conservadora: sse ha manifestado en el triunfo del Brexit o el éxito de Trump.  Los británicos miraban atrás cuando decidieron parar su integración con Europa, los americanos se aferran a una imagen de América amenazada cuando rechazaron a la liberal Hillary Clinton.  Ellos quieren recuperar su lugar en una vieja sociedad añorada, la del empleo fijo, los sueldos suficientes, las viviendas accesibles, el avance social de los hijos; frente  a ello  la aceleración del mundo que puede asociarse a propuestas liberales y progresistas, es vista con creciente desconfianza.

Aconsejo leer de vez en cuando foros de extrema derecha: ir un poco más allá del rechazo que provocan su afición al bulo interesado, el odio generalizado, la ignorancia. Su enemigo es una hidra enorme dotada de muchas cabezas que abarca desde el globalismo neoliberal que acaba con los pequeños comerciantes y los viejos oficios a la amenaza a viejas tradiciones e identificaciones que ellos  ven en el feminismo o el ecologismo. Confunden causas con consecuencias, actores con víctimas, pero su reacción visceral es el rechazo a esta transformación veloz de su entorno por procesos que saben que las viejas palancas nacionales y comunitarias no sirven para combatir esta aceleración.

Las sucesivas olas de inmigración económica antes de ser políticamente traducibles en términos de solidaridad de clase (como si hubiera una sola clase trabajadora, como si las clases fueran una sólida roca, casilla de llegada y no el fruto  de múltiples determinaciones ) son vividas en la inmediatez cotidiana de la degradación de los barrios, la competencia por empleos cada vez más escasos y por prestaciones sociales en constante retroceso. 

El éxito de la ultraderecha, de Vox en el caso de España , es que se despliega como respuesta a una amenaza hacia lo propio, lo conocido: por ejemplo, si la apropiación de la bandera española ha tenido tanto éxito fué (además de que por razones históricas: la izquierda nunca se sintió cómoda con la bandera borbónica) porque irrumpió el proceso de independencia unilateral de Cataluña y la amenaza de ruptura súbita de lo que se sentía emocionalmente como un patrimonio familiar heredado generacionalmente, la nación española. 

Si la nueva izquierda española , es decir Podemos padece un descenso continuado de votos es, entre otras cosas, porque  las campañas contra ellos han conseguido revertir su imagen pública de  potencial palanca de cambio a una amenaza como cambio indeseado. Las derechas han alimentado y aprovechado esa percepción, la insistencia aparentemente ridícula en la venezolanización de España  trata de alimentar ese miedo a lo desconocido no querido.

Una sociedad igualitaria ante los sexos y las opciones sexuales, la perentoriedad de políticas que palien el inevitable calentamiento global, etcétera, tienen que asumirse por pura necesidad, por justicia y salud pública. Pero escuchen: el reenganche sentimental con las clases medias trabajadoras no va a conseguirse por allí. Lo revolucionario será reivindicar curiosamente cierta vuelta ( siempre mítica, porque hablamos de relatos) , a una sociedad donde el esfuerzo personal, el cumplimiento de las normas, la honestidad personal y social rendía sus frutos colectivos e individuales.  Donde la ciudad, y el pueblo era un entorno estable y de actores económicos conocidos, controlables, comprensibles. 

Donde el futuro vuelva a ser una posesión colectiva.

Es, repito, un relato mítico porque nada puede repetirse tal cual fué. Habrá de  modelarse ante realidades inflexibles. Por poner un ejemplo, los niveles de consumo y despilfarro de esa sociedad feliz de hace tres o cuatro décadas sabemos que son insostenibles.  Las fuerzas del cambio son demasiado potentes, pero el miedo y el deseo que brota de esta demanda tienen que ser escuchados.

 Porque si no se hace otros lo harán. 

De hecho otros ya lo han hecho: la figura retórica  preferida de la ultraderecha podría calificarse como la  Metonimia inversa, o la metonimia mentirosa: subrayan una parte para ocultar el todo. Por ejemplo, claman contra los MENAS o los inmigrantes musulmanes que llegan en patera pero silencian el beneficio de los empresarios ante los miles de inmigrantes latinoamericanos que permiten negociar salarios a la baja. Se quejan de las ocupaciones pero callan ante la destrucción urbana especulativa y la expulsión de miles de españoles del acceso a la vivienda. 

