Madrid bien vale una Púnica: la ingeniería social conservadora en la C.A.M.

Hay sensaciones desasosegantes, un malestar difuso que no te impide vivir pero te hace sentirte extraño en tu pellejo. 

Por ejemplo, cada vez que veo a Isabel Díaz Ayuso ejerciendo de presidenta de mi comunidad autónoma, brota esa sensación de incredulidad.

¿Pero cómo es posible, por qué senderos del azar y del caos un ser tan manifiestamente limitado, sin carisma, desconocida por todos hace unos meses,  sin capacidad de expresarse, sin presencia y con esa cara de permanente estupefacción (la suya, la nuestra) ha llegado hasta allí?  Porque la gente la ha votado, me dirán.  Porque hay cientos de miles de mis vecinos que la han votado y no les importa, o les importa menos, o les importan más otras razones. 

Votan a siglas y no a personas me dirán unos. O que con tal de que no gane la izquierda son capaces de hacer presidente a un Ficus Benjamina, contestarán otros.

Para muchos de los que nos asombramos, la corrupción brutal del Partido Popular debería ser una razón decisiva para que este partido no tocara poder en décadas, pero olvidamos que ha sabido hacer uso muy eficiente de su poder, que el coste de la corrupción bien les ha valido el beneficio obtenido. El PP se hizo con el poder desde el inicio con métodos mafiosos, recordemos que es el tamayazo de 2003 el que coloca al PP en esta deriva conocida.   Pero el beneficio del poder no es el sólo el del ejercicio de los cargos y sus prebendas, es mucho más importante que eso, es el haber sido capaces de  ganarle la batalla cultural a la izquierda entre las clases medias madrileñas de tal modo, con tal contundencia, que se pueden permitir, precisamente, presentar a alguien tan inane como la Ayuso y aún así  encontrárnosla instalada en el edificio de la Puerta del Sol.  Recordemos que esto no tenía porqué haber sido así. El primer presidente elegido en la comunidad fué socialista.     

Desde fuera de la comunidad de Madrid podría parecer que dirigir una administración con competencias limitadas, si las comparamos con otras como Cataluña o Galicia no permite mucha ingeniería social, pero después de 15 años de gobierno conservador parece evidente que sí se puede influir decisivamente  en las formas culturales dominantes en una sociedad.

¿Y como se hace esto? pues gestionando la forma en que se desarrolla la vida cotidiana de las personas desde lo más básico: dónde vives, cómo educas a tu hijos, cómo te relacionas con  tus semejantes.  Si puedes moldeare aspectos tan primarios de la vida de las personas  el impacto en su forma de pensar y votar es inevitable.

Como escribía  Fernando Caballero Mendizabal en un artículo para El Confidencial unos días después de las elecciones municipales de mayo (1)  “planificar cómo son nuestras ciudades y nuestras casas significa planificar cómo vamos a vivir, cuáles van a ser nuestras necesidades y prioridades, nuestros intereses del día a día y por lo tanto nuestra forma de pensar. ¿Vamos a necesitar coche porque no hay comercio de proximidad? ¿Vamos a bajar al jardín o a la piscina del edificio o tendremos que ir a una plaza o al polideportivo municipal?” .

 El Partido Popular ha gestionado el suelo, la planificación urbana, la educación, los transportes y la sanidad de una forma que ha extendido un tipo de vida entre las clases medias cercana  a los suburbs estadounidenses. Si no exactamente igual que los americanos blancos de clase media de estas zonas residenciales, el modelo de vida que se ha extendido alrededor de Madrid lo recuerda en muchos aspectos.    

El centro de Madrid  se gentrificaba y envejecía, mientras que los antiguos barrios obreros del sur de la capital sufrían un  proceso de sustitución poblacional  de las antigua clase obrera autóctona por la masiva llegada de inmigrantes de fuera del país. Y mientras tanto, más allá de la ciudad,  las nuevas clases medias se lanzaban  a habitar los nuevos PAUs, los ensanches, o  las urbanizaciones de  adosados que proliferaban como setas en todas las ciudades dormitorio de alrededor.

