¿Pero qué puñetas pasa en TVE (II parte) Sobre el fascinante telediario del día 20/05/22

Un pequeño ( y deprimente) ejercicio de análisis de contenido del bloque de información política  del telediario de mediodía del día 20 de mayo de 2022, en la “nuestra”, dicen, la televisión pública nacional, TVE:

  • Bloque 1. Información sobre la vuelta del rey emérito. Comienzo de la información: voz de Ana Blanco “con gritos de viva el rey ha sido recibido don Juan Carlos”. Pié de imagen: “El rey emérito recibido con gritos de viva el Rey” , imágenes de personas anónimas aplaudiendo, gritos de “viva el rey” perfectamente audibles.  Declaraciones  favor del alcalde de Sanxenxo. Después,  tiempo en el que una voz en off narra las reacciones de los diferentes partidos políticos, con cortes de imágenes de políticos realizando estas declaraciones. Corte para el PSOE, 24 segundos.  Corte del PP hablando de “los servicios a España del Rey”, 17 segundos. Tiempo del corte de Yolanda Díaz, por UP: 7 segundos. Contenido exacto de las palabras recogidas  de la ministra: “es muy malo convertir esto en una especie de calvario” ( sic). Tiempo del corte de Espinosa de lo Monteros, de Vox,14 segundos, en los que este dirigente ataca a UP. Contenido exacto de las palabras recogidas: “Unos comunistas que estaban ilegalizados hace 50 años hoy pueden estar en instituciones como estas haciendo el ridículo diariamente y criticando al rey que trajo la democracia y la Constitución que les permite a ellos ser críticos”

En ningún momento se alude a las razones de su ausencia del país.

  • Bloque 2.  Información sobre el empadronamiento irregular de Macarena Olona en Salobreña: Un redactor explica las circunstancias del caso con imágenes mudas de la política alicantina en la feria de Sevilla, en una bodega jerezana y en la tribuna del congreso de diputados. Una vez acaba el texto de la redacción, otra vez aparece Espinosa de los Monteros en unas declaraciones sin cortes de 13 segundos manifestando que este cuestionamiento de la legalidad del empadronamiento es una “trampa que no impedirá a Macarena obtener un magnífico resultado”. No hay declaraciones de ningún otro político, abogado o representante del ayuntamiento de Salobreña.
  • Bloque 3 sobre la condena a Eugenio Pino, ex alto cargo de la policía, a un año de prisión por manipulación de pruebas en el caso Pujol. Voz en off de Ana Blanco, con imágenes de archivo entradas y salidas del juzgado sin sonido.
  •  Bloque 4, jura de bandera de nuevos policías en Avila. Pié de imagen:  “el ministro Marlaska recibe pitos y abucheos”. Imágenes del ministro con sonido en el que se oyen nítidamente los pitos y gritos en contra y se ve la confusión momentánea del ministro. Más tarde el redactor indica que ha habido aplausos cuando el ministro ha hablado de incrementos salariales…
  • Bloque 5,  sobre el congreso provincial del PP en Madrid. Comienzo del bloque, redactora en directo en el lugar del congreso con el logotipo del PP al fondo:  “Isabel Díaz Ayuso asumirá mañana el control del partido..la presidenta ha hablado de renovación casi total y ha hecho una intervención en clave nacional (..) Ayuso ha confrontado con Pedro Sanchez, un gobierno que en sus palabras arruina y humilla a España”.  Declaraciones en primer plano de la presidenta de la C.A.M. : “tenemos el gobierno más autoritario desde la dictadura….” 14 segundos de declaraciones de Ayuso.

Acaba el conjunto de bloques sobre política nacional, el siguiente se refiere a la viruela del mono.

En resumidas cuentas, la línea informativa es benigna con el PP y Vox, con este último sobrerrepresentado en los tiempos de declaraciones directas, respeta la primacía de tiempos del PSOE,  y UP no aparece apenas con mensajes propios y claros, sí siendo aludidos por otros.  

Todo ello se puede comprobar en el siguiente enlace de TVE a la carta:

https://www.rtve.es/play/videos/telediario/20-05-2022/6544257/

Este es el segundo artículo que dedico a analizar un informativo de la televisión  pública,  “la nuestra”, dicen. Se podría analizar cientos de telediarios con un resultado similar.  Por cierto en el primero de esta serie analicé el comprensivo tratamiento dado al caso  Ayuso/Sarasola de hace un par de años:

A estas alturas de la legislatura sigo sin explicarme la razón por la que el PSOE le ha entregado el bloque de información nacional de TVE a  periodistas próximos al Partido Popular.

Ello sucede en la única televisión en la que la línea editorial no es decidida por propietarios privados de una empresa.  Y en un  ecosistema mediático dominado  por antagonistas, un terreno esencial donde este gobierno tiene en contra la gran mayoría de los medios de comunicación de mayor consumo: casi toda la prensa impresa de Madrid,  el duopolio televisivo (con la excepción de algún programa de la Sexta), la mayoría de las emisoras de radio, todos los canales de TDT que dan información política, gratuitos como 20 minutos… incluso  agencias informativas como Europa Press. Es un misterio insondable para mí que les puede costar las próximas elecciones si  la tendencia de voto de los últimos sondeos se mantiene.

 Y es que aunque el PSOE no crea en la tan manida guerra cultural, la derecha, empezando por el PP y siguiendo con Vox, sí. Sí creen en ella. Creen a pies juntillas  en la necesidad de ocupar todos los espacios de poder, desde el judicial al policial, pero sobre todo el mediático, porque en las democracias representativas la construcción del mapa mental de los electores, de lo que se nos aparece como acción política correcta o desastrosa, de los defectos personales y virtudes de cada político no se comienza en ningun otro sitio que no sean los medios de comunicación. Las redes sociales tienen un alcance mucho más limitado, deja fuera a enormes grupos de población que no son asiduos y en muchas ocasiones estas redes funcionan como cámaras de eco de estrategias  lanzadas desde los medios tradicionales.

¿Estupidez? ¿error de cálculo ? No lo entiendo.

¿Es que nadie en Moncloa ha leído a Lakoff, nadie ha visto la serie The Newsroom?.  La actitud entreguista y pasiva del PSOE nos puede costar muy caro en términos de calidad democrática si ese partido que es tratado con tantos miramientos que se llama Vox entra en el próximo ejecutivo. Piensen por un momento qué hará un gobierno formado por PP y Vox con respecto a la dirección de los informativos de TVE. Vean lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Telemadrid. Lo que les puedo garantizar es que los telediarios bajo ese gobierno no van a ser benignos ni comprensivos con ningún partido de la oposición. 

Pueden estar seguros.

Una modesta proposición para recuperar ateos recalcitrantes

“Los ritos son en el tiempo lo que las cosas en el espacio. Estabilizan en la vida estructurando el tiempo. De este modo hacen que el tiempo sea habitable, incluso transitable, como una casa. (Sin embargo) el tiempo de hoy carece de una estructura sólida. No es una casa , sino una corriente. El tiempo del apresuramiento no es habitable. tanto los rituales como las cosas queridas estabilizan la vida. Las repeticiones los distinguen.

 La compulsión de la producción y el consumo suprime las repeticiones”

 Byung-Chul Han. No cosas.

Nunca he sido creyente, pero desde hace mucho tiempo tengo sed de ritos. Echo de menos las pequeñas regularidades, las invocaciones mágicas de los rituales católicos de mi niñez. Quizá sea nostalgia por esa infancia, pero pienso que nuestra vida moderna es demasiado plana, demasiado nuestra, en cierto sentido. Demasiado yo, y demasiado ahora.

Carecemos de esos ritos anuales, signos de puntuación en el tiempo, impuestos y precisamente por ello lugares  de descanso del ánimo, de los que gozaban nuestros antepasados. Misas de los domingos, pascuas, comunión, confesión, Corpus Christi, navidades (aquella navidades, no estás convertidas en paquetería y estruendo). Lineas pintadas que dividen el flujo incesante del tiempo, que le dotan de ritmo y encuentro, de repetición. La repetición ahora se ve como un lastre antiguo, y no comparto ese desdén. 