En definitiva, utilizan síntomas  y efectos parciales de los desastres que amenazan a las depauperadas clases trabajadoras , y que son sufridas por ellas sin que se sientan 

escuchadas para señalar como culpables a otras víctimas de la misma globalización neoliberal. 

Pero el éxito de su táctica reside  en que, se presentan como receptivos a esta angustia  de trabajadores amenazados por una degradación social de la que nadie les previno, y  hasta el día de hoy nadie les protegió.

La política pública en sociedades como las  nuestras,  amenazadas y probablemente en declive,  están muy afectadas por las emociones: la esperanza, el miedo, el peligro. Quizá alguien deberia escuchar y darles alguna respuesta que no sea una mentira piadosa (“saldremos mejores”), o una incitación al odio del diferente.  

Madrid por la mitad.

Un paseo por el paisaje urbano madrileño durante la Segunda Ola Pandémica.

La funesta manía de hablar en general, de clases medias impide ver que desde el punto de vista político tal cosa ni existe ni sirve para entender un ápice. Al menos en la Comunidad de Madrid, cada vez más segmentada, más polarizada entre el norte  geográfico y económico y el sur depauperado.

 Hay aquí una clase media-alta, cuyo envidiado nivel de vida no depende principalmente de un sueldo sino de rentas inmobiliarias, dividendos, beneficios empresariales, localizadas en urbanizaciones como Mirasierra, La Moraleja, o ya fuera de Madrid en urbanizaciones  exclusivas de la carretera de Burgos o la Coruña. Hay por debajo clases media acomodadas, que sí dependen mayoritariamente ( aunque no exclusivamente) de rentas por trabajo, pequeños o medianos ejecutivos, autónomos exitosos, altos funcionarios, técnicos muy cualificados como pilotos, abogados o ingenieros. 

Y hay una amplia clase media , menguante, de mandos intermedios del sector servicios, funcionarios, autónomos cuya frontera difusa con las clases más desfavorecidas se endurece o permea en función de los vaivenes  de las cíclicas crisis capitalistas.

En las dos primera categorías nada le puede ofrecer la izquierda, y menos aún Unidas Podemos. Son esas clases la manufactura acabada del enorme experimento de ingeniería social en el que  el PP de Esperanza Aguirre salió exitosa tras catorce años de transformación político, urbanística, cultural de la Comunidad de Madrid, tal como comenté ya en este texto: https://remadmalditos.wordpress.com/2019/09/09/madrid-bien-vale-una-punica/: Son el estrato social  ganador de su apuesta liberal. Su producto final, su trofeo.

En las amplias urbanizaciones de pisos que superan los 150 m2, con piscina, jardines y pistas de pádel, adosados, pareados de Majadahonda , Las Rozas, Montecarmelo, Arturo Soria el voto a las listas de UP es un ejemplar en vías de extinción, el apoyo abierto a sus posiciones un exotismo  a veces de riesgo. El mensaje liberal no sólo ha penetrado, ha conformado elecciones de vida, hábitos, decisiones: los niños se llevan a colegios concertados, quien puede se permite un seguro privado de salud adicional a la deficiente sanidad pública.

 El discurso meritocrático de la izquierda lo llevan de suyo. Les deja fríos, al fin y al cabo, los colegios, las universidades privadas,  los contactos laborales y familiares, las afinidades electivas que decía el otro, ya fluidifican el desafío fundamental de encontrar un buen  trabajo, uno acorde a su aspiración de reproducir su posición de clase. La defensa de lo público les es igualmente indiferente.

 El poso  que queda en la taza del café que les ofrece la izquierda , oreado e interpretado por los medios de comunicación que consumen habitualmente  es el de las ayudas y los beneficios sociales a los menos favorecidos. Es decir a los que ellos nunca serán, se parecerán, ni jamás se plantearán que compartan algo más allá de cuatro derechos básicos y la limpieza de la casa, unos del lado del empleador, otro del que limpia. O la mesa de restaurante, ellos de pié y de uniforme, nosotros sentados.