Las necesidades educativas y sanitarias de este anillo de nuevas viviendas, construidas durante los años del boom inmobiliario, fueron cubiertas según el diseño liberal por concesiones a empresas privadas o dejadas a la fuerza libre del mercado. El PP impulsó la enseñanza concertada, mayoritariamente religiosa, a la vez que se abandonaba la educación pública: esta política produjo un efecto perverso en las clases medias, que abandonaron el sistema público ante su degradación y  su estigmatización como un sistema subsidiario para perdedores e inmigrantes. Si querías que tus hijos se relacionaran con personas como tú, españoles, de clase media, con ambiciones profesionales,  había que huir de un sistema público en lento colapso. De esto modo, la política educativa del PP  ligaba inconscientemente la educación “de calidad”, la tradición católica, con la discriminación de clase  y las aspiraciones de progreso de las clases medias.

Muchas de las nuevas viviendas de los años del boom, sobre todo en los PAUs de Madrid capital siguieron el modelo franquista que permitió a millones de españoles hacerse propietarios a través de figuras de protección como las VPOs Y VPPs:  las administraciones públicas contribuían con suelo y fondos públicos a la construcción de miles de viviendas que convertirán a sus habitantes en orgullosos propietarios al cabo de cierto número de años. Digamos que la vieja queja  izquierdista de la privatización de lo público se veía aquí  respondido por su generalización como forma de convertir a los trabajadores desposeídos en propietarios.

Junto a estos procesos micro se daban procesos macro de discriminación espacial en la  Comunidad: las diferencias de renta entre el norte y el oeste, la zona rica , y el este y el sur han crecido.  O en el transporte: mientras que la construcción de nuevas líneas de trenes de cercanías se paralizó hace años,  la comunidad se vió cruzada de decenas de kilómetros de nuevas autovías, de peaje o gratuitas, los enormes costes ambientales se volvieron invisibles.

 El uso del coche como derecho inalienable está grabado a fuego en estas nuevas clases medias del extrarradio, lo que se entiende perfectamente dada las carencias del transporte interurbano público. El rechazo visceral contra Madrid Central de la derecha tiene que ver con esta necesidad  de asegurar a su electorado que la apuesta por el coche privado era ganadora.  

A pesar de la crisis,  el partido popular ha conseguido en Madrid asociar su proyecto de sociedad “liberal” al éxito, a una mejora en la calidad de vida, mientras que para gran parte de esa clase media que se ha podido zafar de las peores consecuencias de la debacle de 2008 el voto a la izquierda está asociado al voto de los perdedores, de los que han tenido que quedarse en sus antiguos barrios, cada vez más degradados y transformados por los efectos locales de la globalización: inmigración, destrucción del pequeño comercio, uberización de la economía.

Es  curioso,  uno de los resultados a largo plazo del estado de las autonomías de la constitución del 78 ha sido permitir a los partidos políticos hegemónicos en cada una de ellas implementar políticas exitosas de ingeniería social, de forma que igual que se acusa, con gran parte de razón, a los partidos nacionalistas catalanes o vascos de haber utilizado las instituciones autonómicas para educar a las nuevas generaciones en sus relato particular y así  consolidar sus dominancia electoral a largo plazo, en comunidades no históricas como al madrileña el sistema autonómico también ha facilitado a la derecha española inducir la creación de una cultura política derechizada, que le da solidas opciones electorales independientemente de los problemas que su corrupción  sistemática les inflinga.

La trama Púnica y sus derivaciones permitieron al Partido Popular engrasar con millones de euros una maquinaria electoral que no tenía rival. Este dinero permitió, parece ser, no sólo apabullar a los rivales durante las campañas, si no hacerse  con un dominio casi total de los medios de comunicacion en  toda la comunidad, desde prensa escrita a radio y televisiones. Baste como muestra el reparto que hizo Esperanza Aguirre de los nuevos canales de TDT: El grupo PRISA, el primer grupo  de comunicación del país se quedaba sin emisora, mientras que se le adjudicaba un canal a una desconocida 13TV, directamente vinculado a la Conferencia Episcopal, y otro a Intereconomia, una pequeña emisora de radio entonces, ahora canal al servicio de Vox.

El éxito en construir “sociedad”  en las distintas comunidades autónomas no es sólo pues de los partidos de las  comunidades históricas, no es necesaria ninguna mitología nacionalista para ello.  La decisión de cómo y dónde viven los ciudadanos, qué opciones educativas, sanitarias, habitacionales, de transporte  tienen,  junto con un dominio casi absoluto de los medios de comunicación que delimitan de lo que se habla y lo que se silencia, funciona más allá del viejo truco de las identificaciones nacionales o regionales.