Permite descansar el alma, y  los ojos. No es necesario estar centrado en satisfacer o no el yo, en cada momento. La repetición viene de fuera y toma tu cuerpo y tiempo durante un intervalo, te puedes abandonar a su cadencia estable. Dejar de estar pendiente de lo que crees que te falta.

Por eso, yo, no creyente , envidio  a los creyentes en su iglesias y  sus misas. Hay pocos espectáculos tan atrayentes  como un rito bien desplegado. Y todos los domingos en algunas iglesias el despliegue se realiza entre angelotes, volutas barrocas o cúpulas de piedra gótica. Hay algo que nos sugiera más cotidianamente, y profundamente a la vez el sustrato de donde venimos..

Sin embargo las misas actuales me parecen insufribles por un gravísimo error: se entienden. Se quieren hacer entender.

 El día en que se abandonó el latín en misa fué un desastre, una pérdida irreversible, desapareció para siempre la magia oscura de lo que se nos escapa , la solidez del  misterio, la gracia de no comprender. Ahora a la lectura de textos de la biblia, (desgraciadamente es casi siempre  el nuevo testamento)   le siguen en muchos casos homilías que parten del espantosa presunción de querer hacerse cercanas al sentimiento moderno. 

La moral (incluso la moralina) las buenas intenciones, la repetición hasta el vómito de la palabras “amor, hermandad, salvación, paz” aniquilan la fuerza ominosa de los ritos,  que deberia de infundirnos si no el viejo temor a Yahvé,  que para eso ya no estamos, al menos cierta sorpresa, algo de estupor, un eco lejano de las emociones de nuestros antepasados. 

Hay  excepciones, recuerdo durante el funeral de un ser muy querido en una modesta iglesia de pueblo encontrarme con el regalo de un sacerdote, ya anciano,  que se permitió una elucubración densa,  abstrusa, casi metafísica sobre la mortalidad, la diferencia entr el tiempo de los hombres, y el tiempo de la divinidad ….etcétera. El  oficiante de esta triste ceremonia de despedida (el origen etimológico de misa es ese, “despedida”) me admiró tanto por su osadia como por su indiferencia ante lo que pudiera entender ( más bien no entender) los feligreses allí presentes.

Pero esto no es habitual. El discurso atufado de buenos sentimientos y “amor” (el desgaste, el manoseo  de esa palabra de cuatro letras lima, rebaja, resta peso a  cualquier atisbo de intensidad ) me llama al  bostezo. Degrada el espectáculo  a pesar del  esforzado decorado barroco o el espiritual gótico. Lamentablemente los curas de hoy  han  olvidado que  para los antiguos la vivencia de lo religioso tenía conexión con la experiencia de fuerzas ignotas, con lo telúrico, con lo ominoso. Con lo sagrado en definitiva.

Me pregunto cómo deberían ser aquellas misas, no ya en latín sino en griego, lecturas de enormes misales con voz tonante, profunda ,como invocaciones a un viejo dios que habitara bajo la cripta o más allá de las cúpulas pétreas.  Contaría con mi esporádica presencia. Sin fé, pero con respeto y placer, sin duda. Un católico practicante ateo, pero que aprecia un buen rito en lo mucho que significa.

La desastrosa mania moderna de que todo ha de ser sencillo y fácil, como una papilla o una comida rápida, sin huesos, durezas ni resistencias  apaga los tonos, roba profundidad. Atonta.

Suele ocurrir que lo que se pierde en un plano de la existencia se recupera en otro diferente, deformado, adaptado a la antropologia del momento. Es curioso, por ejemplo que en los juegos de ordenador se refugien hoy referencias al mundo de la magia, lo ominoso, lo trascendente como amenaza o sortilegio. No es que la tragedia nos vuelva como comedia, es que el ritual nos vuelve vaciado, reducido y convertido en parte de un entretenimiento.

Aunque mi propuesta para estos tiempos de prisa y en el que nadie soporta el silencio debería estar  en consonancia. ¿por qué no una misa muda? breve, mas puro gesto, ritmo gestual, , movimientos concertados de oficiante y grey, apenas alguna  palabra de recepción y otras pocas  de invocación.. 

 Pero ni una sola palabra que se comprenda, y menos que nada por favor ( en ese lugar cubierto de pinturas con cuerpos torturados,o retorcidos en éxtasis, de cuerpos celestiales o demoniacos, en esos templos consagrados a los estados de excepción del alma)  que me  hablen de buenos sentimientos. 

No jodan.

¿Es el PSOE un partido primo?

Primo empleado en su sentido más vergonzante, como sinónimo de pardal, de pardillo, de cándido, de torpe. De víctima de los engaños de sus adversarios.

Lo hemos visto con la famosa carta publicada sobre el Sahara Occidental. Un documento enviado, gobierno a gobierno, confidencialmente, es filtrado por los marroquíes a la prensa en el peor momento posible, en medio de una crisis mundial en la que garantizarse el suministro de gas es crucial, urgente y estratégico. Justamente en este momento, cuando nuestras relaciones con Argelia tiene que ser cuidadas con guantes de seda y modales de diplomacia de alta precisión (copyright Irene Montero),  se publica esa carta que supone una bofetada con guantelete a nuestros principales suministradores. Y se publica no por decisión de nuestro gobierno, si no por la del viejo vecino y “nuevo” socio, que una vez más  da la razón a los más prejuiciosos de sus detractores: socio pues taimado, hipócrita y que no ofrece acuerdo sin puñalada trapera como regalo añadido. España parece haber dado mucho (el consenso sentimental sobre el Sahara se ha hecho añicos….) a cambio de una promesa sobre Ceuta y Melilla sostenida en el aire. ¿un aire inane  y olvidadizo como el de las promesas hechas a Gorbachov por la OTAN de que esta no se ampliaria  hacia el este, quizá?¿ese tipo de promesas…? Pero no nos mezclemos con este otro doloroso asunto..

La candidez socialista se ha demostrado también con su adversario interior, el PP, al negociar la renovación del Tribunal de Cuentas y del Tribunal Constitucional con la esperanza de que este frágil puente de buena voluntad llevara al Partido Popular a aceptar de una vez la pendiente renovación del Consejo General del Poder Judicial. Hay que ser bastante inocente para pensar que nuestra derecha va a entregar una posición,  una fortaleza, de esa importancia a cambio de unas cuentas de colores…

Aunque quizá el caso menos conocido pero de mayores consecuencias electorales  a largo plazo fué la negociación para la renovación de la presidencia de RTVE. Cualquiera que sea asiduo de los telediarios puede afinar la nariz y olfatear el sesgo conservador de la sección de la redacción encargada de la de política nacional. Ya he analizado algunos ejemplos concretos aquí :

Y mientras tanto el canal de la 2 convertido en un insustancial repositorio de programas de refritos, secciones culturales ligeras, documentales de fauna y arte, comprados  al peso. Todavía algunos recordamos una época en el que en la programación de la cadena minoritaria emitía informativos diferentes, con mordiente ( ¿se acuerdan del programa de Fran Lllorente, expulsado por la dirección del PP en cuanto llegaron al poder?)  productos polémicos (“El peor programa de la semana”) , otros valientes y rompedores (“Si yo fuera presidente”  o “La edad de Oro”). En fin, hubo un tiempo en el que los directivos de la televisión pública permitieron que en el segunda canal se experimentara, se provocara y se abrieran espacios a creadores que no podía tener lugar en televisiones comerciales. 

Ahora ni eso. Ni siquiera se atreven a contratar series de televisión que se salgan de unos parámetros convencionales , previsibles. Gracias a plataformas como HBO, Filmin etc. sabemos que hay decenas de series de origen escandinavo, europeo o de otros lugares con planteamientos actuales, renovadores . Pero la cadena sigue abonada a una lenta agonia funcionarial, roma , insustancial.

Y mientras tanto el otro canal, la 1 emite series como «Downton Abbey» o «Victoria», productos británicos que a duras penas disfrazan la adoración que sienten sus guionistas por viejas costumbres como la monarquía o unas diferencias de clases sociales solidamente establecidas y nada cuestionadas.

Todo ello gracias al nombramiento de un presidente de TVE, el tal Tornero cuya acción más conocida fué la laminación pública del periodista Cintora. 