 Leídas  en términos racionales de coste-beneficio , las ideas de la izquierda para esta gente son un producto sin mercado, paja mojada, más impuestos quizá para financiar esas ayudas a los de abajo, moralina, demagogia para conseguir esos votos  menesterosos. Quizá algunas mujeres se puedan sentir apeladas por el feminismo militante, está bien. Pero al final lo que decide es lo mollar, la reproducción de clase y lo que puede garantizarla.

Pero ni siquiera es un problema de contenido de discurso, es su aceptabilidad como mensaje, siquiera el derecho a circular en estos grupos sociales del discurso político de Podemos ( o de Más Madrid, da igual) lo que está aún más negado porque la incesante campaña de los medios contrarios a la nueva izquierda ( es decir, en Madrid, prácticamente todos) ha alcanzado sus últimos objetivos.  

No solo han conseguido, como se buscó allá por 2015 y 2016 el objetivo de encapsular a la nueva izquierda al convertirla en un apestado político, unos partidos que estan  fuera de límites, de esos que dan derecho a un trato “institucional” .  Lo ha convertido en lo que proponía Joseph Goebbels en su punto uno de la propaganda política

Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; construir  al contrario en un enemigo único”. 

El enemigo principal, el estafermo a golpear, el dedo que apunta a la luna, la carnaza que sirve para desviar cualquier otra discusión que no interese hacia el cebo demonizado, convertido en caricatura, parodia, disparador automático de insultos y chistes, sumidero de odios y negación. Su mensaje tiene un viaje imposible, porque es el emisor del mensaje el que ha sido degradado hasta el punto de que cualquier emisión suya lleva la marca de nacimiento de lo despreciable. 

Es para mí evidente que Manuela Carmena, Iñigo Errejón y el resto de Más Madrid eran perfectamente conscientes del efecto mortificador, venenoso de la cercanía de Podemos a sus opciones de renovar la alcaldía de la capital.  Así se explica la maniobra (éticamente muy dudosa, tácticamente desastrosa)  de dejar con el culo al aire a Podemos en la capital a pocas semanas de las elecciones y  constituir a toda prisa una candidatura alternativa. El esfuerzo no rindió sus frutos porque ellos también habían sido el objetivo de  la destrucción de la imagen cívica, de su aceptabilidad por parte de los medios de la derecha ( “no te lo perdonaré jamás Carmena”). La derecha española no hace prisioneros, ni aprecia los matices. La política municipal , templada y no desequilibrada territorialmente pero embrionaria de Carmena,  no tuvo réditos porque sin medios de comunicación afines hoy en día es casi imposible comunicar un relato que proyecte hacia el futuro una nueva forma de gestionar nada, como una gran ciudad.  

En todo caso las razones de la derrota de Carmena son más complejas y algo deje escrito aquí: https://remadmalditos.wordpress.com/2019/06/17/y-la-arriesgada-apuesta-de-carmena-salio-mal/ 

Es por tanto esta  exitosa ingeniería sociopolitica de la derecha la que hace posible que personajes como Isabel Diaz Ayuso estén para estupefacción de todos empezando por la interesada, donde está  ahora. Pero aún más allá, este hábil modelado sociológico ha  determinado  el  impacto desigual de la pandemia.  Cómo el riesgo de infección sigue la misma traza nítida que la riqueza y  las oportunidades, cómo en los barrios acomodados, en este agosto las calles aún permanecen casi desiertas, los ordenadores parpadean en cada casa teletrabajando a salvo del contacto con los otros, los solitarios automóviles llevan a su destino a salvo a sus propietarios, los restaurantes extienden sus terrazas por las anchas aceras,  mientras que en los barrios madrileños más azotados por la pandemia ( Usera, Carabanchel, Vallecas) las calles rebosan de viandantes, la población inmigrante que habita esos barrios debido a los precios de los alquileres se hacina en pequeños pisos. Trabajadores ( españoles o no) de  hostelería, de  limpieza, y ( cáspita)  de servicios sociales privatizados o concertados como las residencias de mayores no sueñan siquiera con teletrabajar. Ancianos con pequeñas pensiones están obligados a usar masivamente el transporte público. Población sea cual sea su origen que no puede huir a segundas residencias o vacacionar semanas fuera de la caldera vírica madrileña.