Y que el comportamiento electoral en España entre las distintas comunidades sea cada vez sea más divergente es una consecuencia  lógica de este éxito en la conformación de las sociedades.

Decía el filósofo francés Foucault que cuando pensamos en el poder se nos viene a la cabeza fácilmente su lado represor, destructor de la vida. Pero se olvida que el poder tiene una enorme capacidad creativa, de generar nuevas formas de pensar y de vivir, de transformar la vida y la mente de las gentes.

Supongo que Esperanza Aguirre, retirada en su palacete escondido en el barrio de Malasaña de la capital  puede estar satisfecha. Aunque la procesen,  aunque tenga que sentarse en el banquillo, puede decirse  a sí  misma que Madrid bien valió una Púnica.

  1. “Por qué Madrid es de derechas”  , Fernando Caballero Mendizábal, El Confidencial, 09/06/2019.

La guerra del relato, el correcaminos y el coyote.

Remad, malditos.

Ahora está de moda hablar de relatos. Se dice que la lucha decisiva entre partidos políticos  es la que se da para hacer que el propio relato, la particular e interesada narración de culpables e inocentes, sea el mayoritariamente asumido por la sociedad, o al menos entre los probables votantes  del partido que emite ese relato.

Por ejemplo, en la repetición de las elecciones de 2016 el PSOE fue capaz de hacer creible que la responsabilidad de aquello fue de Podemos y personalmente de Pablo Iglesias, a pesar de que Sánchez abrió de manera inmediata las negociaciones reales con Ciudadanos mientras vaciaba de contenido la mesa con los morados..

Este relato en el electorado progresista alcanzó la suficiente credibilidad como para restar votos a Podemos , aunque desgraciadamente para la izquierda no todos fueron ganados por el PSOE.

Así pues, en este juego por los relatos, no se trata sólo…

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La guerra del relato, el correcaminos y el coyote.

Ahora está de moda hablar de relatos. Se dice que la lucha decisiva entre partidos políticos  es la que se da para hacer que el propio relato, la particular e interesada narración de culpables e inocentes, sea el mayoritariamente asumido por la sociedad, o al menos entre los probables votantes  del partido que emite ese relato.

Por ejemplo, en la repetición de las elecciones de  2016 el PSOE fue capaz de hacer creible que la responsabilidad de aquello fue de Podemos y personalmente de Pablo Iglesias, a pesar de que Sánchez abrió de manera inmediata las negociaciones reales con Ciudadanos mientras vaciaba de contenido la mesa con los morados..  

Este relato en el electorado progresista alcanzó la suficiente credibilidad como para restar votos a Podemos , aunque desgraciadamente para la izquierda no todos fueron ganados por el PSOE.

Así pues, en este juego por los relatos, no se trata sólo de hacer que  las explicaciones de tu partido sobre lo que es la “realidad “ social, económica o política sean  compartidas. Se trata también de que tu relato sobre las conductas de los otros partidos sea asumido, como en el caso del PSOE y el “Iglesias votó no”  de 2016.

Y aún es posible dar un paso más allá:  se trata de romper el relato del partido contrincante. La  victoria por el relato se hace más sencilla si consigues hacer visible en los medios que el discurso de tu enemigo falla miserablemente a la hora de explicar los acontecimientos políticos, los movimientos, las alianzas.

A la necesidad del PSOE de plegarse a las obligaciones que genera esta guerra por el relato debemos la ausencia de gobierno desde el pasado mes de abril.

Estas elecciones supusieron un importante triunfo de la izquierda y particularmente del PSOE gracias al miedo al llamado Trifachito.  pero la alianza general entre Ciudadanos, el PP y VOX no solo sirvió para llevar votantes asustados a las urnas en primavera.

Sus efectos son duraderos,  ha derechizado la imagen de Ciudadanos de modo que un enorme hueco en el centro del electorado ha quedado libre y el PSOE se ha apresurado en intentar hacerse con él.  Las encuestas desde entonces lo ponen de manifiesto, los socialistas le están robando votos a los de Rivera. Es un proceso totalmente lógico.

Y la única maniobra que han intentado desplegar los naranjas para recuperar posiciones  ha sido el famoso discurso de la “banda”: el PSOE se ha aliado con un totum revolutum de independentistas, populistas, comunistas, amigos de terroristas, lo peor de cada casa. Este es el débil contraataque  de Rivera, la banda: el truco es imponer esta imagen sencilla y contundente, el asunto no va de sesudos análisis racionales. El PSOE rodeado de una recua heterogénea y caótica de cuarenta ladrones, bolivarianos, rompespañas y  asimilados.