Aquí como en otros espacios de poder, el PSOE ha creído negociar un nombre neutro que en realidad ha permitido el mantenimiento del status quo de los cargos nombrados en la época del PP como las consecuencias esperables:  política comunicativas muy conservadoras, programación carente de riesgo y favorable al mantenimiento del marco de lo que hay, y todo ellos a cambio de… prácticamente nada.

En algún lugar, descansado,  Iván Redondo se estará admirando de la palurdez táctica, la torpeza de aquellos que despreciaron sus consejos. Solo los malos ajedrecistas entregan una pieza a cambio de nada al adversario. Ni un simple peón.

El dilema, más allá de Casado (o Feijoó) y Ayuso. 

Sobre lo ocurrido con Casado y Ayuso. En primer lugar: hay que ir más allá de la anécdota:  que un político del PP sea corrupto y desvergonzado es categoría , que sepamos de un caso concreto, por tanto, anécdota.

Hay dos planos de análisis en este asunto. En el que se ha fijado la mayoría es el más próximo y evidente: el de una  descarnada lucha por el poder entre dos capos, cada uno usando los medios a su alcance. 

Pero también hay un segundo plano, a mayor profundidad. La cuestión fundamental a la que se enfrenta este país es la siguiente: con una derecha dividida , con el País Vasco y Catalunya ausentes de diputados derechistas españolistas, esta opción política tiene muy complicado volver a gobernar el Estado.  La primera tarea es por tanto, reunificarse como opción electoral,  bien como un solo partido, bien como alianza. Ciudadanos ya está en liquidación, queda Vox.  En este segundo nivel la  gran cuestión es la relación del PP con Vox.

 Ayuso no tiene ningún problema con acercarse  a los de Abascal. En Madrid ha sobrevivido a su contacto, se ha acercado al fuego y no se ha abrasado. Comparte  estilo y desparpajo, la misma agresividad y contenidos cercanos. Pero Casado sí teme a este fuego, porque él  (como Mañueco, o Bonilla ) carecen de la capacidad de seducción pasivo-agresiva de la doliente Ayuso. 

Casado no puede competir en carisma con Abascal, pero Ayuso, sí.

Casado está lastrado además con una pesada obligación, la  de ser el principal defensor del Partido Popular. Como presidente está obligado a defender su autonomía, de garantizar que siga existiendo en el futuro, está atado a la necesidad de preservar al PP como partido central, primario en el estado.  El sorpasso por Vox  le costaría no solo la carrera, sino el oprobio de provocar la ruina de su partido y de su enorme red de asociados, asalariados y beneficiados que como una colonia se alimenta de sus presupuestos por todo el país.

Por eso  Casado es muy reacio a ofrecer poder real a Vox, ya lo dijo antes de que Ayuso provocara la explosión controlada del affaire de su hermano,nada más conocerse los resultados de las elecciones en Castilla y León. 

 El dilema sigue estando entre la supervivencia del PP como institución principal  de la derecha política y la necesidad de desalojar al  PSOE y sobre todo a sus molestos aliados a la izquierda que siguen amenazando la tranquilidad del negocio de quienes tienen el dinero. El dinero de verdad.

  Los grandes fondos de inversión extranjeros (Blackrock, Goldman-Sachs,  etc  salvaron algunas bolas de set en el primer tramo de legislatura gracias al PSOE: la ley de la vivienda ha salido suficientemente morigerada como para que sus enormes inversiones inmobiliarias no se vean apenas afectadas, pero no habrá seguridad ( la bendita seguridad que necesita el miedoso dinero)  hasta que Unidas Podemos desaparezca de los ministerios, y tal como está el mapa electoral eso solo puede garantizarse con una victoria de la derecha; el PSOE ya no tiene a su alcance las mayorías absolutas de los años 80.

Para el big money el Partido Popular es un instrumento de los muchos de los que dispone; para los dirigentes del PP y su red clientelar, es mucho más. Es su cuerno de la abundancia. Para el primero la alianza con Vox es inevitable y de ahí el apoyo mediático a Ayuso, para los segundos esa alianza  es un amenaza seria a la herramienta de poder que les garantiza  su riqueza.

Sin embargo, una alianza de Vox y un PP en manos de  Ayuso puede no ser suficiente, incluso podría empeorar las probabilidades de un cambio de gobierno, esta conjunción   dejaría todo el campo electoral del voto moderado al alcance del PSOE,  con lo que el corrimiento a la derecha podría, paradójicamente,  favorecer victorias progresistas en futuros gobiernos generales y autonómicos, ya que el trumpismo no puede camuflar su pulsión antisistema y desestabilizadora sin dejar de ser atractiva electoralmente.

 Esta alianza Vox-Ayuso  dejaría al PSOE todavía más asentado como el partido central, el astro Sol del sistema planetario español, alrededor del cual girarán como satélites  los  demás, a favor o en contra, en alianza  o en oposición, pero siempre discursivamente orientados por su centralidad.

No lo tienen fácil, esta alianza Vox-Ayuso requerirá para una victoria electoral suficiente un estado de conmoción generalizado, la percepción mayoritaria de una  situación del país tan crítica como para que grandes masas de votantes abandonen su afición a la estabilidad y la seguridad. Y aún  estamos lejos de que ese sentimiento de desastre y quiebra esté instalado, a pesar de la incesante campaña de los partidos de derecha y de sus numerosos medios afines. Si dos años de pandemia no lo  han conseguido, difícilmente  podrán imponer esa lectura de la realidad en dos años de recuperación. Solo los errores propios, del PSOE, le impedirían volver a vencer en 2023.

Si sustituimos a Casado por Feijoó el panorama parece mejorar a corto plazo, pero menos si miramos más allá. ¿Es compatible el gallego con la madrileña? ¿se conformará esta con Madrid, habiéndose desatado su hybris, como una furia, y triunfado sobre su superior jerárquico? ¿ Ayuso después de  esta descarnada pelea va a comportarse dócilmente, alguien lo cree? ¿ Y no se sentirá Feijoó tentado a acabar con la amenaza latente  de Ayuso  a su espalda? 

Si el dilema ahora es Casado o Ayuso , el alcance estratégico de este no desaparece si se convierte en Feijoó o Ayuso. La madrileña  ha cruzado  cierto Rubicón que ya no puede  desandar. 

   Parece  que los principales damnificados por el desatado trumpismo a la española pueden ser la tranquilidad de ánimo y el modo de vida de viejos conservadores liberales. 

Al menos, de momento.

Match-ball para Yolanda Díaz

En esa maravillosa película que es Match Point el destino del protagonista lo decide  el azar. Como la caída aleatoria de la pelota de un lado u otro de la red da o quita el punto de victoria ayer la pura suerte salvó a Yolanda Díaz de un golpe fatal, de una derrota que habría cercenado su hasta ahora imparable ascenso hacia las siguientes elecciones generales. 

Ayer, la votación sobre la reforma laboral era la más importante de toda la legislatura hasta la fecha. Unidas Podemos aceptó un acuerdo de gobierno en franca debilidad, con ministerios dibujados ad-hoc para molestar lo menos posible, con la única excepción del ministerio de Trabajo.

  El enorme precio pagado por la formación de forma continua, tragando con repugnancia  y en silencio  decisiones del PSOE que apenas les han parecido tolerables, como la entrega al capital privado de la banca pública rescatada (Bankia), la pasividad del ministerio de Justicia ante el acoso a la formación o la gestión pusilánime de Marlaska en el ministerio del Interior parecía compensarse con la responsabilidad en un área tan importante para un partido que pretende cambiar la vida de las clases subalternas como la del mundo del trabajo.