Vista la terrible  gestión de Ayuso en lo que a ella concierne de la crisis sanitaria ( la gestión del gobierno central está siendo apenas un poco mejor, para nuestra colectiva desgracia) uno podría permitirse la maldad, la repugnante sospecha de que el equipo gestor de Ayuso es consciente de la desigualdad pandémica fruto de la desigualdad socioeconómica. Uno, miserablemente , podría  imaginar que  entendiendo que sus principales graneros de voto serán los menos afectados , y que en todo caso, son gente con posibles para permitirse aislamientos, test privados y teletrabajos, el equipo gobernante se puede ahorrar los enormes costes de montar servicios eficientes de rastreo, triplicar plantillas en la seguridad social pública, reabrir ambulatorios o cualquier otra medida que desde hace semanas se le reclaman y se ha resistido como gata panza arriba a asumir.  Y con los sustanciales ahorros así obtenidos proponer dentro de unos meses una nueva bajada de impuestos ¡ figúrense el golpe, el  impacto mediático, mientras el socialista Sánchez y los demás gestores autonómicos se ven obligados a subir impuestos, llega el paraíso thatcheriano madrileño y los baja ! ¡qué semanas y semanas de titulares, qué martillo. que digo martillo, qué puntilla de desnucar tertulianos de izquierdas en las televisiones y radios del Luxemburgo mesetario ! pero quizá yo, sólo yo,  sea un cínico sin escrúpulos. Ni que fuera liberal. 

Pido perdón. No, está idea mía es disparatada, peor, es una imbecilidad. Porque qué pasará cuando esas limpiadoras infectadas, asintomáticas o no ( de hay algo hay que comer, señora ) que de Usera, de Móstoles y Leganés  suban a limpiar los adosados de las urbanizaciones, cuando estas auxiliares de  Vallecas o Usera acudan a su puesto de trabajo en las caras residencias privadas de ancianos, cuando esos camareros de Orcasitas o Parla te sirvan en un restaurante nocturno a la vuelta de septiembre? 

 Nadie puede ser tan ignorante, tan necio, como para que no haya pensado en esto tan sencillo:  que el norte necesita para ser tan rico y satisfecho del pobre sur, de la habilidad de sus manos, de su aliento y de la salud de sus cuerpos.

Carta a un alto funcionario: ¡muévanse !

Los últimos días palpamos con las dos manos la artrosis y abulia de la administración que nos pagamos IRPF a IRPF: la renta mínima vital, esa última puerta en la vida de tantos, no ha alcanzado a cubrir el uno por ciento de las solicitudes ya presentadas, La Comunidad de Madrid después de rechazar a mil quinientos rastreadores ofrecidos por el Colegio de Médicos y de fracasar en su mendigar a mano tendida de rastreadores caritativos ( y ricos, trabajarían per gratia et amore) contrata a estas horas del diluvio a veintidós rastreadores a precio de oro blanco. 

Si quieren sentir en primera persona la pesadilla burocrática de un personaje de Franz Kafka intenten, les invito, a hacer alguna gestión en la Seguridad Social estas semanas.

Si ingenuos, tratan de solicitar una cita previa por el teléfono que se publicita para ello, la grabación impersonal al uso les remite a una página web en la que hagan lo que hagan, opten por la combinación de casillas y checks a los que opten, no son ustedes, ninguno, más listos que la máquina: al final de la secuencia les espera un absurdo cartel con letras rojas que les dice que no les pueden dar cita, que lo intenten por teléfono. Y si acuden en agostado cuerpo y desesperada alma a una oficina de “atención al público”, el funcionario en la puerta les impide el paso porque solo atienden, vaya por dios, mediante esa imposible , deletérea, inasequible cita previa. No les exagero, prueben a hacerlo.