Las razones por las que El PSOE no quiere un gobierno de coalición con Unidas Podemos son múltiples, no las voy a detallar, pero hay una que tiene precisamente que ver con la validación o el desmentido del relato de Ciudadanos: tal coalición ratificaría este relato y cegaria el rio de votos moderados que les fluye huyendo de la deriva derechista de Rivera.

Como en los dibujos animados del correcaminos y el coyote,  si el PSOE consique un gobierno en solitario, Rivera parecerá colgado agitando las piernas en el aire antes de precipitarse al fondo de un cañón.  

Ministros de Podemos con poder real serían como ese trampolín de madera que aparece  repentinamente fuera de cuadro y le salva al coyote de estrellarse. Incluso podría rebotar en él y recuperar una posición más o menos presentable. “la banda” tomaría cuerpo. Esto es el temor de Sánchez, o de Iván Redondo..

La pulsión profunda del PSOE,  de este PSOE desde la transición ha sido asentarse en el centro político arañando votos a su izquierda y aplastando cualquier alternativa seria en ese lado.

Aceptar un gobierno de coalición con UP  no trae ninguna ventaja, son todo graves inconvenientes: refuerza un rival a su izquierda, seca el drenaje de votos a su derecha y ratifica el relato de Rivera.

Por eso el PSOE no va a aceptar en ningún caso, ni en agosto ni en septiembre, un gobierno de coalición con UP. Es mi apuesta.

Yo no comparto la estrategia del PSOE. Reducir lo que nos jugamos como sociedad a meros cálculos , a imponer mediáticamente una determinada lectura de lo que sucede significa renunciar a hacer Política en profundidad. Limitarse al plano discursivo evita afrontar los cambios que necesitamos como sociedad con urgencia, vencer resistencias, modificar mentalidades.

 Esos cambios supondrian  riesgos electorales a corto plazo, pero una alianza honesta de las fuerzas de izquierda debería plantearse priorizar los cambios culturales que hagan que una sociedad arrasada por la desigualdad y la globalización deje de votar a sus verdugos. El PSOE asume que una parte importante de la sociedad siempre votará derecha, esa resignación embota la ambición de cambio. No tendria por qué. No espero del PSOE nada de riesgo politico, de cierta profundidad transformadora. Pero este es otro debate.

Lo que queda es hablar de lo que en esta situación puede maniobrar Unidas Podemos.Los de Iglesias deberían de empezar a asumirlo y pensar en consecuencia:  El PSOE prefiere forzar nuevas elecciones a darles ministerios. Pensar que unas nuevas elecciones es una mejor opción que un acuerdo programático, con todas las limitaciones que suponemos, con Sánchez,  me parece que puede ser un grave error para el PSOE y UP. Para los dos. Pero el PSOE ya decidió asumir los costes de nuevas elecciones si no se sale con la suya.

Sí, dado el tacticismo del PSOE , nuevamente le toca a UP salvar los muebles a la izquierda de este país haciendo lo que toca, por injusto y desequilibrado que sea.

Pero si Podemos demuestra que puede mediatizar exitosamente la acción de gobierno socialista, en el tablero del futuro pueden aparecer mejores jugadas que en el del presente. Les toca poner imaginación y riesgo a sus tratos con el PSOE, como el correcaminos hace con el coyote..

Contra la humanidad

Cada ser vivo busca ante todo una cosa: sobrevivir. Un arbusto, una ardilla, un salmón, una anciana con bastones, un chaval  nigeriano en una patera, una madre de familia católica, un senador. Todos roen, luchan, arañan cada brizna comestible de este atormentado planeta con esa única ambición común. Las plantas y los animales mueren, se secan, no germinan, desaparecen para siempre o prosperan en función del delicado equilibrio que explica la ciencia de las especies. Y gracias a ese equilibrio de fuerzas el tercer planeta del sistema solar se convirtió en un paraíso verde y azul, en una joya entre los infiernos de vacío interplanetario  y las rocas ardientes o congeladas del resto de lo mundos.