El esfuerzo de Yolanda Díaz ha sido brutal y continuo. No solo ha tenido que acordar con empresarios renuentes a dar oxígeno a un  gobierno ajeno a sus deseos, sino asumir el estrechisimo  marco de negociación impuesto por el PSOE que le obligaba a embarcar a estos empresarios sí o sí en el resultado final, sin posibilidad de cambiar una línea de lo firmado. Estas restricciones decididas por Sanchez , estos cinchos de hierro han sido las responsables últimos del espectáculo de ayer,  han expulsado del acuerdo a los socios de investidura. Porque el PSOE no estaba dispuesto a asumir la presión mediática que generaría, como un tsunami, un acuerdo sin empresarios. Y porque para el PSOE una derrota en la  votación de ayer era mucho menos onerosa que para Unidas Podemos.  O para decirlo de otro modo, los costes para ellos estaban sobradamente compensados por el enorme golpe al prestigio de la hasta entonces triunfante Yolanda Díaz.

El buen estratega es el que posiciona las piezas en unos términos inequívocos de win-win, que dicen los anglosajones. El PSOE si hubiera perdido ayer habría ganado  al menos  una terrible decepción y desgaste para su incómodo socio. La imagen de Díaz, desgastada sin remedio, las bases de Podemos, desmoralizadas. Porque no nos engañemos, la segunda alma del PSOE, el alma socialliberal (algunos diríamos que es su primera alma) nunca ha estado terriblemente incómoda con una legislación laboral como la anterior. Si pareció un asunto prioritario fué más debido al pacto firmado con UP que a las propias urgencias del plan socialista.

Aunque no solo el PSOE  ayer participaba de sentimientos ambivalentes .  Si de algo puede presumir Unidas Podemos es de la variedad, en formas, colores y orígenes de sus enemigos. Son de todo plumaje..

La negativa de ERC a conceder siquiera una abstención se explica por la desconfianza republicana con el PSOE, justificada tantas veces por las decepciones. Pero también porque ERC compite en Cataluña con los Comunes por un electorado en gran parte compartido. La derrota de Díaz hubiera supuesto un daño fatal a una candidata fuerte, que hasta ayer podía mostrar una ristra de victorias arañadas con trabajo y habilidad . Y para los republicanos si hay un terreno en el que se sienten débiles, expuestos, es en el de las conquistas sociales. Ahí apenas pueden mostrar resultados después de años de gobierno, tambien a ellos se les puede reprochar decepciones.

 .

Por eso, ayer los idus de febrero parecen confabulados desde muchos frentes contra Yolanda Díaz, los cuchillos bajo la toga no solo eran empuñados por diputados tránsfugas comprados en una cena  madrileña, las oscuras intenciones brotaban desde diferentes  ángulos del Congreso.

El dedo torpe de un parlamentario, la dejadez o el despiste desde su casa (aún no sabemos qué fué aquello tan importante  que impidió a este buen hombre  participar de cuerpo presente en la destrucción en vivo y en directo de Yolanda Díaz ) permiten por pura chiripa, azar, o el deseo de desconocidos y benevolentes  dioses, que el mejor candidato posible a la izquierda siga siendo hoy un serio problema para un variopinta colección de gente que manda. 

Tendrán que seguir pensando.

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Sobre los negacionistas, o la intolerancia a lo que es invisible.

Sabemos que uno de los fenómenos sociopáticos más llamativos de esta pandemia es la extensión y tozudez de un colectivo de personas que se niegan a vacunarse. Hay quien se justifica aduciendo que ni siquiera tal cosa, el virus, existe. La pandemia nos ha traído entre otros horrores bizarros el espectáculo de manifestantes adultos, gente perfectamente normal, sosteniendo pancartas con lemas negacionistas que se aproximaban a lo que los psiquiatras categorizan como delirio.  

No  quiero traer aquí las explicaciones comunes que desde las posiciones de quienes creemos en el conocimiento científico, en un paradigma  de pensamiento que está en la raíz de la cultura occidental desde la Grecia clásica, se están dando a esta sorprendente resistencia. Y no porque esas explicaciones del fenómeno no sean acertadas. Pongamos por caso la evidente y conocida relación entre estas ideas y el liberalismo libertario: personas que rechazan la idoneidad de cualquier acción procedente del Estado, ese monstruo que esquilma a los buenos trabajadores y lo gasta de forma ineficiente y derrochadora. Es comprensible que odien verse obligados a aceptar el salvavidas de la acción pública.

Muchos negacionistas no son lo que se entiende por freaks, al contrario son gente perfectamente integrada, estable, “gente normal”. Precisamente en esa normalidad  podamos encontrar alguna pista que explique algo de su resistencia a aceptar este terremoto, esta quiebra inesperada del estado de las cosas.  Que compartamos con ellos sociedad y espacios ciudadanos, tradiciones, orígenes culturales no significa necesariamente que todos nuestros planos de creencia sean compartidos. Igual  que para los ateos nos cuesta asumir que nuestro vecino tenga fe, crea ( ¿realmente cree?) en la existencia de Dios, la Virgen y el resto de la corte celestial, y sin embargo podemos pertenecer al mismo equipo de fútbol, enamorarnos de la misma persona  e incluso votar lo mismo, los que creemos en la verdad de la ciencia, en que las leyes de la física o la biología van más allá de nuestras creencias y percepciones personales, que están por encima y son más potentes y eternas que nuestra existencia particular, que las conclusiones de la ciencia sobre lo que es posible o imposible forman parte del marco mental que utilizamos para vivir, podemos estar equivocandonos al dar por seguro que los demás comparten esto que creemos evidente. 

Para nosotros la intrusión de la pandemia, un fenómeno extraño, inesperado en la vieja rutina previa a enero de 2020 pudo ser rápidamente metabolizada, encajada y asumidas sus consecuencias en nuestra vida personal porque creemos en la jerarquía de las relaciones causa-efecto que nos indica la ciencia. O mejor dicho creemos en la jerarquía que la ciencia determina de lo que  puede suceder: sabemos que ante todo estamos sometidos al imperio que marca la física, a nuestra naturaleza de mamíferos con fecha de caducidad, a nuestra dependencia de las leyes dominantes de la biología, la caducidad, la contingencia. Si hemos leído sobre la grandes epidemias del pasado ( la peste, el cólera, la gripe española), si tenemos alguna noción, aún básica, de lo que es un virus, el sistema inmunitario, etcétera  podemos concebir como razonable que algo de esto se repita en nuestro presente. 

Y sin embargo para muchos de nuestros vecinos, la realidad es su vida cotidiana, pero es sólo esa vida cotidiana, dibujada en un plano fijo, en las fronteras aparentemente inmóviles, “normales” del mundo de diciembre de 2019. No había nada más allá de lo concreto, de lo palpable en sus vidas tal como eran vividas; trabajo, familia, amigos, placeres y displaceres humanos, en el mismo plano de existencia, múltiple y a la vez limitado a lo que se puede ser vivido.

 Las referencias abstractas que se alejaban de ese círculo de lo tangible ( conceptos como la ciencia, la historia, la alta política, los cambios globales)  son palabras que apenas tienen consistencia fuera del momento en que hubo que tratar con ellos, cuando tocó estudiarlos, en los colegios e institutos. Como los antiguos que creían que más allá de las columnas de Hércules el mundo se acababa en una línea perfecta y abrupta, lo real y lo cotidiano mantenían para ellos  una estricta relación biunívoca. 

Y es que la creencia en lo que no puede ser visto es un asunto problemático. Quienes dicen creer en Dios (¡o en los Santos!) lo saben. Nunca se está seguro de lo que significa en realidad la palabra creer. Pues bien muchos conciudadanos padecen de esa fragilidad , esa insustancialidad en su creencia para con ciertas abstracciones como son las que se supone forman parte del pensamiento académico. 

El virus supuso para muchos una intrusión, un ser inesperado, inesperable, que no tiene rostro ni se puede palpar ni golpear, que agrieta el espejo que tan bien enmarcaba su mundo, su trabajo, su familia, su ocio. Un virus, ese fantasma etiquetado con nombres extraños, que  nos es comunicado por lejanos personajes ( ministros, microbiólogos, ¿quién había visto antes a un virólogo? ….),  cabezas parlantes como la de los burócratas impasibles de un relato de Kafka. Una sorpresa impensable como una invasión alienígena, o para los más reacios directamente una mentira, un cuento de alguien malintencionado. 