Me confieso: soy familiar de funcionarios y por tanto no parto de ningún prejuicio ni manía ideológica. Conozco virtudes y defectos de primera mano. Y por eso sé bien cúal es el problema. No es otro de que la administración española (indiferente su nivel , municipal, autonómica, estatal, y da igual el partido que casualmente ahora sea el último responsable) tiene la cintura de un puente de hormigón armado, la agilidad mental de un moai, la capacidad de reacción de una tortuga de 100 años. Y todo ello fruto de una estructura organizativa en la que la capacidad de reacción ante una situación imprevista como esta es la de un trilobites petrificado hace trescientos millones de años: cero. 

Si las oficinas de la seguridad social funcionan, digamos de 8 a 3 de la tarde¿no se podrían organizar turnos de tarde, incluso de noche? ¿contratar a miles de parados con conocimientos de administración, gestión informática, papeleos, gestoría? ¿no se podrían haber organizado hace semanas equipos de rastreadores y haber testado sus capacidades con ejercicios y simulaciones como se entrenan en ejércitos y unidades de emergencias?¿ no se podrían haber utilizado los ingentes recursos estadísticos de la administración para analizar las causas de esta segunda ola en la que batimos records europeos? etcétera, etcétera, etcétera. Les invito a los funcionarios lectores que alarguen esta lista de sugerencias, seguro que ellos son más certeros.

Mis familiares funcionarios me dirán que la administración tiene desde hace años la política, por lógicas razones que ahora no vienen a cuento, de no contratar personal laboral, que los jefes no están acostumbrados a tratar con personal no formado en derecho administrativo ¿ pero no estamos en una situación de emergencia? ¿ la situación justifica cierres de negocios y restricciones de libertades y no justifica una contratación extraordinaria, temporal, masiva de personal que estructure equipos de emergencia en la seguridad social, la atención sanitaria primaria, los equipos de rastreo? 

¿las urgencias, las excepcionalidades siempre son para los demás?

 Sé por mis familiares que hay funcionarios que sienten rabia e impotencia por la inacción, la falta de iniciativa y de imaginación, por la pasividad de ciertos gestores, administrativos y políticos, ambos.

 Pero esta frustración no la veréis en los niveles más altos de los cuerpos funcionariales ¿es que tener un sueldo asegurado de 50.000 , 60.000 euros al año, lluevan piedras o hachas de doble filo, da igual, les quita a algunos subdirectores, directores generales, jefes de Área la vergüenza y el respeto a sí mismos como para no darse cuenta de que es su deber el romper hábitos, mover cielo y tierra, ofrecerse, conminar, reinventarse, experimentar y exigir a quien haya que hacerlo en los respectivos ministerios y consejerías? 

Sé , por mis familiares funcionarios que muchos se muerden las uñas viendo los recursos materiales vegetando durante largas horas en oficinas vacías mientras se acumulan las demandas y las angustias ahí fuera, más allá de las custodiadas puertas oficinales. 

Esta pandemia va a cambiar muchas cosas, y es necesario, y va a ser obligatorio para bien del país, para el propio bien y futuro del funcionariado, que cambie la mentalidad, letárgica, complaciente , depositada como un limo paralizante durante decenios de puertas para dentro. Por el bien del pais y por el bien de quienes trabajan en las palancas que hacen que el estado de bienestar sea real o un puro eslogan: Múevanse de una puñetera vez.

Señoras y caballeros, nos vamos al fondo. Por segunda vez.

Según leo las últimos datos de la pandemia, una sensación desasosegante, una presión en la nuca como no sentía desde abril me es cada vez más insoslayable. Un sexto sentido me dice que como país la hemos vuelto ( perdonen el lenguaje ) a cagar. Los datos exponenciales de Aragón, la aterradora situación del rastreo en Madrid, el crecimiento en todas y cada una de las comunidades autónomas del número de contagios, las calles vacías, las explosiones de irresponsabilidad, todo me indica que las próximas semanas viviremos una segunda ola con consecuencias económicas, sociales y políticas imprevisibles, históricas, de las de que terminan en los manuales . 