Hasta que hace unos trescientos o doscientos mil años unos monos bípedos que devoraban y  equitativamente eran devorados en el este de Africa sufrieron una nefasta mutación que les dotó de una ventaja competitiva tan enorme, tan descomunal, tan injustamente superior que perdieron su posición equilibrada en el ballet de vida y muerte con el resto de los seres para convertirse en una epidemia, la epidemia más mortal, más destructiva, imparable..   Y desde el primer momento. 

Según las últimas investigaciones sobre la desaparición de la megafauna del paleolítico, los mamuts, osos de las cavernas, rinocerontes de estepa y  lanudos, ciervos gigantes, uros, tigres dientes de sable leones europeo…. los primeros homo sapiens que colonizaron Europa tuvieron un papel determinante en su desaparición. Concrétamente en el caso  de los oso de las cavernas los humanos lucharon contra ellos durante miles de años por el control de la cuevas hasta su exterminación. En el caso de los grandes depredadores, como el león europeo , la desaparición de sus grandes presa por la caza humana  y la destrucción de estepas y bosques por la roturación de tierras parece haber ayudado decisívamente a su desaparición.

 Se cree que el ultimo león europeo habitó en algún lugar de los Balcanes  antes de las invasiones dorias. El león de Nemea al que asesinó el héroe occidental Hércules recoge un pálido eco mítico de esto últimos ejemplares de un mundo para siempre perdido.

Desde el comienzo de la historia el ser humano se hizo amo irrestricto de la tierra, se multiplicó, taló, quemó, cavó, levantó y derribó. Transformó el planeta hasta el punto que hoy en dia hay pocos lugares que no hayan sufrido el peso de su insaciable zarpa . Ninguno en Europa. Incluso los parajes protegidos, vacíos y silenciosos del centro de la península ibérica no son entornos naturales si no que han sido sutilmente creados a través de incendios, talas , selección de especies,  difusión de ejemplares traídos por mar… 


Nuestra angustia animal por un techo y un trozo de comida nos hizo explorar, arañar, mancillar cada resto del paraíso.

Como toda epidemia sin predador natural, la  humanidad ahora se encuentra con ella misma ha creado su propio limite, que en la naturaleza llega siempre a lomos de la muerte.   

En su osadía, en su falta de pudor, el hombre decidió no sólo esquilmar los bosques  y los mares de su presente sino que se las ingenió para apropiarse de lo que los soles de hace millones de años hicieron fructificar, a través de sus cadáveres sepultados bajo tierra: el petróleo y el carbón. Los árboles, los helechos , los moluscos, los peces que el sol hizo medrar hace eones también han sido succionados a través de tuberías, envasados, vendidos, y quemados.

Su carne, su madera nacida y muerta en otra época también ha sido consumida hasta convertirla en humo. Y ahora ese humo del pasado, carne, madera y aliento de milenios ya pasados se une  a nuestro humo, nuestro aliento de ahora, y hace arder lentamente el aire. 

Porque el cambio climático no es sino el precio que pagaremos por haber comerciado con la energía de siglos enterrada en la profundidad de la tierra. La energía no se destruye, pero al usarse se degrada, se hace inútil, sucia.

La proliferación de seres en la naturaleza adquiere su equilibrio por la guerra de especies, por la muerte. A cada nacimiento, un cadáver. 

El hombre, con su rebañar de las riquezas de cada plato que ofrecía el planeta, ha buscado , y conseguido durante siglos,  hurtarse al destino de los demás seres vivos. Alargar la vida, multiplicarse, ocupar espacios vedados. Pero no hay nada divino en el ser humano. Su éxito, si tal cosa es esto que vivimos ,no anticipa  ningún destino predeterminado, ya dejamos de creer en dioses, sólo habla del efecto de su mutación exitosa, la inteligencia, en un mundo natural que no tenia respuesta contra esta ventaja brutal.

La Ciudad esbozada en  Blade Runner cada vez se está haciendo más real. En el metro de una gran ciudad, caras de todos los colores, con todas la expresiones, de todos los orígenes. La Ciudad cada vez más poblada, sucia, sus recursos cada vez más estirados, la tensión entre los que tienen algo y temen perderlo y los que sienten que lo poco que tenían les ha sido arrebatado aumenta. 

En el futuro qué  podemos esperar: calor, y detritos, menos espacio, menos  agua. La humanidad afronta, lo sabe ya cualquiera medianamente informado, problemas cada vez más agudos mientras lo políticos  esconden la cabeza, incapaces de decir la verdad o de siquiera verla. Los mas inteligentes callan, los más inmorales culpan a unos para conseguir el voto de otros. O se pierden en consideraciones morales que desvían la atención del problema y  se acuestan con esa vieja mentirosa, la esperanza.