En los cuentos de terror, lo que asusta del fantasma es que es el heraldo de la existencia de un plano de la realidad que antes desconociamos.Es un aparecido, un ser que sobrevive a lo imposible, a la muerte; procede de un lugar del que nada sabemos y que decide caprichosamente  hacer una excursión letal por nuestra cotidianidad. Lo horrible no es su aspecto, sino su incongruencia con nuestra presunciones de lo que es real. El virus para muchos ha tenido este efecto de aparición repentina, de espectro ominoso.

Lo interesante es que los negacionistas han invertido  la relación enfermedad/terapia, proyectan estas características de extrañeza y amenaza no en el agente infeccioso sino en las vacunas. Son las vacunas las que son peligrosas: inoculan algo ajeno y peligroso. 

Por ejemplo, una de las ideas delirantes que subyace al rechazo de la vacuna es el temor a ser envenenados, a la mancillación de la pureza del cuerpo: la vacuna contiene metales pesados, imanta el cuerpo, incluso introduce un chip. Como en las viejas películas de extraterrestres, se teme la inyección, la invasión del cuerpo, la aducción. Diría el viejo Jung, que aquí se revuelven viejos arquetipos que enraizan con lo demoníaco.

¿Por qué se da esta inversión entre enfermedad y terapia? ¿por qué lo que protege del agente invasor es temido más que la enfermedad? Porque los negacionistas están entregados a esta inversión de las causas y los efectos: Lo que les parece intolerable es que vivir en este nuevo mundo nacido en diciembre de 2019 les exija tener  que aceptar vacunas, normas sanitarias impuestas por policías uniformados, restricciones globales, miedo e incertidumbre. Encontrarse con el virus depende de la mala suerte, del azar, pero la vacuna se plantea prácticamente como una obligación, la imposición de una intención humana sobre el cuerpo propio. 

 La explicación entonces puede ser un plan demoníaco ( o fascista, o comunista, el calificativo es un matiz que depende de cada ideología personal) de hombres ocultos . El virus es un pretexto. Es el efecto, no la causa. Que pregunten en el laboratorio de Wuhan. La existencia de metales pesados, de chips es conveniente, es la demostración (?) de esta intencionalidad oculta. El virus es un mcguffin del mal para justificar la imposición de un propósito, porque ¿quién puede  creer que algo tan insignificante, invisible puede obligarnos a destruir nuestra cómodas vidas de ayer, nuestros viajes, las reuniones con los amigos y  familiares, a perder el orden lógico y natural? Tiene que ser algo más importante, más poderoso e intencional que un simple “bicho”. 

La reacción colectiva de los negacionistas tiene precedentes históricos, en la Edad Antigua y Media. Las epidemias, las pestes eran interpretadas como consecuencias de la maldición, producto del pecado colectivo de una sociedad, o de un enemigo interno como los judios. Es decir consecuencia de actos intencionados, culposos de una voluntad divina o humana. El mal sucedía porque alguien deseaba el mal. Por eso para los negacionistas invierten causa y efecto. Porque la causa no puede estar libre de intención. El azar, el accidente, la impersonalidad de la causa del daño son inaceptables.  Porque para aceptar el accidente como causa de un mal hay que colocar antes al ser humano en lugar subordinado, en el que las leyes del mundo no se rigen por los deseos o actos humanos, sino por las leyes sordas y ciegas de la física y la biología. Hay que colocar al ser humano en una posición en el que lo cotidiano es una cápsula frágil  y estrecha.

Todo esto fué asumido tras el triunfo de la ilustración y el pensamiento racional en la edad moderna por la cultura oficial. La pregunta es hasta qué punto eso mismo  forma parte de la naturaleza de lo que es real por esa categoría que llamamos el individuo “normal y corriente”. Porque lo llamativo de los negacionistas contemporáneos es que viven en un mundo que ya ha pasado por allí, que ha superado el momento histórico del encuentro con  Pasteur,  el microscopio, la epidemiología y la ciencia médica.

Esta resistencia, este no poder asumir el saber científico heredado como el terreno de partida del sentido común es quizá más fuerte de lo que esperábamos. Porque es el miedo y la rabia por perder lo que se cree ganado (nuestra segura vida cotidiana del primer mundo)  lo que desgasta con facilidad ese barniz de racionalidad adquirido durante la educación.

 La capa protectora de la cordura acumulada por siglos de conocimiento es más leve, más quebradiza de lo que nos gustaría.

El PSOE está atrapado en una ensoñación. El PP pasó página..

Aun a dos años de las próximas  elecciones legislativas me atrevo pronosticar que las ganará el PP, y ello porque el PSOE vive en el pasado, cree que el PP vive en ese mismo pasado, y se equivoca.  Me explico… 

Nuestro presidente del gobierno es un hombre confiado, quizá temerariamente confiado. Se cree incluso un tipo con suerte, en política es un capital escaso que se  derrocha  al cometer por ejemplo, graves errores estratégicos. Que se lo pregunten a  Albert Rivera.

 A pesar de los buenos datos epidemiologicos,  a pesar de la reducción del paro muchas encuestas electorales ( la gran excepción es la que hace el CIS…) en España desde hace meses dan consistentemente al PP mejor resultado que al PSOE.  Este ha calculado  que se debía a la pérdida de votantes por el centro y ha intentado un giro a la derecha tras la remodelación del gobierno. Atrapado por su dependencia de los votos parlamentarios no solo de Unidas Podemos sino tambien de partidos como ERC, Más País e incluso Bildu ese giro se da  sobre todo en esa única dimensión donde ahora mismo  combaten los partidos: la dimensión comunicativa. Sin embargo en un entorno mediático abrumadoramente dominado por la derecha es un esfuerzo inutil. Antena 3, Tele 5,  toda la prensa de  papel de Madrid con la excepción de El País, la inmensa mayoría de las radios generalistas excepto las de PRISA, agencias de noticias como Europa Press, decenas de digitales. Incluso los intereses económicos que apoyan al PP fueron capaces de cambiar al director de  gratuitos como 20 Minutos por alguien más afín a sus intereses. Por no hablar de la debacle en las emisoras de TV TDT, en manos de la Conferencia Episcopal o de empresarios de ultraderecha como en el caso de Toro TV .

¿ Y RTVE ? Basta escuchar los telediarios o fijarse en quienes son los periodistas opinadores en las tertulias  políticas de la mañana de la 1 o del canal 24 horas para percibir que no es un medio especialmente  hostil  para el Partido Popular. Los mensajes de su argumentario son  desplegados de igual a igual con los del PSOE, con un minutaje muy similar . Sobre las peculiaridades, por decirlo de algún modo,  del sesgo informativo de los telediarios TVE ya me había referido antes en esta bitácora:

  Ya quisieran otros partidos , especialmente el socio minoritario de gobierno , recibir un tratamiento tan amable como el que recibe el partido de Casado. 

La explicación es sencilla, el partido socialista considera al PP su adversario, pero piensa que su enemigo lo tiene a la izquierda. O dicho de otro modo, el PSOE  quiere mantener su viejo monopolio en el lado izquierdo del tablero, el bipartidismo es su pasión secreta, y por eso  trata de darle la respiración asistida que precise.  Lo vimos hace tres años en el “error “ de dos diputados socialistas que impidió la renovación de los consejeros de RTVE tal como se había pactado con Podemos y el PNV.  Lo estamos viendo ahora en la renovación de otros organismos decisivos en la gestión del poder como el Tribunal Constitucional o el CGPJ. A quien considere que la posición de Unidas Podemos ante el nombramiento  de alguien tan  impresentable como el magistrado Arnaldo es similar a la socialista  le recordaría que se ha llegado a esta situación después de que el PSOE haya rechazado la propuesta de UP de modificar la ley orgánica que determina la forma de elección de los miembros del consejo; esta reforma podría haber evitado el bloqueo de la renovación ejercitada con tanto éxito por el  PP.