Porque esta vez, las responsabilidades están muy bien repartidas, como el virus. La crisis está demostrando que las comunidades autónomas no tienen, por razones que podemos discutir en el futuro, capacidad de gestión suficiente, inteligencia, medios, profesionales, o decisión política como para lidiar con esto. Y muy a mi pesar tengo que decir que la reacción, o mejor dicho la falta de reacción del gobierno central me resulta profundamente decepcionante. el ministro de Sanidad, Illa, debería haber tomado cartas en el asunto hace días.

 Se debería haber vuelto a proponer un estado de alarma, aunque fuera parcial y modulado según la situación de cada lugar. Y , siento aún más decirlo, se debería sustituir a Fernando Símón: por muy simpática que nos resulte su personalidad es evidente que no está reaccionando tampoco con la celeridad y contundencia que la escalada vírica está pidiendo a gritos. Simón debe marcharse y hacerlo ya. Y el gobierno central debe adoptar las acciones sustitutorias de la mala gestión de las comunidades que sean necesarias, aunque, desgraciadamente mi impresión es que ya llegamos tarde. Otra vez, y ahora no tenemos excusas. Y ahora las consecuencias serán peores.

 No soy epidemiólogo, pero cierta sensación desagradable en la nuca me lo está insinuando. Esta vez, no tenemos, nadie, perdón.  

No, esto no es un espectáculo, estúpido

Hace unas horas, en  una conversación sobre el pseudo-caso Dina con alguien a quien aprecio me dijo que en las próximas elecciones se abstendría, porque todos los líderes de partido, por unas razones o por otras muy diferentes, le parecían decepcionantes. A mí aquella frase me produjo una tremenda irritación que he tardado en metabolizar, y comprender, aunque pronto acudieron en mi ayuda dos imágenes que he recordado. Una es una gráfica económica, otra es la de Jorge Javier Vázquez.  La gráfica está expuesta al final de este artículo, y explica lo siguiente: mientras que el incremento del PIB en EEUU ha sido desde 1996 casi constante, la participación en este incremento de las clases medias americanas no es que no haya mantenido ese ritmo, es que ha disminuido de forma imparable. Datos similares encontraremos para otros países de occidente, por ejemplo esta segunda gráfica elaborada por Kiko Llaneras para Jot Down sobre España que a mí me resulta escalofriante:

Muestran de modo muy claro que los incrementos de riqueza en Occidente han sido acaparados, en los últimos 30 o 40 años,  fundamentalmente por una proporción muy reducida de la población, la que poseía ya el poder económico en esos países. No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que tal cosa no es un producto del azar, sino resultado del control que tiene ese porcentaje de la población sobre la toma de decisiones políticas y económicas tanto de gobiernos occidentales (desde los gobiernos neoliberales de las derechas  a las socialdemocracias de “tercera vía” de Blair, Schroder  y compañía)  como de instituciones internacionales como el FMI. Baste leer con respecto a este último organismo el despiece cruel que realiza el premio nobel de Economía Joseph Stiglitz en su libro “El malestar en la globalización”.

La frustración , la decepción y la rabia cada vez más extendida en nuestras sociedades  no tiene si no ese origen. Las generaciones jóvenes se saben condenadas a vivir peor que las anteriores, las rentas medias viven aterrorizadas por el miedo al desclasamiento y caer,  en una de la recurrentes crisis, al escalón de los olvidados. Esto y no otra cosa es el meollo, el corazón  de lo que nos pasa, y cualquier reflexión sobre la política, diaria o cada cuatro años debería recordar esto en cada momento. 

Plantearse la politica en terminos de amor u odio a determinadas personas, en su grado de simpatía, de  habilidad o torpeza comunicativa, de seducción personal, de ser desagradable, o coherente es dejarse engañar, desconocer el núcleo de lo que nos jugamos y asumir implícitamente que la política es un espectáculo más, un producto de consumo mediático como la televisión de sobremesa o el fútbol . Resulta irónico que alguien que ha triunfado con programas como Sálvame en un medio  como Tele 5, Jorge Javier  Vázquez, tuviera que recordarnos a gritos que despejáramos la enésima nube de humo con que la derecha intenta, y consigue muy a menudo, desviar los debates públicos, a cuestiones tangenciales, personales, programadas; que tuviera que exponerse al linchamiento social para señalarnos que lo importante está en otro lado.