 La crisis climática , la creciente inmigración descontrolada (sólo acaba de empezar, basta ver las proyecciones de población de Africa y Asia)  , el aumento de la desigualdad, el ruido y la furia que viene. Nuestra única salvación es vernos como lo que somos, una planta invasiva, una epidemia que es preciso frenar. 

Y  los corolarios morales de todo esto, otro día. No es plato para cualquier paladar.

Ferragosto en Moncloa. El tiempo transcurre lento. Imparable.

Agosto de 2019 en Madrid, calles vacías y zumbido de aires acondicionados. Los síntomas de que el cambio climático ya lo tenemos encima son tan evidentes como que la mayoría de nosotros actuamos como si esto  careciera de importancia. La mayor transformación climática de manos del hombre desde el neolítico, la restricción de las formas de vida,  los costes irreversibles, globales, que  van a limitar las vidas de nuestros hijos y nietos, no parecen agitar las aguas políticas de un país estancado políticamente desde hace más de  dos años.

El PSOE parece entregado al sopor canicular tras el fracaso de la investidura. O pretende volver apurar los plazos al máximo para jugar, otra vez, al chicken game con Iglesias. Es como si no importara el transcurso de las semanas, de los meses.

 Como si el tiempo de este país, de este planeta, fuera un recurso ilimitado que nuestros políticos pueden dilapidar a su albedrio. Como si no hubiera miles de familias todavía en situación precaria, con alquileres imposibles, con condiciones laborales injustas. Como  si la tormenta de una nueva crisis económica no se estuviera alimentando fuera de nuestras fronteras, como si cada mes que se  termina sin reconstruir nuestra industria, nuestra educación, sin proteger nuestra sanidad pública fuera un mes recuperable a discreción. Como si el tiempo ante el cambio climático no corriera en nuestra contra, cada día.

Tanto el PSOE como Unidas Podemos no se quieren dar por enterados. El tiempo transcurre y no lo hace sin costes para todos.  Como ya he escrito en varios lugares el comportamiento del PSOE con su supuesto socio de referencia es deleznable, inexplicable si no fuera porque para el viejo PSOE, los partidos de la derecha son adversarios, pero Podemos es su verdadero enemigo . Enemigo que quiere ver destruido o convertido en irrelevante.  Lo sabemos, es injusto, lamentable, ya lo sabemos.

Pero el país necesita un gobierno activo y progresista, ya. La batalla del relato no ha sido ganada por el PSOE, Podemos puede estar tranquilo, digamos que Iván Redondo no ha pasado de conseguir tablas. Pero si UP fuerza nuevas elecciones  el relato se reescribirá, una reescritura que será inmisericorde, la partida será nueva, y el PSOE parte siempre con piezas de más. La apuesta es arriesgada y lo que está en juego no es sólo el futuro de Unidas Podemos, o de la izquierda, está en juego el futuro del país.

El PSOE ha sido claro, ya no va a ofrecer ni siquiera el simulacro humillante de  las tres secretarias de Estado convertidas en  ministerios del pasado julio, no perdamos más tiempo , ni más ilusiones. Unidas Podemos puede, ya, aceptar un acuerdo legislativo con un programa concreto, hacer al Guapo presidente y luego,  desde una posición crítica hacer su propio juego. En una legislatura sin mayoría, Sánchez tendrá que arriesgarse a incumplir lo pactado, o a pactar con Ciudadanos, y eso tendrá un coste importante. Con la crisis global que amenaza un gobierno del  PSOE en permanente tensión parlamentaria puede pisar encontrarse con minas aún escondidas. Precisará más ayuda de la que cree.

¿Qué sentido tiene  sequir estas semanas, hasta finales de septiembre en un juego ya jugado en julio? ¿ Por qué iba el PSOE a ceder en septiembre lo ya no quiso dar?

Unidas Podemos puede mostrar a la opinión pública, de nuevo,  que es más generosa, menos tacticista, que prefiere medidas sociales moderadas, sí, limitadas, cierto, pero reales, al enorme riesgo  de unas nuevas elecciones. Que está dispuesta a  pagar ese precio. Que es mejor, menos rastrera,  que el PSOE. No nos queda tiempo ni paciencia  para más partidas de ajedrez.