Pero esto es más o menos sabido, el PSOE desea  mantener el bipartidismo vivo y si puede,  sacarlo de la unidad de cuidados intensivos. Y para ello pacta y cede al PP parcelas de poder comunicativo y orgánico decisivas, parcelas que hurta a su socio de gobierno. ¿Qué hizo el PP cuando dominó el ejecutivo? ¿ Y qué hace ahora desde la oposición? ¿acepta, aceptó  el pacto implícito sugerido por el PSOE? es evidente que no. Los medios de comunicación próximos al PP  tratan al presidente del gobierno con toda la ferocidad de la que son capaces, sin cuartel ni componendas. Desde la mañana a la noche, desde la radio a las tertulias matutinas, Sanchez es vituperado, insultado, por medios que están en perfecta simbiosis con las elites del partido popular. Y es que para PP  el problema del bipartidismo es una pantalla que ya se ha pasado, es un problema de otra época. 

Vox funciona menos como un rival mortal que como una escisión familiar con la que siempre se pueden entender. Y que le ha empujado aún más al siguiente estadío del juego, el trumpismo más o menos españolizado. En esta nueva línea política no hay pactos ni se hacen prisioneros, no se pelea por el gobierno, se lucha por vencer en la guerra cultural, en la guerra de los corazones y  las mentes, por transformar el país de forma que no haya vuelta atrás. El modelo de la derecha ahora no es la alternancia de partidos, es hacerse con todas las palancas del poder posibles (desde la prensa a los colegios, desde cómo se construye la ciudad a cómo es el ocio) que son necesarias para transformar la sociedad de forma que una victoria progresista se vuelva improbable, tal como ha ocurrido en Madrid y que comenté en este artículo:

Como hizo Thatcher con la sociedad británica en los 80 los conservadores españoles quieren que el dial del sentido común, de lo que es aceptable para la mayoría se mueva un buen puñado de pasos a la derecha. Y lo haga de forma irreversible. 

  Cuando desde los medios afines al PSOE se acusa a Podemos de atacar injustamente los pactos de la transición deberían tener presente que el PP participa en la demolición de ese marco de acuerdos tácitos. El PP de ahora no es el PP de los años 80 y 90 del pasado siglo. 

Dentro de dos años, es muy probable que los socialistas se encuentren, para su sorpresa, desalojados del poder. Ellos mismos serán los principales responsables, por estupidez, por esa pereza intelectual que les impide ver que su rival no está jugando al juego que ellos creen que está jugando. Por concederle a su adversario tantas ventajas, ser tan complaciente , sin contrapartidas.

El PSOE en el pecado llevará la penitencia, porque la raíz de su ceguera es antigua, procede de la época de Felipe Gonzalez. El nunca puso en cuestión las reglas (sobre todo en el ámbito de la economía)  que le  marcaba desde fuera el neoliberalismo internacional que dominaba en Occidente en los 80 y 90 del siglo pasado . El PSOE de Felipe Gonzalez, por tanto nunca quiso traducir su dominio político en una transformación social que creara una forma de pensar y de vivir al margen del neoliberalismo triunfante. Aceptaba el status quo que se le imponia, y sus reformas no amenazaban la mutación a una sociedad dominada por el mercado y los valores neoliberales. .

En definitiva el PP juega sobre un terreno, el de la transformación social y cultural   en el que el PSOE se negó a jugar sus cartas en el pasado, con la posibles excepción de los primeros años de Zapatero.

 Me temo que el PSOE  simplemente sigue atrapado en la esperanza de recuperar  un escenario político que no volverá. Y me temo también que muchos pagaremos por la ceguera y la soberbia de un hombre demasiado confiado, señor Sanchez.

Los círculos del descenso al infierno de la crisis climática

La dificultosa asunción de desagradables verdades sabemos que no está exenta de dolor, contracciones nerviosas, espasmos defensivos y manotazos al aire. La peor noticia con la que tendremos que lidiar en los próximos años, el inevitable calentamiento planetario,  va a generar un abigarrado albúm de estas reacciones inútiles. 

Negación: Esta etapa, el empecinamiento en negar que la subida de temperaturas esté ocurriendo y que se deba a la actividad humana parece superada.  Aún quedan muchos irreductibles, pero en lo que a las instituciones internacionales y gobiernos se refiere, el discurso manifiesto, la posición oficial es que tal cosa existe, y en los términos  generales que describe el consenso científico.

Ahora estamos con pie y medio en la siguiente fase: 

Cinismo: Los centros de poder real  a los que me refería en el momento anterior (gobiernos, instituciones internacionales, grandes empresas) conocen lo que va a ocurrir, las medidas que habría que tomar para reducir el calentamiento a valores manejables, y sobre todo, las consecuencias para ellos inasumibles de esas medidas. 

Puesto que el resultado de toda esta ecuación es muy feo de mirar, la acción se limita a puro maquillaje, despliegue discursivo, incentivos para medidas que son ya insuficientes, presión para culpabilizar al consumidor…Pero se bloquea cualquier decisión que impacte en las cuentas de resultados o que amenace con generar desafección y malestar ciudadano. No se va a poner en riesgo ni la generación de riqueza ( business as usual) ni la reelección de quien tendría que implementar medidas que inevitablemente empeorarán el acceso al consumo. 

Sin el “derecho” a consumir esto no se sostiene. No se sostiene el empleo y la economía, pero tampoco lo hará la paz social entre las clases. Que podamos consumir es la esencia de esa “libertad” de la que hablan nuestros liberales, ”consumir cada uno según sus apetencias, comprar según sus posibilidades” (perversa vuelta de tuerca del dicho marxista “cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”); el automatismo del consumo, su facilitación es la base profunda de la gratificación social  y la legitimación psicológica para millones del actual estado de las cosas.

 El greenwashing no solo es una práctica empresarial, es la regla general de este momento, la estrategia compartida.

Aceleración:  Puesto que el cinismo mercadotécnico no sirve sino para evitarnos  las verdades, para engañarnos en el presente, puesto que no va a evitar que la concentración de CO2 siga escalando, las consecuencias climáticas empezaran a ser primero molestas. Y después la cadena de acontecimientos se liberará. A pesar de los esfuerzos de la comunidad científica por determinar qué sucederá, sospecho que muchos de ellos serán imprevisibles: hace millones de años que no se da en el planeta un cambio climático tan endemoniadamente rápido. Los sucesos se acumularán en crescendo acelerado. 

En España habremos de soportar sequías repetitivas y prolongadas, en otros lugares inundaciones catastróficas, costas sometidas a temporales destructivos, cosechas menguantes, inflación de precios….

El deseo de recibir alguna buena noticia me hace pensar que quizá entonces se comiencen a adoptar decisiones con influencia real en las emisiones globales, pero me temo que para entonces se haya sobrepasado ya el punto de no retorno; un reciente estudio de la universidad de Oxford fecha en 2035 ese momento. Porque la adopción de medidas eficaces no se hará sin fuerte resistencia, sin idas y venidas, la  presión política de los perjudicados no cesará hasta que el cambio del sistema de producción y consumo haya avanzado. Los primeros barruntos de los efectos políticos ya se están somatizando en el cuerpo electoral, en el ascenso generalizado de los partidos de extrema derecha. Porque el cuestionamiento de las antiguas formas de consumo y producción es utilizado por estos partidos para hacerse con los votantes que quieren negarse a aceptar un futuro distinto, más estrecho y reglado, del que vivieron sus padres y abuelos, criados en el fracasada premisa de los recursos infinitos.

Conmoción: si se sobrepasan los dos grados de calentamiento las formas de vida se verán muy afectadas, y las consecuencias políticas tampoco son previsibles, pero serán contundentes. no es racional confiar en que todo ello no tenga un intensas consecuencias que modificarán irreversiblementee nuestras sociedades: el urbanismo, el trabajo, la demografía… quienes puedan permitirselo marcharan a vivir a otros lugares con temperaturas menos rigurosas, las ciudades se convertirán en sumideros de calor solo habitados permanentemente por los más pobres, la presión migratoria se multiplicará exponencialmente. La desigualdad en una situación climática caótica y dañina tendrá efectos mortales en muchos casos.

El paisaje después de la tormenta, qué tipo de sociedad resultará de este terremoto dentro de 30 o 40 años creo que es imposible de prever. Sospecho que habrá sorpresas, y que en gran parte dependerá de la respuesta política que predomine: colaborativa o competitiva.  
Puede perfectamente darse en un sentido reactivo, defensivo: reacciones  de exclusión, de impermeabilización de fronteras  externa e internas, de apropiación de los recursos (mejores lugares para vivir, agua, tierras de cultivo) por quien tenga más poder. Fragmentación. Una alta edad media postmoderna, una nueva Edad oscura. El paso último que no me atrevo a vislumbrar, pues, podría ser un sálvese quien pueda por sociedades y territorios .  