Porque de lo que se trata en la lucha política entre izquierda y derecha en estos tiempos no va si Pablo Iglesias es un macho alfa o sobre si tiene derecho no en vivir donde vive con su mujer, no. Es, estimado amigo, sobre si hay posibilidad de revertir esta tendencia de varios decenios ya  que está destrozando las clases medias, las posibilidad de sociedades justas y meritocráticas, el derecho a que los mejores  se vean recompensados por su esfuerzo. Y lo demás es una inmensa tramoya, un escenario de cartón piedra que se arma todos los días, atrezzo mediático  expuesto de forma concienzuda para  agitar sobre el escenario otros debates, más coloridos, mucho más divertidos, mucho más emocionales ( el odio, la identificación, amigo y enemigos, banderas, cómplices, policías y héroes) : la política en España y sospecho que en países como en EEUU es un producto de consumo televisivo calculadamente banalizado.

Que Eduardo Inda sea el paradigma , y el origen a veces,  de este empobrecimiento  del debate político ( la imposición de su presencia constante en medios de máxima audiencia a pesar de las condenas contra su mala praxis profesional) es lógico. Es un periodista procedente de un tipo de prensa concreto, la prensa deportiva de consumo rápido, fast food informativo.  Rellenar quince, veinte páginas de texto todos los días sobre un deporte en el que  lo real ocurre en hora y media una o dos veces a la semana requiere habilidades específicas, lo hemos visto aún mejor durante la pandemia: la sección de deportes se redujo pero todavía ocupaban minutos de informativos sobre  un asunto que simplemente no estaba sucediendo, el hecho deportivo, el enfrentamiento, el match.

Eduardo Inda , periodista deportivo, conocido por su cercanía al presidente del Real Madrid y de la constructora ACS, es una elección perfecta para alimentar incesantemente un caudal de noticias, (ciertas o no ciertas, con condena judicial en contra o a favor, eso es indiferente, y barato, muy barato ) polémicas, broncas, triviales o con el único anclaje de la identificación y el odio. Qué prefieres Real Madrid o Barcelona: con razón o sin ella a mí la Legión. Árbitros caseros o comprados, machos alfas, feminazis , banderas rojigualdas o esteladas, podemitas o voxeros). La prensa fast food deportiva se alimenta de estas identificaciones primarias, y vive muy bien de ello, funciona. Es la dimensión fatua, bidimensional, una escena entretenida en incesante cambio que asegura silenciar otros debates. El periodismo deportivo no cuestiona las reglas, que son fijas, externas, marcadas por jueces y federaciones que están en una dimensión diferente al del titular del día. Los periodistas que alimentan polémicas sobre los políticos replican las polémicas sobre jugadores de fútbol, pero las reglas son las que son, también se dan por fijas, ajenas a la noticia. Como el reparto de la riqueza, en el debate politico degradado hay cosas que no se cuestionan.

Y por eso , a mi conocido, que olvida todo esto, que se ha dejado arrastrar por este espectáculo de marionetas bien pagadas, le recuerdo, aquello de que es la economía, estúpido amigo, es el reparto de la riqueza que producimos entre todos, es el futuro de nuestras sociedades y de nuestros hijos lo que nos jugamos en política, y lo demás , es prensa de colorines que no deberías tomarte en serio, por tu propio bien. 

Si quieres divertirte con ello, adelante, pero al final, usa la papelera.   

Segundo round

El aficionado a los videojuegos de lucha conoce que tras vencer al primer enemigo el siguiente poseerá nuevas habilidades y mayores destrezas en un crescendo de dificultad. El gobierno de coalición ha superado la primera pantalla pero la diversión sólo acaba de comenzar. La jueza del caso 8M contra el delegado del gobierno en Madrid tiró la toalla al ring, primer round, pero no se marchen aún, estamos en el breve descanso entre dos asaltos. 