Extraños insaciables

Esta mañana he aplastado a una solitaria hormiga que se paseaba, coma negra sobre baldosas blancas, por mi cocina. Un escrúpulo puntual me ha hecho dudar, pero ¿qué sentido tenía esta intrusa en el rectilíneo, puro, casi abstracto espacio de mi cocina? . Después del pequeño crimen he vuelto al sofá a dormitar  con la  ayuda cotidiana de un documental sobre las fascinantes vidas de la megafauna africana  en el valle  del Luangwa.

  Me intriga el efecto narcótico de estos programas. No es que me aburran, en absoluto. No es raro que alguno lo vea bien despierto, muy interesado.   Por ejemplo, las interacciones de las manadas de leones son mucho más complejas de lo que pensaba; si estos animales no tienen la inteligencia individual de un humano sus relaciones sociales tienen una trama profunda, que los hace mucho mas próximos a nosotros: relaciones familiares, conflictos casi-políticos por los recursos , elaborada tácticas de caza donde el espacio y el tiempo son meticulosamente calculados, trayectorias vitales que transparentan rasgos de personalidad únicos de cada animal….

Sin embargo cuando la somnolencia llega me es muy fácil desenganchar  la atención y dormir. Una razón es la ausencia de voz humana que te interpela. Por supuesto hay una locución en off, a menudo magnífica, que narra. Pero no nos llama, no nos intenta seducir, vender, convencer, solo narra. Realmente lo que cuenta me afecta tan poco por que esos seres como animales salvajes que son me son extraños.

 Nuestro modo de valorar a los animales están pervertidas por nuestra relación instrumental  con los domésticos: Para nuestros abuelos eran riqueza con patas ( capital, caput, cabezas de ganado). Ahora son otros objetos de consumo: hace apenas unos días se publicó la  noticia  de que los españoles tienen ya más animales de compañía que niños.

El eje sobre el que gira la afición actual por las mascotas no es pragmático sino puramente afectivo. A la vez que las relaciones interhumanas son cada vez más quebradizas, imprevisibles, mudables.. el animal de compañia de mayor éxito, el perro, es un gadget que garantiza reconocimiento incondicional hasta la muerte, generalmente la suya. Puede ser el dueño un ser desagradable, difícil,  insulso o mutilado física o emocionalmente, no importa. Un mínimo de cuidados es recompensado con afectividad y respeto fiel. Cubre un hueco en el orden de los afectos que ningún otro elemento de consumo puede soñar satisfacer.

Hasta ese punto los animales domésticos, familiares se han convertido en parte de nosotros, en seres en un lugar intermedio entre el ser humano y el animal libre,  el salvaje.

Sin embargo este amor contemporáneo de las mascotas no define nuestra relación fundamental, de fondo con el mundo de los animales puros, los salvajes. Esta relación es básicamente la de incompatibilidad. Aunque compartimos espacio nuestros planos de existencia  colisionan , como placas continentales,  desde hace miles de años.

Hay una correlación férrea entre humanización del mundo y reducción de la masa de vida salvaje. En nuestro hogar, el espacio más íntimo no toleramos ni siquiera a pobre hormiga. Fuera, en las calles de las ciudades sobreviven sobre todo salvajes aéreos: palomas, murciélagos, gorriones, porque como somos animales terrestres nos vemos obligados cederles el cielo, no hay generosidad, nuevamente habitamos en dimensiones diferentes que se encuentran solo un puntos discretos: donde el ave se posa, y ello les salva.

  Si salimos a los campos modelados desde hace generaciones por la agricultura la talla de los animales salvajes puede crecer un poco: conejos,liebres , algún zorro, alguna serpiente, sapos y ranas en zonas húmedas. Aterrados ante el mínimo indicio de presencia humana, cazados con ferocidad,  se esconden y se alimentan de las semillas perdidas de las cosechas, de las plantas silvestres de los linderos entre campo cultivado y erial.

Si el hombre está más ausente, la vegetación menos amenazada por el desbroce y el arado, el bosque casi nunca natural, pero al menos protector, aparecen animales de mayor porte, jabalíes, gamos, ciervos, incluso allí donde el humano ha abandonado viejas ocupaciones aparecen depredadores: linces, lobos,  incluso osos.

Pero solo en lugares concretos de unos cientos de kilómetros cuadrados en todo el planeta hay restos del tipo de fauna propia de una tierra libre, en lugares de China, India y sobretodo en Africa quedan estos restos de megafauna, donde los hombres aún no han sido capaces de empequeñecer a sus competidores salvajes, de robarles el agua la comida y el espacio. 

En Europa ni siquiera los parques naturales del este (Polonia, Rumania) donde aún se encuentra alguna manada de bisontes mestizos son realmente lugares que estén directamente conectados con el antiguo continente no humanizado.

 Los uros, las manadas de caballos salvajes (no ferales), los  verdaderos bisontes esteparios, los leones que aún habitaban los Balcanes en época de los griegos. Todos ellos son  animales terrestres de tamaño que precisan ocupar extensiones de tierra que son incompatibles con el humano en un continente relativamente pequeño, desde hace muchos siglos. Europa no podrá volver a saber cómo era, olía, sentía cuando aún no éramos los dueños fatídicos de todo.  

Nuestra tolerancia con la fauna salvaje se mide por lo que les dejamos pues ocupar.  Cuanto más humano es el lugar más achicamos , expulsamos, reducimos lo que es primigeniamente salvaje.

A veces me da por un bizarro ejercicio cuando me encuentro con un animal salvaje: mírenles a los ojos, a lo que parece que hay detrás. Hay en la mirada del animal salvaje más poderoso o inteligente, el tigre o un león, un elefante sentimientos claros, atención, curiosidad, hasta preocupación, tristeza y ternura, pero nada que pueda enfrentar la profundidad, la frialdad, el peligro de una mirada humana. Simplemente habitamos en otra dimensión , no somos del mismo mundo. Y si hacemos lo mismo con un perro doméstico veremos lo que hemos querido poner allí como especie, en el fondo de su mirada.

No es cierto , como se ha dicho que el humano sea esencialmente un animal más. Liberados a  nuestras  propias necesidades de supervivencia colectiva somos radicalmente extraños a un mundo natural puro. Nuestra relación con un ecosistema cualquiera es siempre disruptiva, lo abre y lo hace inestable, desestructurado, pierde su capacidad de autorregularse en nuestra presencia.

 Nuestra extraña , extraterrestre especie lamentablemente es demasiado poderosa, demasiado fuerte e inteligente para un planeta como la Tierra, para la capacidad de los seres no humanos para resistirnos o ponernos límites. 

Somos tan explotadores, tan aniquiladores de lo salvaje que nuestros problemas actuales se deben en parte a que depredamos ahora ecosistemas de ayer , de un tiempo pasado, porque el calentamiento climático es consecuencia de nuestro consumo actual de los restos de seres vivos animales y plantas que habitaron la tierra hace millones de años. Hasta eso rapiñamos.  Las consecuencias las estamos empezando a vivir, en estas generaciones, ahora, ya. 

No podemos esperar pues que la tierra nos salve mostrándonos  una salida por sí misma, no tendremos esa suerte. Solo nosotros podemos hacer lo que es necesario, la única salvación para el planeta y nosotros mismos es asumir nuestra extemporaneidad, nuestra naturaleza artificiosa, peligrosa para nosotros y los demás, y hacer lo que la naturaleza puede hacer con otros animales pero no con nosotros:  ponernos límite.  

No nos queda otra salida  que convertirnos en algo muy diferente de lo que hemos sido desde nuestra aparición en la tierra, seres insaciables.

Democracia demediada

Oímos “democracia” y  la primera evocación es la Atenas clásica, y sin embargo la nuestra poco tiene que ver con la griega. Imaginemos:  el conjunto de los ciudadanos con derechos políticos se reunía físicamente, personalmente, en un tiempo y en un lugar concreto, en la plaza pública, el ágora.  El ejercicio del poder popular era algo material e inmediato, cuerpo con cuerpo, escuchando  y hablando ante los oradores, los candidatos, los antagonistas. La discusión política no estaba filtrada, modulada o traducida: el peso de cada palabra llegaba de boca a oído allí, coloreada sólo por la habilidad retórica o la virtud de la oratoria, que podía ser ejercida libremente por cualquiera. En la asamblea no existía otro privilegio que el de la capacidad de cada interviniente. 

El movimiento 15M fue excepcional porque pudo reproducir transitoriamente ese estado inaugural de la democracia: la asamblea presente, sin mediadores, de los ciudadanos elaborando en ese tiempo y lugar una democracia en acto.

Pero en nuestra organización política  el ejercicio democrático sólo puede realizarse desde la metáfora por una pura cuestión material, nuestras sociedades son demasiado grandes y dispersas. Por eso la lucha política es un combate por la metáfora más potente. Y las metáforas más poderosa son las más simples.

La izquierda está asombrada por los resultados en Madrid del pasado día 4, como un boxeador que ha recibido un golpe inesperado aún se tambalea buscando explicaciones. 

Las explicaciones no escasean, las hay para todos los gustos: las campañas en los medios, generalmente hostiles,  la estupidez de los votantes, la izquierda caviar y sus batallas identitarias inútiles, la derecha y sus recursos a la identidad  madrileña  (o taurina, o terrazil, a  ellos si les funciona eso de las identidades….) etcétera.

El problema con las metáforas es que pertenecen a la esfera de las ideas, su encarnadura es idea, y por tanto su persistencia en la memoria depende de su potencia y de su simplicidad. La mente humana , y aquí no hago sino recuperar conceptos de vieja psicología, funciona como una máquina de filtraje: el mundo exterior emite un torrente de estímulos que han de ser atenuados en su intensidad, seleccionados , reducidos a material manejable, masticados, digeridos. Solo alcanza la conciencia lo que se ha podido gestionar.

 Los mensajes políticos son estímulos como otros cualesquiera. Hay unas cuantas reglas sencillas: los estímulos complejos para ser escuchados requieren más trabajo, cuanto más complejo es el estímulo más ha de penetrar en el tejido filtrador, los estímulos simples requieren por tanto poco esfuerzo. 

Y la potencia de un estímulo depende de su peso emocional, las emociones son un facilitador, un lubricante para que el contenido atraviese las capas que lo ralentizan hasta la mente.

El raro milagro del 15M se disolvió, como un elemento radiactivo e inestable y nuestra vida política volvió a los viejos procedimientos de democracia metafórica:  los mensajes de los diferentes partidos y otros agentes políticos ( aquí incluyo a “periodistas”, “voces respetadas”, ”conocidos columnistas” ) llegan al ciudadano de modo mediado, es decir, traducidos , filtrados, teñidos con las connotaciones que marca el filtro de mediación que no es otro sino el de los medios de comunicación, ya que la posibilidad de reunirse en una plaza  con los candidatos a interrogar a viva voz sus propuestas parece improbable.  

Casi todos los partidos emiten mensajes complejos (el programa, sus análisis de la labor de gobierno por sectores etcétera..) y simples (los eslóganes, las frases en la publicidad electoral, los gritos finales en los mítines) con la notable excepción de la ganadora, doña Isabel Díaz Ayuso, que en una muestra de economía de recursos y de desenvoltura moral prescindió de enviar programa, solo una hoja con su rostro  por un lado y la nada por el otro. Al fin y  al cabo , ¿para qué?

Tras el 4 M alguna prensa ha interrogado a votantes de Ayuso  por su decisión de voto; y  una de las críticas comunes que han recogido contra la nueva izquierda ha sido su ausencia de propuestas más allá de eslóganes simples como “democracia o fascismo”. A alguno de ellos les han preguntado si habían oído hablar de propuestas como la inversión de 1000 millones de euros en Sanidad de Unidas Podemos o el incremento de plantillas de 900 médicos de familia de Más Madrid. Y por supuesto la contestación ha sido negativa, haciéndose  evidente que en esta campaña los mensajes simples han llegado, y los complejos, no.

El mérito no es solo de la campaña trumpista de M.A.R. el spin doctor del PP madrileño, sino a la colaboración voluntaria o accidental de quienes filtran los mensajes electorales para la mayoría de los votantes, los medios de comunicación.

De la lluvia de contenidos de todo tipo radiados por los partidos los medios de comunicación han seleccionado aquellos que consideran que contribuyen al espectáculo de la información, o mejor dicho a la narración de la información política como un espectáculo, cada día una novedad, un escándalo, una trifulca.

La elección del personaje Ayuso ha sido perfecta, mi admiración a quien lo decidió es sincera: si quieres divertir los profesores de metafísica no son la primera elección en el casting, mejor alguien tan descarado y primario que despierte sentimientos ( a favor o en contra) desde las tripas. Una programación dedicada la falta de financiación de la sanidad madrileña , a los orígenes y soluciones del problema de la vivienda para los jóvenes  o a la dualidad de los sistemas de educación no era políticamente conveniente para los dueños del duopolio informativo de las televisiones privadas, tampoco se consideraba apropiado  para alimentar los shares de audiencia.

La campaña de Ayuso ha invocado en los ciudadanos lo que el viejo Freud llamaba  el principio del placer, mientras que alguien tan señor, tan siglo veinte como Gabilondo solo parecía manifestarse con llamadas a la razón y la responsabilidad, es decir, al aburrido principio de realidad. Que nos ofrezcan votar por las cañas, las noches madrileñas y  la libertad desde el mismo poder político es una pirueta de un populismo descarnado y funcional que ni el mismo Trump ha osado, una  vuelta de tuerca desde el casticismo y la fiesta que muestra a la vez la desinhibición y la osadía intelectual de los estrategas de la derecha. Se apropiaron de la bandera, previsiblemente pero ¿ nos habría parecido posible apropiarse de la querencia española por los bares y las terrazas? pues lo han hecho.

 La mayoría de los votantes no son como algunos de nosotros, que estamos fascinados por las complejidades de la política y disfrutamos diseccionando su contenido, haciendo el gasto mental que nos proporciona placer,  las energías que emplea el ciudadano no enviciado con estos asuntos en gestionar los mensajes que reciben son las justas, y por eso les sirven los que requieren menos gasto: emocionalidad, identificación, placer, simplicidad. El consumo de mensajes políticos, en su caso, no se diferencia de cualquier otro consumo. Y no va a haber preguntas sobre las intenciones del emisor, como no las hay sobre quien vende un espacio publicitario en cualquier televisión.

Las campañas electorales de naturaleza trumpista multiplican su eficacia por la labor de filtrado y traducción, de mediación de los propios medios de comunicación, algo que está en el corazón del diseño estratégico de esta forma de hacer política. 

La cuestión que queda abierta es preguntarse por la calidad de una democracia donde el proceso de  discusión político no se realiza, como en la vieja democracia ateniense, entre los mismos ciudadanos, que  participaban a pie de plaza, a la par, sino que está filtrado por una trama de medios de comunicación que se sitúan  entre los emisores, el político y sus rivales, y los receptores, el votante. A pesar de los ropajes que pretenden vestir los periodistas de profesionalidad y servicio público muchos pensamos que están desnudos, que este mecanismo de filtraje y traducción no es neutral. Incentiva unos contenidos y silencia otros, y esta selección no es aleatoria.  

Es esta una democracia donde uno de los elementos decisivos del proceso de discusión y decisión,  en definitiva, está libre del control democrático ejercido sobre los otros poderes, excusado por el mito de que su efecto sobre el mensaje es nulo. Y sobre ello, interesadamente no se quiere hablar. 

El coste es que el proceso de decisión de sobre qué se discute, sobre lo pertinente y lo  desdeñable, es ejercido por agentes que no han de responder públicamente  sobre esas decisiones. Una obra en la que todos los personajes aparentemente actúan frente al escenario menos uno, que es quien decide el decorado y orienta el guión.

Una democracia esta pues no solo mediada, sino demediada. Oscurecida, trampeada, domada.