La ventaja con que cuentan los enemigos de este gobierno de coalición es que aunque pierdan pueden hacer subir a la lona a diferentes rivales, y cada vez el luchador es más peligroso. En el primer combate, que narrábamos aquí, el personaje, que lucía atuendo con algo de caspa y naftalina ( tricornio y crucifijo)  apenas ha podido lanzar un par de directos chapuceros bajo el disfraz de informes policiales afinados, suficientemente potentes para tumbar a un podemita o a un indepe, pero carentes de punch contra alguien que, aún con la mojigatería de un Marlaska, dispone del superpoder  de cesar y nombrar en el  B.O.E. 

El nuevo rival ahora exhibe mucha más musculatura, ni punto de comparación: la CEOE ha convocado a una cita a todos los grandes empresarios españoles que durará nada más y nada menos que diez días, con el fin de plantear “una hoja de ruta común para la reconstrucción“. De aperitivo y  antes de tan larga cita ya han adelantado un punto de esa ruta común: reclaman al gobierno seguridad jurídica en las relaciones laborales. Llámalo seguridad jurídica cuando quieres decir que la reforma laboral no se toca.

 Un segundo movimiento reciente es el cambio de la dirección de El País, sale Soledad Gallego-Díaz y entra Moreno, o como dijo alguien, sale Soledad y entra Ciudadanos. La sensación general entre los periodistas es la misma , Felipe González y el Banco de Santander han decidido que PRISA no iba a mantenerse  al margen del esfuerzo por desalojar a Podemos de este gobierno.  Al fin y al cabo, ha debido de pensar la Botín, si me compro un periódico ruinoso es para utilizarlo.  

Un tercer movimiento: el PP ha votado en Europa a favor de que las ayudas a España, los famosos cien mil millones sean condicionados, es decir, que se exijan a cambio recortes, control del gasto y reformas, dicen, adecuadas.

Porque el fondo de lo que está en juego es este: cómo y quien va a decidir sobre esos cien mil millones de euros de ayuda europea.  Como decía Javier Perez Royo en una entrevista en VilaWeb que un amable lector enlazó en una entrada anterior, lo que preocupa a los grandes empresarios, banqueros y fondos de inversión con intereses en este maltratado país es que  el gobierno pueda tomar decisiones sobre cómo se utiliza esta enorme ayuda. pues no parece necesariamente inclinado a tener en cuenta  las hojas de balance de las grandes empresas como prioridad, y es mucho dinero para dejarlo pasar sin luchar por ello. 

En esto el Partido Popular ejerce con una fidelidad perruna de palanca política de los intereses económicos de estos grupos de poder, españoles y transnacionales: la perspectiva de que un gobierno de izquierdas pueda tomar decisiones “populistas” sobre tal flujo de capital le parece tan espantosa que ha optado por la única solución: que Europa nos ahorme con condiciones tan estrictas como sea posible, seguros que estas condiciones se regirán por el paradigma neoliberal que domina en las grandes instituciones internacionales (FMI, Bundesbank, Banco Mundial) y por tanto, de forma inevitable, estas condiciones y exigencias coincidirán mágicamente con las que le convienen a estos poderosos señores que barruntan ahora el peligro de no ser muy bien escuchados, como tienen por costumbre.

En definitiva, una vez acabado el episodio chusco del guardia civil y la jueza del Opus se abre el juego de las ligas mayores, en la que se arriesga dinero de verdad, y en este terreno podemos esperar ferocidad y altas apuestas. El control de los medios que tiene el PP le permite silenciar su escandalosa alianza con los halcones neoliberales del norte de Europa; quizá la cabeza de la anterior directora de El País haya terminado de rodar porque este cinismo del Partido Popular en Europa ocupó titular y un par de columnas en el periódico hace unos días. 

Y es que el patriotismo de nuestra élites acaba exactamente donde se ve amenazada la cuenta de resultados de las empresas que les ingresan las rentas y los dividendos a ellos y su clase.